Presentación

la foto (11)DIDASCALIAS DEL TEATRO CAMINITO fue presentado en la Fundación Proa. (Av. Pedro de Mendoza 192. Buenos Aires, Argentina) el domingo 29 de septiembre de 2013 a las 17 hs.

Participantes

Coordinación de la mesa: CORA ROCA
Autor e investigador: DIEGO KEHRIG
Actriz: EDDA DÍAZ
Vestuarista y artista plástica: DELIA CANCELA
Vecina del barrio de La Boca: CATY BÓNICA

PRIMERA PARTE

mesa1CORA ROCA: Buenas tardes, quiero comentarles cómo es que llegué aquí. Resulta que un amigo mío: Leandro Katz, que se encuentra en la platea, lo fui a ver un día y me dijo: Mirá que libro hermoso me regalaron. Lo vi, y le dije: Prestámelo ya. Me lo llevé, lo leí y me lo devoré. Me gustó tanto, me pareció tan valiosa la labor de ese investigador, que le pedí su mail y le escribí a Diego. Y así fue que lo conocí, y precisamente Diego, me invitó a participar en esta mesa.

Primero de todo, quiero darle la Bienvenida a la Investigación Teatral a Diego Kehrig. Porque es muy importante para la historia de nuestra cultura tener registros tan valiosos como el caso del Teatro Caminito y de Cecilio Madanes. Además el trabajo que él hizo es excelente, es fundacional. Si este libro no lo hubiera escrito, en muy poco tiempo no sabríamos más quién fue Cecilio Madanes. Y esta es la razón por la que estoy feliz de participar de esta mesa. De todas maneras, Didascalias… un título extraño. ¿Qué es eso?

DIEGO KEHRIG: Sí, era lo primero con lo que me topaba. Cuando mis amigos veían el manuscrito me decían: ¡Qué bien…! ¿Pero qué escribiste?

Las didascalias conforman el segundo texto en una obra de teatro. En general se encuentran entre paréntesis. Cuando el actor está diciendo sus parlamentos, el autor coloca indicaciones como: “Juancito está cocinando un pato.” “La toma del brazo, y la besa.” “Arroja la silla por la ventana.” Estas sentencias, este esqueleto, este hueso, marcan la pauta de lo que está sucediendo en el escenario. Ese texto no se pronuncia, sino que se cumple.

Cuando empecé a juntar el material para construir el libro, dije: Ojalá pudiera abrir el libro y sumergir al lector en Caminito, pero eso no se puede. Entonces lo que resolví mostrar es el engranaje que permitió que el Teatro Caminito funcionara. El libro tiene ese formato. Son las Didascalias del Teatro Caminito.

CORA ROCA: ¿Cómo es tu formación? Por lo que veo está bien vinculada al teatro.

DIEGO KEHRIG: Así es. Hay una parte curricular que puedo decir que soy dramaturgo, que he dirigido mis obras, y que en algunas de ellas he participado como actor. Pero yo no soy un académico, soy un autodidacta. He leído todo lo que se me antojó, y ha habido épocas en mi vida, que he leído mucho. Así que mi formación es afectiva.

Pero básicamente lo que me sucede es que mi cerebro es teatral. Esto parece un chiste, pero es verdad. Cuando oigo una canción, mi cabeza la construye como si fuese una escena. Cuando veo una fotografía, y me entretengo siempre en hallar el drama que la habita. Estructuro acontecimientos que desembocan siempre en un escenario.

La escritura que yo propongo no está destinada a ser leída, sino a ser respirada. Es como si me hubiese tocado ser un ingeniero que construye autopistas, y que después vienen los actores, y son los autitos. Ese es mi formato de trabajo.

Y sumada a esa experiencia teatral, hace catorce años que tengo una relación profesional con el libro: soy librero.

Por lo que finalizada esta investigación teatral, llegar a la publicación de algún modo tuvo cierta lógica, respondió de algún modo a mi naturaleza, a mi historia.

