Conferencia

DIDASCALIAS 3PARTE IMAGENES

ÍNDICE

OBERTURA
1. Página cero
2. Video
3. Diego Kehrig

PRIMER ACTO
4. Origen
5. Temporadas.
6. Protagonistas
7. Amigos.
8. Madanes productor.
9. Telón

SEGUNDO ACTO
10. Barcelona
11. Paralelismo
12. Arquitecto de la memoria

TELÓN
13. Preguntas
14. Agradecimientos
15. Raffaella Carrá (Video)

OBERTURA

1. PÁGINA CERO
Cecilio Madanes montó por primera vez una obra de teatro en el Pasaje Caminito el 18 de diciembre de 1957.

Suponía que la experiencia duraría quince días, pero el éxito de la taquilla, el reconocimiento de la prensa y la cariñosa aprobación de los vecinos del barrio de La Boca, prolongaron a las temporadas durante dieciséis años.

Madanes ofreció sainetes, farsas, operetas, comedias musicales, y para eso se valió de autores como Goldoni, Molière, Federico García Lorca, Gregorio de Laferrère, Víctor Hugo y William Shakespeare.

Consiguió que la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires auspiciara su iniciativa. Cada año el Fondo Nacional de las Artes le otorgó un crédito para ayudarlo a enfrentar los gastos de la producción, y que los setecientos amigos del Teatro Caminito donaran las setecientas sillas que conformaban la platea.

Se rodeó de estupendos colaboradores. El exquisito director de cine Luis Saslavsky, y Manucho Mujica Láinez tradujeron del francés y del inglés las obras especialmente para él. Raúl Soldi y Carlos Alonso diseñaron las portadas de los programas de mano. Delia Cancela, Pablo Mesejean y Claudio Segovia realizaron algunos de los brillantísimos vestuarios que desfilaban por aquél escenario. Y Benito Quinquela Martín organizó los colores con los que se pintarían las fachadas de las casas lindantes a Caminito. Firmando así, definitivamente, la identidad del barrio.

Cincuenta años más tarde Didascalias del Teatro Caminito se propone retratar aquellas noches de verano en las que Jorge Luz, Beatriz Bonnet, Aída Luz, José María Langlais, Diana Maggi, Juan Carlos Altavista, Hilda Bernard, Julio López, Ulises Dumont, Elena Lucena, Tino Pascali, Valeria Munarriz, Oscar Araiz, Nené Malbrán, Antonio Gasalla, Edda Díaz y muchos otros brindaban buen teatro.

Y un barrio oficiaba de anfitrión bajo las estrellas. Las Estrellas del Teatro Caminito.

2. DIDASCALIAS DEL TEATRO CAMINITO. (VIDEO)
(Fotografías, afiches, recortes de prensa, bocetos de vestuario)
Duración: 03:06

3. DIEGO KEHRIG
Mi nombre es Diego Kehrig. Soy dramaturgo. Y la verdad que hasta hoy, lo que podría llamarse mi escritura, no estaba destinada a ser leída, sino a ser respirada.

Como si me hubiese tocado ser un ingeniero que construye autopistas, para que luego lleguen los actores, y sean los autitos.

Así que esta investigación me obligó a cambiar el registro, y transitar nuevos carriles de comunicación.

Pero no todos fueron atolladeros. Llegué a la ruta con las alforjas bien provistas, traía un bagaje oportunísimo, conté con la más persistente de las copolitos: la vocación.

De chiquito torturaba a mi familia diciendo: – “Me gusta el teatro. Me gusta el teatro. Me gusta el teatro. Me gusta el teatro.” Y la verdad, que mucha bola no me dieron, pero eso generó en mí un efecto inverso: me volví ávido, rapaz.

Y todo lo que caía en mis manos, que tuviese que ver con el mundo del espectáculo, con el show business, inmediatamente lo almacenaba en mi memoria.

Así que no leí solamente técnica teatral o dramaturgia, sino que además coleccionaba revistas de cine, leía reportajes, y miraba mucha televisión.

Todas éstas últimas fuentes, que una formación académica tradicional no dudaría en tildar de chatarra. Pero que resultaron piezas fundamentales para desentrañar este laberinto.

Recordemos que el material estaba disperso, olvidado, perdido. Que rara vez conseguía una fotografía  con el epígrafe correspondiente.

Así que cuando empecé a toparme con los primeros listados de los actores que habían participado en algunas de las temporadas, con alguna imagen del elenco, rápidamente podía reconocerlos.

