LA BOCA, GUARDIA VIEJA Y NUEVOS AIRES, Clarín

img_6614Anarquistas y artistas, tradición y presente de un lugar con fuertes marcas de identidad se cruzan en una muestra

“Eran los carpinteros que trabajaban haciendo barcos y luchaban por un mundo sin patrones los que estaban aquí antes que nosotros”, cuenta Juan Pablo Correa, uno de los responsables de que las muestras de la Fundación Proa lleguen a buen puerto. Es que el edificio donde hoy funciona Proa, hace más de medio siglo atrás era la sede de la Federación de Obreros en Construcciones Navales fundada en La Boca con su ideario anarquista.

En estos días Proa cumple veinte años en La Boca y lo celebra con una muestra donde el barrio (su historia y su presente) es protagonista. “Casi todos los temas que estamos tocando los estamos aggiornando, ya que es un barrio con una enorme tradición y una gran versatilidad cultural, donde además el concepto de urbanización fue muy importante. Es el concepto que funda Benito Quinquela Martín, y que siguió con propuestas como el teatro Caminito: la calle forma parte de tu vida cotidiana”, dice Adriana Rosenberg, directora de la Fundación.

La muestra, que abre mañana a las 17, se llama Entre nos. Crónicas de la Boca.
En ella cada sala de la Fundación contará con una exposición específica, en las que se verán imágenes y fotografías de La Boca desde sus comienzos hasta ahora.

En la sala de pintura -curada por Sergio Baur- hay litografías del siglo XIX que muestran “el barrio de los tachos” -como se llamaba a la vuelta de Rocha- y otras obras que van hasta 1950. Incluye a los pintores más representativos de La Boca como Quinquela, Tomás Stagnaro, Fortunato Lacámera, Victorica, de La Rosa, y muchos otros. El leit motiv de la muestra es “cómo los pintores de La Boca pintaban el barrio” y por eso hay cuadros donde pueden verse el puerto, las calles de La Boca inundadas, o una reunión gremial. No obstante, lo que se pretende es que el público desee ir a ver las obras de Quinquela apenas salido de aquí -el museo Quinquela está a unos pasos- y que Entre nos opere como un disparador, que abra la curiosidad por el arte y sus artistas. En esta sala se exhiben también publicaciones y folletos como un ejemplar del periódico anarquista La Fragua o los grabados que ilustraban la novela Historia de arrabal de Manuel Gálvez, una ficción ahora poco leída y que trata sobre la prostitución en La Boca.

La arquitectura del barrio no podía estar afuera, así que se ve una maqueta urbanística donde se desarrolla el concepto de “patio del conventillo” como lugar social. La hizo la arquitecta Mercedes Chezo, quien llegó a la conclusión de que las chapas que se usaban para levantar las paredes de las casas son similares a lo que hoy se llama steel framing (perfiles de chapa de acero estructural galvanizado de muy bajo espesor), un material de bajo costo y gran sustentabilidad.

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Asimismo, el teatro ocupa un espacio preponderante en la exposición. En 1957, Cecilio Madanes revolucionó el género saliendo de la clásica sala italiana y poniendo, año a año, obras en Caminito. Madanes hizo en la calle teatro de repertorio, algo pocas veces visto. En un balconcito podía aparecer el dueño real de la casa, en camiseta y tomando mate, y de pronto, a su lado, el actor vestido de Arlequín. El repertorio era popular e incluyó textos clásicos de Moliére, Conrado Nalé Roxlo y Carlo Goldoni y el actor fetiche fue el cómico Jorge Luz. Este accionar teatral fue historiado por Diego Kehrig en el libro Didascalias del teatro Caminito. El se ocupó de la sala donde se verán los diseños de vestuario y las fotografías del teatro de aquel tiempo.

El arte en tiempo presente inundará una de las salas con la muestra de Marcos López, uno de los artistas plásticos argentinos más inquietos a la hora de investigar la identidad nacional. Aquí trabaja con un grupo de artistas con los que ya trabajó en el CCK. “La idea conceptual”, dijo López, “es rescatar la cantina Il piccolo vapore, que a mi juicio, y exagerando, debería ser declarada patrimonio de la Unesco, porque es increíble cada pedacito, cada espacio ahí dentro y lo que significó en los años ’50 y en los años ’70. La foto de Il piccolo vapore se ha convertido en un clásico de mi trabajo, surrealismo criollo, que es una investigación sobre el ser nacional, la identidad y las migraciones. Aquí hay una fotografía expandida y una puesta en escena de la cantina. Los actores allí fotografiados están documentando un patrimonio cultural”. Se trata del bandoneonista, la cantante de tango de apretado vestido rojo comiendo fideos fríos en una bandejita de plástico, descalza, porque tiró los zapatos por ahí, el tapadito de animal print, el imitador de Gardel, los chorizos atrás que han de ser devorados cualquier noche de estas. La sala donde luce la fotografía será recreada con banderines y cobrará realidad como un set de cine.

Adriana Rosenberg aclara: “Parte del objetivo de la muestra es recuperar una mirada sobre tu propio hábitat, tu propio barrio”. Entre nos no es una exposición estática como pudiera ser la de un museo sino territorial. Fue organizada junto a otras instituciones del barrio: el Museo Quinquela, la agrupación Impulso, el Ateneo y el Museo Popular de La Boca. La idea es que la gente salga de Proa y vaya a visitar cualquiera de los otros sitios que también concentran cultura entre su paredes

http://www.clarin.com/cultura/Boca-guardia-vieja-nuevos-aires_0_B1qqhaWEg.amp.html

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