Y aunque no fui contemporáneo a Caminito, a diferencia de la mayoría de las personas de mi edad, sabía perfectamente quiénes eran todos los que ahí participaron. De chiquito repetía a mi familia: Me gusta el teatro, me gusta el teatro. Entonces esa información no tuve que aprenderla para esta investigación. No tuve que salir a averiguar quién era Eva Dongé. Aunque nunca la había visto trabajando, sabía como había sido su carrera. Entonces eso facilitó mucho el trabajo.

Y la verdad es que la investigación surgió de la Fundación Proa, y yo trabajo como librero dentro de la Fundación. Un día me llamó la Directora, y me dijo que quería hacer un libro sobre el Teatro Caminito, y me preguntó: ¿A quién podemos llamar?

– A mí, respondí.

(RISAS)

CORA ROCA: Estuviste muy bien.

DIEGO KEHRIG: Entonces hubo un silencio inmundo, y pensé: Ahora me dice que no, y me hecha de la librería por desubicado.

Pero no, ella se rió, y me dijo: Bueno, dale.

Y le dije: ¿Y cómo querés que lo haga?

Ah, no sé. Ese es tu problema. Y me cortó.

¡Qué bueno voy a hacer un libro!, me dije. Entré en internet y al unísono en pánico. Me enfrenté a un enorme problema: no había nada. No había información. Nada. O muy incompleta, e incluso errada.

Pero inmediatamente me di cuenta que si lograba alcanzar ese objetivo, si lograba desarrollar esta investigación iba a tener una ventaja, y era que el libro no iba a tener competencia.

Que el material de algún modo me excedía. Esto quiere decir: que no era solamente una necesidad porque yo había adquirido un compromiso, sino que había un hueco, un nicho, en el mercado sobre ese segmento de la Historia Teatral de Buenos Aires.

Si me hubiese tocado investigar sobre el Di Tella, ya hay bastante material, pero sobre Caminito no había nada.

Entonces tenía esa dualidad: por un lado la ventaja de no tener competencia, y por el otro: esa desolación de enfrentarse al ¿Y ahora cómo hago?

CORA ROCA: Y tratándose de tu primer libro, además. Es fundacional, realmente.

DIEGO KEHRIG: Gracias. Llevó tres años de trabajo.

CORA ROCA: ¿Cómo arrancaste con la investigación?

DKRISADIEGO KEHRIG: En mis épocas de estudiante de Teatro iba mucho a la biblioteca de Argentores, que es el Sindicato de Autores Argentinos. Me acordaba que allí había unos registros. Una situación casi Kafkiana, existen unos biblioratos enormes, de cuero verde, con unas hojas gruesas, divinas, donde los empleados colocan los programas de mano de cada una de las obras de teatro que se montan en la ciudad.

Durante años, esos empleados han venido pegándolos, uno a uno. Yo sabía que el Teatro Caminito iba entre el ‘50 y el ’70, más o menos. Así que me pasé tardes enteras, mirando esos libracos.

Arranqué por el ’60 y fui para un lado y para el otro, buscando. Porque eso no estaba digitalizado, ni ordenado por Caminito, sino que estaba todo.

Cuando encontraba un programa era una alegría porque podía saber qué obra se había hecho, cuál era el elenco, los colaboradores, etc. Entonces tomaba notas, leía la obra, sacaba fotos.

Y además podía ver la fauna que rodeaba a Madanes. Cuáles eran las otras Compañías que estrenaban en las otras salas, y qué material ofrecían.

Allí estaban la dupla en comedias brillantes de Ana María Campoy y José Cibrián, estaba el Maipo con las revistas picarescas, el Cervantes y el Teatro San Martín con su programación oficial, el Di Tella con la vanguardia y el auge del Pop. En fin, los contemporáneos a Caminito.

Una vez que obtuve esa grilla, pude empezar a rastrear a quienes habían participado, para lograr los testimonios que están ahora en el libro.