Sabía en qué otras Compañías habían participado, qué películas habían rodado. Les conocía las caras.

El Teatro Caminito alzó sus telones entre 1957 y 1973. Y yo, nací en el ’68, así que no pude ser un espectador consciente de la propuesta. Pero nadie tuvo que venir a decirme quién era Violeta Antier, no tuve que salir a averiguar quién era María Elena Sagrera, sabía perfectamente quién era Eva Donge.

Así que, esa experiencia autodidacta y accidentada, facilitó mucho esta tarea.

Y finalizada la investigación, llegar a la edición impresa fue un proceso lógico de mi bitácora laboral. Y es que hace quince años que llevo una relación profesional con el libro: soy librero.

Entonces, estrenar mi propio sello editorial, ocuparme de su distribución en librerías, y facilitar el encuentro entre el material y sus lectores,  resultó un paso natural dentro de mi propio Caminito. Y es que nadie escapa a su biografía.

PRIMER ACTO

4. ORIGEN
Tanto es así que el origen, la semilla del libro, ocurrió en una librería.

Siendo el encargado de la librería de la Fundación Proa, una tarde llamó su Directora, Adriana Rosenberg, y me dijo que quería hacer un libro sobre el Teatro Caminito. Y me preguntó: – “¿A quién podemos llamar?

– “A mí”, respondí.

Hubo un silencio inmundo del otro lado, y pensé: “Ahora me dice que no, y me despide por desubicado.

Pero no, ella se rió, y me dijo: – “Bueno, dale.”

Y le dije: – “¿Y cómo querés que lo haga?

– “Ah, no sé. Ese es tu problema.” y me cortó.

Dije: -“¡Qué bueno voy a hacer un libro!

Y entré en Internet y al unísono en pánico. Porque no había nada. Pero entendí que si lograba mi objetivo, si alcanzaba a terminar el trabajo, el libro correría con una ventaja: y es que no tendría competencia.

El material me excedía. Esto quiere decir: que no era solamente una necesidad porque yo había adquirido un compromiso; sino que había un “hueco”, un “nicho” en la Investigación Teatral de la Ciudad de Buenos Aires.

5. GRILLA

Y había que empezar por algún sitio, y me acordé que en mis épocas de estudiante de teatro iba mucho a la biblioteca de Argentores (que es el Sindicato de Autores Argentinos) y allí existen unos biblioratos enormes, verdes, divinos. Con tapas de cuero y hojas gruesas, donde los empleados pegan uno a uno los programas de mano de todas las obras de teatro que se estrenan en la Ciudad de Buenos Aires.

Así fue que pasé tardes enteras mirando aquellos registros. No conocía las fechas exactas, entonces partí de los años ’60 y fui para atrás y para adelante, buscándolos.

El material no estaba digitalizado y ni ordenado por Compañía, sino que estaba todo. Entonces cuando encontraba un programa de Madanes, era una alegría inmensa. Una aparición. Era la Virgen la que se me presentaba.

Porque con ese documento, podía saber la fecha de estreno, el título de la obra, -si no la había leído, la leía-, el elenco, los colaboradores, y le quitaba una fotografía a la portada.

Y pasaba bastante tiempo hasta que encontraba el siguiente. Pero esa tarea que podría parecer tediosa, en realidad fue una enorme enseñanza. Porque me permitió conocer de una manera ordenada y visualmente muy atractiva, a los contemporáneos de Caminito. Las producciones que ofrecían sus colegas, que obras se montaban en las otras Salas de Buenos Aires.

Pude ver por ejemplo, la programación oficial del Teatro San Martín, el entretenimiento pícaro y popular del Maipo, los espectáculos de vanguardia del Di Tella, las comedias de Ana María Campoy y José Cibirián Padre.  El año que Marlene Dietrich vino al Teatro Ópera. Las dramas de Tita Merello y Eva Franco.

Finalmente logré armar la grilla completa, incluyendo sus temporadas de invierno. Porque cuando las inclemencias del tiempo los obligaba a dejar el aire libre del Pasaje Caminito, la Compañía de Madanes, salía de gira por las salas tradicionales de Buenos Aires, del interior del país, y hasta llegaron a visitar el Brasil y Chile, con gran éxito.

6. PROTAGONISTAS
Una vez obtenida la grilla completa de la programación, pude pasar a la siguiente fase: que fue buscar los testimonios fieles de quiénes participaron en el Teatro Caminito.

