Distinción a Proa

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Adriana Rosenberg

 

DIARIO LA NACIÓN
12 Septiembre 2016

Uno de los barrios más pintorescos de la ciudad, en la desembocadura del Riachuelo en el Río de la Plata, es el barrio de La Boca, cuna de inmigrantes, mayormente genoveses, que le dieron una impronta con sus costumbres y coloridas construcciones hasta el punto de considerarlo míticamente una república independiente.

Su singularidad es fruto de la variada convivencia cultural, ideológica, social y política de quienes, llegados de tierras lejanas con las corrientes migratorias, ejercían diversas profesiones: comerciantes, obreros en los astilleros, artistas y artesanos, como también personajes más cercanos a lo que Borges denominaría orilleros. “La Piccola Italia”, como se la llamó, aportó también una bohemia, un folklore y una arquitectura inconfundibles.

El pintor Quinquela Martín, reflejó su puerto como nadie. Cecilio Madanes, director y productor, fundó el teatro Caminito, escenario callejero al aire libre que presentó notables obras de García Lorca, Shakespeare y Molière, entre otros, con figuras memorables de la escena nacional y artistas de la talla de Raúl Soldi y Carlos Alonso diseñando los programas.

El pasaje Caminito resume el espíritu del barrio y convoca a cientos de turistas en torno a la vasta oferta gastronómica y cultural de la zona. El perfil de este rincón del sur de la ciudad, que incluye la llamada Vuelta de Rocha y el antiguo puente transbordador, se asocia también al estadio del Club Boca Juniors, la famosa Bombonera; al Teatro de la Ribera, y al cuartel de los valerosos Bomberos Voluntarios, entre otras muchas instituciones.

Desde hace ya dos décadas, decir La Boca es también decir Fundación Proa, un espacio dedicado al arte contemporáneo que ha sabido ganarse su lugar. Hoy funciona en una vieja casona del siglo XIX, fantásticamente reciclada, con una maravillosa vista panorámica del río desde su concurrida terraza, y brinda exhibiciones, cursos, conferencias y conciertos como parte de una intensa y reconocida actividad.

La Fundación del Museo Histórico de La Boca acaba de distinguir a Adriana Rosenberg como ciudadana ilustre de La Boca, por su invalorable tarea de veinte años al frente de la emblemática Fundación Proa.

No se trata de un museo porque no cuenta con colección ni es una galería porque no realiza venta de obras; en todo caso, Proa ha encontrado un formato muy europeo, asociado a un centro en el que conviven la música, el cine, los libros, el teatro, charlas y presentaciones como variado menú de un gran banquete cultural. Ha crecido como lugar de experimentación en el que lo contemporáneo encuentra su lugar y el futuro se asoma, codeándose con lo internacional en muestras tan destacadas como las de Rufino Tamayo, Frida Kahlo, Marcel Duchamp o el chino Cai Guo Qiang, entre tantas otras. La apertura de la muestra del ruso Kazimir Malevich marca otro hito en esta historia de gerenciamiento plena de sucesos.

Resulta sumamente valioso que la sociedad reconozca a sus ciudadanos ilustres y los distinga como forma de ir jalonando la historia urbana y abonando la memoria colectiva. Estas simples muestras de orgullo por lo propio que tanto refuerzan la identidad merecen siempre destacarse.

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