Pero yo no tenía grandes contactos. No tenía una agenda de investigador teatral, ni mucho menos. Entonces armé un álbum con las fotografías que hasta ese momento había encontrado. Una especie de trampa para osos, que tenía oculto en el mostrador de la librería.

Cuando venía algún artista, con el que yo más o menos tuviera onda, y que más o menos por su edad podría haber participado o haber visto funciones, me acercaba y les decía: Estoy haciendo esto, ¿vos conocés a alguien?

Y así pude empezar a relacionarme: Nicolás García Uriburu me contactó con Valeria Munarriz. Javier Arroyuelo con Claudio Segovia, y ahí se sumó Delia Cancela. Con Edda Díaz fui a verla en un espectáculo porque siempre me ha gustado su trabajo y la esperé a la salida. Pasar de espectador, a alguien más o menos profesional es siempre un episodio extraño para ambas partes, sobre todo si se trata de gente tímida como yo.

¿Y este fulano quién es? suponía que pensaría ella. ¿Me dara bola?, pensaba yo. Pero sobreviví, y lo más importante conseguí los testimonios.

CORA ROCA: ¿Y a Caty, cómo llegaste?

DIEGO KEHRIG: Y con Caty fue el milagro. Fue un hallazgo. Alguien construyó una página en Facebook sobre el Barrio de La Boca. Y yo puse un cartel de desesperado: Estoy averiguando sobre el Teatro Caminito… Socorro.

Y ella respondió. Y después nos va a contar su experiencia. Y a mí, me emocionó mucho. Porque una tarde de lluvia, un sábado, una Señora a la que yo no conocía, se presentó en el mostrador de la Librería, y me dijo: Yo soy Caty, y estoy muy contenta que vas a hacer esto.

Básicamente esa ha sido mi herramienta más efectiva: el afecto. Yo no construí esto de otra manera. Y después quiero hablarles un poco de esto. Pero bueno para responderte ese fue el panorama en el que realicé mi trabajo. Fue una tarea de sabueso, de rompecabezas. No ha sido lineal, no hay una estructura.

CORA ROCA: No. No estoy de acuerdo. En el libro hay una estructura.

DIEGO KEHRIG: Yo me refiero al contexto. No hay unos registros amorosos. No es que hay gente muy simpática, que te dice: Ay, te estábamos esperando. Vení que te resuelvo el libro.

CORA ROCA: Ah, no para nada.

DIEGO KEHRIG: En general para los demás… (voy a usar una palabra) sos medio como un boludo. ¡Para qué quiere hacer este tipo esto! ¿Quién es?

Yo les decía: Bueno, Sr. cuestiónese lo que guste, pero si tiene una fotografía, démela porque con eso voy armando el libro.

Entonces me aparecía en la casa de Jorge Luz con una tortita.

DELIA CANCELA: A mí no me trajiste nada.

EDDA DIAZ: A mí tampoco.

DIEGO KEHRIG: Les mandé unos chocolates, no sean así.

(RISAS)

EDDA DÍAZ: Ah, sí. Pero después de que hablé.

DIEGO KEHRIG: Bueno, el chantaje es así. Y todo el amor.

DELIA CANCELA: Eso sí.

(RISAS)

CORA ROCA: Yo quiero hablar de la estructura del libro. Consta de una Obertura donde se presenta a Madanes con notas y testimonios en vida de los medios periodísticos. Y luego se describe al Pasaje Caminito.

Quiero rescatar algunas frases de Cecilio Madanes, que a mí me conmovieron, para traer un poco el recuerdo de este maravilloso hombre de teatro:

Tenía el sueño de hacer un teatro al aire libre como había visto en Venecia, donde de ser posible, el vecindario fuese parte del espectáculo. Se lo propuse a un Secretario de Cultura Municipal, y le gustó la idea. Entonces busqué el lugar, un familiar me prestó dinero, y conseguí inaugurarlo en 1957. Cuando estrené Los chismes de las mujeres de Goldoni, se desató una especie de locura colectiva. Llovía, y la gente no se iba. Se cubrían con paraguas, con diarios. Y lo que iba a ser un experimento de dos semanas finalmente duró quince años. Con dos funciones, y mil quinientos espectadores diarios.