Pero no contaba con una agenda de investigador teatral, ni mucho menos, así que armé un álbum lo más atractivo posible, con las mejores fotografías que hasta ese momento había conseguido. Y lo escondí en el mostrador de la librería.

Cuando algún artista visitaba la Fundación Proa, y que por edad o afinidad yo suponía que podía decirme algo, me acercaba y le enseñaba mi highligts. “Estoy haciendo este trabajo, ¿conocés a alguien? ¿participaste en alguna de las temporadas? ¿fuiste espectador?

Así fue que Nicolás García Uriburu me contactó con Valeria Munarriz. Javier Arroyuelo ofició de puente con Delia Cancela y Claudio Segovia. Segovia, a su vez, con Jorge Luz. Martín Bauer con Kive Staiff y Ernesto Schoo. ¡Mirá los nombres que te estoy contando! A Edda Díaz la fui a buscar a la salida de un espectáculo que ella estaba ofreciendo. Y a Julio López llegué por su representante. Todos ellos aceptaron colaborar, y de muy buena gana.

Se generó una red, que algunos llamarán azarosa o de buena estrella. Pero que a mi entender, es otra la palabra que la define. Un concepto que me gustaría desarrollar, luego si nos queda tiempo.

Y un eslabón más. Tal vez, el más milagroso. Hace un par de años las redes sociales no estaban tan desarrolladas como ahora, pero así y todo, encontré una página en facebook que se llama “Yo amo el Barrio de la Boca“. Allí subí una foto e invité a quién tuviera material sobre el Teatro Caminito, se contactara conmigo.

Y un sábado que llovía se presentó en el mostrador de la librería, una señora a la que yo no conocía, ni ella me conocía a mí. Pero que muy sonriente me dijo: “Yo soy Caty Bónica” (Biónica, la apodé luego) “Y estoy muy contenta que vas a hacer este libro.

Cuando Caty tenía ocho años, vivía con su familia en uno de los conventillos lindantes a Caminito. Ese año Madanes estrenó La zapatera prodigiosa. Como los ensayos se iniciaban en noviembre, y a partir de diciembre se ofrecían dos funciones diarias de martes a domingo. Para febrero, los chicos del barrio sabían la obra de memoria. Repetían entre ellos los textos. Y tropezaban con el “vosotros” y el “quereis” de García Lorca.

Madanes se da cuenta de esto, y organiza un par de funciones con los chicos vecinos del barrio. No los dirige, sino que les dice: “Ustedes hagan la obra tal cual la ven.” Les pone los vestuarios de los actores profesionales. El traje del zapatero que hacía Jorge Luz y la mantilla de Beatriz Bonnet, y los deja libre en el escenario.

Entre todos esos niños, estaba Caty. Que 52 años después se presentaba en el mostrador de la librería.

Y otra vez, aparece allí, esa palabrita que motivó a Caty a salir de su casa, a dejar a su familia, para pasarse una tarde conmigo entrevistándola.

7. AMIGOS
Cuando tuve los dos núcleos terminados, (la programación y los testimonios) comencé a enseñarles a mis amigos la primera versión del manuscrito.

Y ellos, que amo profundamente, con su burrez me regalaron dos  importantes  alertas.

La primera fue: – “¡Qué bien estás escribiendo un libro! ¿Pero… qué es?

Seguramente muchos ya lo saben, pero por si a alguno le sucede lo mismo que a mis amigos, vamos a contar que las didascalias son las instrucciones que coloca el autor en sus obras de teatro, y que determinan el espacio y las acciones que ocurren en el escenario.

Ese hueso, ese esqueleto en general están entre paréntesis, y no se pronuncia, sino que se cumple mientras los actores dicen sus parlamentos.

La ventana está a la izquierda del escenario. En el fondo, la chimenea arde. Ella está en la cocina, mientras cocina un pato. Él la toma del brazo, y la besa. Etcétera, etc.

Me hubiese encantado que al estar delante del libro, el lector se pudiera sumergir en aquellas noches de verano. Pero eso no se puede, porque el formato es otro. Así que lo cuento en el libro es el mecanismo,  el engranaje de cómo se hizo el Teatro Caminito.

Por eso son las Didascalias del Teatro Caminito.

Y la segunda contribución fue que al ver en las fotografías un rostro que  se repetía, mis amigos preguntaron: “¿Y este quién es?

¡Y era Madanes! Es como contar la Historia Argentina, y tener que decir quién es el Che.

Así que agregué un primer capítulo detallando las puestas en escena de Madanes anteriores, contemporáneas y posteriores a Caminito, con la intención de plasmar el volumen de su figura dentro del arte escénico argentino.