Algunos me dicen: ¡Cecilio, qué suerte que tenés!, y nada lo conseguí por suerte. Todo o poco que pude haber hecho, lo conseguí trabajando. Lo conseguí con esfuerzo propio, y con amor.

Caminito es mucho tiempo de mi vida. Es el hijo que no tuve. En Caminito éramos un equipo y pusimos nuestro tiempo y nuestra pasión. Allí pude ser un creador total. Inventé todo junto a gente muy, muy capaz. Cumplí mi sueño.

Pero me quedó uno sin realizar: una comedia dedicada a Juan de Dios Filiberto. Palabras textuales de Cecilio Madanes.

Pasada esta Obertura, se abre el Acto Primero donde se registran todas las temporadas del Teatro Caminito desde 1957 a 1973. Con sus 13 espectáculos, detallando: obra, realización, producción, críticas, e ilustrada con fotos y dibujos. Y así mismo, concluye al final de cada año con una cronología histórica visual.

Pasamos al Acto Segundo: Protagonistas, donde se integran nueve testimonios fieles de sus participantes.

Y en el final, que se denomina: Telón, se menciona a los auspiciantes, agradecimientos personales y la bibliografía.

En verdad el libro es muy simple, es muy fácil de leer, y tiene todo. Realmente es excelente el trabajo, lo dije del primer momento, y lo sigo diciendo. ¿Vos querías hacer alguna reflexión, verdad?

DIEGO KEHRIG: Sí, algo de lo que dije antes. Un poquito de eso. Parecería que me voy a desviar dos o tres minutos. Pero quiero dar un encuadre, sobre algo que me pasó, que para mí es fundamental. Ojalá les llegue a ustedes.

Cuando el verano pasado tenía el libro terminado, pero aún no había entrado a imprenta, me fui a Barcelona.

Barcelona, es una ciudad a la que desde hace un tiempo estoy yendo por razones personales, y también porque tiene una característica que me encanta: y es que el ejercicio de la memoria allí es cotidiano.

Cuando enseñaba en Barcelona mis trabajos sobre Caminito y el Luna Park (que es la otra investigación que hago) no había que explicar para qué se había hecho. A pesar, de que claramente ellos no sabían que era ni Caminito, ni Madanes, ni el Luna. Su valor lo entendían de inmediato, y de un modo natural. Lo que me sucedía es que había entrado en mercado.

Suena horrible, pero a mí, me hizo mucho bien sentir eso en ese momento.

Y coincidió además que pude asistir a una Exposición extraordinaria sobre El Paral·lel.

El Paral·lel es una especie de Avenida de Mayo de aquí, donde a finales del 1800 hasta 1939 se ofrecía teatro popular. Había más de setenta salsas, donde se ofrecían zarzuelas, nacieron los primeros cuplés, estaba el Carnival, los freaks, la mujer barbuda. La propuesta era muy muy popular, y tenía mucho mucho éxito.

Cuando llega la bestia de Franco, vuela todo eso por el aire, claro. Y lo que más o menos se mantiene, es la alta cultura: el Teatro Liceo. Lo que sería acá el Teatro Colón.

Recordemos que Barcelona se constituye poderosa gracias a la Industrial Textil. Pero cuando ésta cae, el Ayuntamiento resuelve volverla una ciudad turística. E invierte en esto.

Ya tenían esos edificios hermosos de Gaudí, y durante las Olimpíadas del ’92 contratan a Monsterrat Caballé y a Freddie Mercury para que canten en la Fiesta de Inauguración… Ya saben de lo que hablo.

El planeta entero se enteró de esta nueva etapa de la Ciudad. Y obtuvo un enorme éxito, los centros turísticos habituales empezaron a desbordarse, y debieron ampliar los aros de atracción. Incluyendo otros barrios, otros recorridos que los habituales.

Así sumaron por ejemplo a El Raval. Que es un barrio con mucha bohemia, similar a La Boca. Y aquí llegamos al punto.

Cuando la expansión los obligó a llegar hasta el Paral·lel, resolvieron recuperar esta historia que había sido decapitada por Franco, y contrataron entonces a una de las cabezas más interesantes de la Escena Teatral catalana: a Xavier Albertí para que sea el Curador de esta Gran Exposición.

Yo pude asistir a esa Muestra, y fui muchas veces. Me hice fan. Y gracias a mi amiga Alejandra Radano, conseguí entrevistar a Xavier. Y fue extraordinario, porque había mucha similitud entre aquél trabajo, y con lo que yo venía haciendo casi en secreto con Caminito.

Pero multiplicado por cien, porque ellos tienen mucha más infraestructura, tienen un gran apoyo. Y conocen la utilidad de cultivar su historia. Y eso, es lo que me interesa.

Eso no quedó allí, ahora Xavier ha sido nombrado Director del Teatro Nacional de Catalunya. El Ayuntamiento va a recuperar dos de esas Salas: van a salir las ratas, las cucarachas, los murciélagos. Y el bus turístico, va a parar allí. El bus rojo tendrá su stop ahí.

Entonces el barcito de enfrente, el hotel de al lado, el edificio de esa cuadra, esas propiedades empiezan a tasarse ahora de otra manera. Porque hay movimiento, hay negocios, se propone una atracción, pero se continúa con la decisión política de sostenerlo a través de la identidad histórica de la ciudad.

No van a buscar la identidad afuera. No hicieron un Palermo Hollywood, un ¡Lanús Hollywood!

La tesis era: Usted como catalán, lo preguntan por la calle: ¿quién fue Edith Piaf? Y lo sabe. Pero si le preguntan: ¿Quién fue Raquel Meller? No sabe. Y esto no puede ser.

Esa misma tarea es la que nos trae hoy acá. Cuando empecé la investigación, y mostraba a mis amigos lo que estaba haciendo, me decían: ¿Y éste quién es? ¡Y era Madanes! Es como contar la Historia argentina y tener que decir quién es el Che.

El Paral·lel se cortó porque entró Franco. Y la última temporada de Caminito fuen en 1973. En el ’74 – ’75 con Isabel en el poder. ¿se te ocurre que se podían juntar 700 personas en la calle? Y a partir del ’76 eso voló definitivamente por el aire.

Está todo bien con Caminito, pero es una porquería como está ahora. La propuesta artística de Caminito hoy día está petrificada. Y eso no es una casualidad. Y el Proa es una maravilla y trae nuevas imágenes, pero está de espaldas. Y entonces nace desde Proa la inquietud, y dice: Veamos que sucedió acá.

Si uno se relaciona afectivamente con Caminito, y para eso están después los testimonios, quiero demostrar el dolor que habrá sido cortar eso.

Madanes cuando termina la dictadura, es convocado por Alfonsín, y lo nombra Director del Teatro Colón. Y hace maravillas ahí. Pero él siempre soñaba con volver a Caminito, pero no pudo. Porque ya se había roto, ya había cambiado el barrio. El abandono cultural había quebrado el respeto por la expresión artística y su valor identitario.

No había robos en Caminito. De diciembre a marzo se instalaban luces, equipos de sonidos, vestuarios, las 700 sillas que conformaban la platea. Y nunca pasó nada en esos años.

Los vecinos no prendían la radio, para no joder la función. Todas las noches escuchan durante una hora y media obras de Goldoni, Molière, Federico García Lorca, William Shakespeare, Víctor Hugo. Ese era el repertorio que se proponía.

De lo que estoy hablando, y lo que es ahora, la diferencia es gigante.

La idea es que si vos tenés este libro, o si entraste a internet y te enteraste, o te queda algo de esta charla, cuando visites Caminito puedas con estas Didascalias, trazar esa bitácora que recorrió Madanes y su gente. Y sobre todo esos vecinos.