Lo hice a través de notas de prensa, programas de mano, y afiches. Y coloqué además una breve descripción geográfica e histórica del Pasaje Caminito, para que el lector pueda situarlo en su contexto social.

8. MADANES PRODUCTOR
Y cerré el libro con las avisos publicitarios de las empresas privadas que apoyaron la gesta del Teatro Caminito.

De una manera bella y ágil, esta selección de imagenes, determinan dos circunstancias.

La primera: que a través de la tipografía y los artículos de consumo, la estética de los años ’50, ’60 y ’70 aparecen perfectamente expuestas.

Y la segunda:  delinea un perfil tal vez menos conocido de Madanes, el de productor. Las empresas que figuran allí son de gran calibre. El Banco de la Ciudad, IBM, Pepsi, Alitalia, Fate, etc. Importantes aportes que el mismo Madanes se ocupó de conseguir.

9. TELÓN
Y terminé el trabajo con su forma habitual, es decir citando la bibliografía utilizada y los agradecimientos pertinentes.

Intenté ser lo más riguroso, preciso y despojado posible, porque la principal función de esta investigación es la consulta.

SEGUNDO ACTO

10. BARCELONA
Y ahora parecerá que me desvío dos o tres minutos de nuestro tema, pero considero relevante compartir esto con ustedes.

Antes que el libro entrara a imprenta, me fui un tiempo a Barcelona. Es una ciudad a la que últimamente estoy yendo por razones personales, pero sospecho que también, porque allí el ejercicio de la memoria es cotidiano.

Y en esa oportunidad pude asistir a una Exposición extraordinaria sobre El Paral·lel, que es una especie de Avenida de Mayo de aquí, donde a finales del 1800 hasta 1939 se ofrecía teatro popular.

Se ofrecían zarzuelas, nacieron los cuplés, estaba el Carnival, los freaks, la mujer barbuda. En fin, la propuesta era muy muy popular, y tenía mucho mucho éxito.

Cuando llega la bestia de Franco, vuela todo eso por el aire, claro. Y lo que más o menos se mantiene, es la alta cultura: el Teatro Liceo. Lo que sería acá el Teatro Colón.

El turismo allí es una industria muy poderosa, que mueve millones de euros al día. Y los centros turísticos habituales han comenzado a desbordarse, lo que obliga al Ayuntamiento a buscar y ampliar permanentemente nuevos espacios de atracción.

En esta búsqueda llegaron hasta El Paral·lel, y resolvieron recuperar su historia que había sido decapitada. Para eso contrataron a una de las cabezas más interesantes de la Escena Teatral catalana: a Xavier Albertí para que sea el Curador de esta Gran Exposición.

Yo pude asistir, y fui muchas veces. Me hice fan. Y gracias a mi amiga Alejandra Radano, logré entrevistar a Xavier.

Fue extraordinario, porque lo que habían montado era tan parecido a lo que yo venía haciendo casi en secreto sobre Caminito, pero multiplicado por cien. Porque ellos tienen mucha infraestructura, cuentan con un gran apoyo.

Xavier acaba de ser  nombrado Director del Teatro Nacional de Catalunya, y el Ayuntamiento va a recuperar dos de Salas en El Paral·lel. Van a salir las ratas, las cucarachas, los murciélagos. Y el bus turístico, va a parar allí. Entonces el barcito de enfrente, el hotel de al lado, el edificio de la otra cuadra, empezarán a tasarse de otra manera. El movimiento de turistas hará efecto en la zona, en los negocios, y recuperando su historia. Es decir, fortaleciendo su identidad.

No hicieron un Parlel·lel Hollywood, Palermo Hollywood, un ¡Lanús Hollywood!

La tesis fue: “Usted como catalán, pregunto: ¿quién fue Edith Piaf? Y lo sabe. Pero si le pregunto: ¿Quién fue Raquel Meller? No sabe. Y esto no puede suceder.”

La actividad teatral en El Paral·lel se interrumpió definitivamente porque entró Franco. Y la última temporada de Caminito fue en 1974, con Isabel en el poder. ¿En el ’75-’76 con los milicos, se te ocurre que se podrían juntar 700 personas? ¿Y en un barrio periférico como La Boca? No, eso voló por el aire.

Franco uno de los primeros libros que prohíbe son los de cocina. No ataca de entrada a sus plumas más refinadas. A los poetas maravillosos, pero que los leen lamentablemente una elite. Ataca en los espacios más populares, para que el daño adquiera el radio más amplio.