Hoy día en Caminito se mantiene la representación. Pueden ver al falso Maradona. Hay una persona con facciones similares que ofrece posar con los turistas diciendo: Ten dollars the picture with Diego (Diez dólares la foto con Diego).

¡Es Pirandello aquello! Seis personajes en busca de un autor, pero vivo. Han puesto mamparas donde asomás la cabeza, y te genera un vestuario instantáneo para que te puedas sacar una fotografía con estilo tango pero muy estereotipado.

A los perros, incluso los visten de humanos. El reino animal también entró en el juego de la representación. Pero es una patraña lo que sucede ahora ahí.

Yo no tengo problemas en destrozar graciosamente a Caminito hoy. Pero pensemos que anestesiados nos dejó aquel corte para permitirnos deformar tanto la propuesta original.

Tal vez ese ha sido el único motor de esta investigación. Esa reparación. Porque creo que el afecto es el arquitecto de la memoria.

CORA ROCA: Bueno vamos a hacer un corte ahora. Vamos a ver un video de tres minutos.

SEGUNDA PARTE

mesa3CORA ROCA: Esta segunda parte está conformada por testimonios en vivo. Aquí tenemos a Edda Díaz, una gran actriz y una excelente cómica, contamos como fue la experiencia.

EDDA DÍAZ: Gracias, Cora. Fue toda una experiencia protagonizar nada menos que El sueño de una noche de verano, donde trabajaron cantidades de artistas que participaron, como la señora Delia Cancela y Pablo Mesejean. En lo personal era una obra que yo quería hacer desde los ocho años. Yo soñaba con hacerla, hasta que un día vino Madanes al teatro donde estábamos representando Dejate de historias y cosaquiemos la cosaquia con Antonio Gasalla y Nora Blay.

Antonio vino corriendo al camarín y me dijo: ¡Vino Madanes! ¡Vino Madanes! porque quiere hacer El sueño de una noche de verano.

Ah, le dije.

Me viene a ver a mí, dijo Antonio.

Ah, le dije.

Era mío, era imposible eso. Y fue mío.

(RISAS)

Cuando terminó la función, y Madanes dijo (porque le gustaba mucho pinchar): Vine a ver a Gasalla, pero me voy a quedar con los ojos de Edda. Me gusta que es chiquita.

Éramos cuatro, y yo le dije: Tiene que estar todo el equipo. Y así fue. Los cuatro fuimos a Caminito. Pero a Madanes en realidad, la que le interesaba era yo. Esta es la parte odiosa. (RISAS). Así que finalmente quedamos Antonio y yo. Antonio muy gracioso, haciendo “la enamorada”. Hay unos artesanos que juegan al teatro dentro del teatro. Antonio hacía de la muchacha, porque en esa época las mujeres no podían actuar.

Fue maravilloso. Madanes le prometió el papel a unos cuantos. Más o menos a cien. (RISAS). Y yo le decía: Escuchame, (Soledad) Silveyra estuvo en televisión, diciendo que lo iba a hacer ella. Que ella iba a hacer el duende Puck.

Y voy a decir: Puck (pronuncia: “Pack”) porque decimos Shakespeare (lo pronuncia en perfecto inglés), y no “Yakespeare”.

DIEGO KEHRIG: ¿Cómo eran los ensayos?

EDDA DÍAZ: Yo ensayaba a solas con Madanes, y me decía: Vas a estar vos. Pero Jorge Luz me decía: ¿Vos te creés que vas estar vos? Voy a hacerlo yo. Gasalla me decía lo mismo. Había un chico muy bajito, casi enano, que decía lo mismo. Pero finalmente lo hice yo.

Fue una experiencia maravillosa, una de las cosas que siempre me gustó es el Final de la obra. Después en varios espectáculos míos, los terminé igual. El duende se acercaba al público, los miraba a los ojos, y les decía:

Si os han desagradado las sombras que fuimos, No les guardéis demasiado rencor. Imaginad que dormíais, mientras ellas se deslizaban ante vuestros ojos. En cambio, si os ha gustado, ¡ah!, si os gustado, trataremos de hacerlo mejor la próxima noche vez que vengáis.”