Hallé un Caminito paralelo en El Paral·lel. Una ruta colmada de similitudes, pero con una diferencia. Allí el sistema de producción cuenta con una decisión política y económica muy poderosa.

Aquí: con ese concepto, esa palabrita que se nos cruzó un par de veces. Hablé de mi porfiada vocación, de la solidaridad de quienes brindaron sus testimonios, y en especial a Caty, que dejó a su familia un sábado a la tarde para que yo pueda entrevistarla.

Eso es afecto. No tuve otra herramienta, no conté con otro motor. Lo hice porque me gusta, y quiero al teatro. Porque la sensibilidad me otorgó una buena percepción de a quienes buscar ayuda,. Y todos respondieron, ninguno se negó. Porque ellos también quieren lo que allí sucedió. Aman sus carreras. Y Caty, que en esa época no accedía a una colonia de vacaciones, porque no había plata en casa, pero que se pasaba el verano entero ayudando en el Teatro Caminito. Le tenía la cartera a las actrices mientras ensayaban, daban los programas de mano, jugaban a la siesta a la trepadora entre los caños

Barcelona cuenta con

******

Está todo bien con Caminito, pero es una porquería como está ahora. La propuesta artística de Caminito hoy día está petrificada. Y eso no es una casualidad. Y el Proa es una maravilla y trae nuevas imágenes, pero está de espaldas. Y entonces nace desde Proa la inquietud, y dice: “Veamos que sucedió acá”.

Si uno se relaciona afectivamente con Caminito, y para eso están después los testimonios, quiero demostrar el dolor que habrá sido cortar eso.

Madanes cuando termina la dictadura, es convocado por Alfonsín, y lo nombra Director del Teatro Colón. Y hace maravillas ahí. Pero él siempre soñaba con volver a Caminito, pero no pudo. Porque ya se había roto, ya había cambiado el barrio. Ya había cambiado el mercado.

No había robos en Caminito. De diciembre a marzo se instalaban luces, equipos de sonidos, vestuarios, las 700 sillas que conformaban la platea. Y nunca pasó nada en esos años. Los vecinos no prendían la radio, para no joder la función. Escuchan una hora y media todos los días obras de Goldoni, Molière, Federico García Lorca, William Shakespeare, Víctor Hugo. Ese era el repertorio que se proponía.

De lo que estoy hablando, y lo que es ahora, es abismal la diferencia.

La idea es que si vos tenés este libro, o si entraste a internet y te enteraste, o te queda algo de esta charla, cuando visites Caminito puedas con estas Didascalias, con esta bitácora, puedas entender cómo fue aquello.

Y pensar qué diferente fuese todo, si el ejercicio cotidiano de la memoria se hubiese mantenido en pie.

Hay cosas que parecen más obvias que si las rompés, llevan a consecuencias nefastas. Me voy a meter en un tema muy complicado, pero es sólo mencionarlo: treinta mil desaparecidos. ¿A quién puede entonces importarle lo que sucedió con Madanes en Caminito hace cincuenta años, cuando el tema anterior es difícil de digerir?

Pero ahí estamos. Nuestro patrimonio más desperdigado: la memoria. En Caminito se mantiene la representación, está el falso Maradona, no sé si lo vieron, una persona parecida que se ofrece a los turistas diciendo: “Ten dollars the picture with Diego” (Diez dólares la foto con Diego). ¡Es Pirandello! Es “Seis personajes en busca de un autor” vivo. Alguien de ficción expuesto ahí. Hay mamparas donde asomás la cabeza, y te genera un vestuario instantáneo. A los perros los visten de humanos. El reino animal también entró en el juego de la representación. Pero es una patraña lo que sucede ahora ahí.

Yo no tengo problemas en destrozar graciosamente a Caminito hoy. Pero pensemos que violencia habrá quebrado la relación de Madanes con los vecinos. Y que anestesiados nos dejó para permitirnos olvidarla. Pero creo que el afecto es el arquitecto de la memoria.

 

11. Paralelismo
12. Arquitecto de la memoria

Su actitud desinteresada no ha dejado de emocionarme. Porque todos, y me incluyo, defendemos si se quiere nuestros trabajos. Pero Caty estaba allí, simplemente porque había sido feliz haciendo eso. Sintiéndose incluida en el proyecto de Madanes.

TELÓN
13. Preguntas
14. Agradecimientos
15. Raffaella Carrá (Video)

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