(APLAUSOS).

Caminito tenía un escenario de 50 metros de largo. Y yo venía del fondo, saltando y saltando. Era interminable. (RISAS).

Me acuerdo también, que había una actriz de mi misma promoción del Conservatorio, que tenía mi misma estatura, todo igual para poder reemplazarme. Y me decía: Enfermate, enfermate. Por favor, te lo pido. No me hagas esto. (RISAS). Porque yo no me enfermaba, tengo muy buena salud. Y especialmente en el teatro. Basta que me digan: Usted va a tener que hacer esto, y yo no me enfermo, no falto nunca.

Tanto me pidió, hasta que un día la llamo y le digo: Hoy andá vos al Teatro, no lo voy a hacer porque amanecí un poco afiebrada. Era al aire libre.

Y cuando terminó la función, me llamó Antonio, y me dijo: ¡Qué vergüenza, no se había estudiado la letra. Y no le dijeron al público que no eras vos. No te enfermes más, papelonera. (RISAS).

Conseguir amigos en el trabajo es una de las cosas más lindas que tiene esta profesión. Haber trabajado con Osvaldo Terranova. Haberme hecho amiga de la señora que su balcón lindaba con el lateral derecho del escenario me regaló su perrita, porque ya no la podía tener más. Y yo dije: me la llevo. Y haberme hecho amiga de Eva Dongé.

DIEGO KEHRIG: ¿Había unos rituales que hacían, verdad?

EDDA DÍAZ: Sí, como la temporada no iba todo lo bien que nosotros queríamos, viste que el aire libre es traicionero. A veces, hacía frío…Entonces Antonio me dice: Lo que pasa que acá alguien es mufa.

Nosotros dos, no. Siempre tenemos un éxito bárbaro, le dije.

No, nosotros dos no. Son los viejos. Y me empezó a nombrar a los actores más grandes.

¿Y qué decís que hay que hacerles?, le pregunté.

Hay que cortarles las uñas.

¿Y después?.

Y después hay que quemarlas, me dijo Antonio. (RISAS)

¡Pero no van a querer!.

No, primero nos cortamos nosotros, y les decimos acá están nuestras uñas, pongan las de ustedes. (RISAS).

Y lo hicimos. El trabajo de Cancela-Mesejean sigue siendo para mí: un sueño. Esos dibujos que vieron en el video, esas hadas, eran de ellos. Estaba muy orgullosa de utilizar ese vestuario.

DELIA CANCELA: Vos eras la más fácil de hacer. Porque eras Puck, en persona.

CORA ROCA: Presentamos entonces a Delia Cancela, artista plástica, ¿y devenida en vestuarista?

(APLAUSOS).

mesa4EDDA DÍAZ: Delia no lo va a decir, pero ella ha trabajado para Kenzo, nada menos.

DELIA CANCELA: No tiene ninguna importancia.

EDDA DÍAZ: Pero para nosotros, los argentinos, sí.

DELIA CANCELA: Cuando hicimos el trabajo en Caminito, habíamos llegado recién de pasar un año en París, porque el Gobierno Francés no había dado una beca. ¿Por qué fue en 1968, verdad?

DIEGO KEHRIG: Exactamente.

DELIA CANCELA: Hicimos el trabajo en Caminito, e inmediatamente después nos volvimos a ir, y no volvimos por treinta años.

A mi pasa que tengo una memoria muy selectiva. Y creo que porque éramos dos. Pablo Mesejean y yo trabajábamos juntos en la misma obra. Y pensábamos los dos juntos. Por eso debe ser que yo no me acuerdo nada. Gracias, que están los dibujos.

Lo que sí me acuerdo, le decía a Diego, que Madanes estaba enloquecido con Pablo, no conmigo. La atracción a Pablo & Delia, era me parece que era justamente por Pablo.

(RISAS)

Cuando Cora me presenta como vestuarista, yo no me considero vestuarista. Primero porque nunca me interesó. Y segundo, que con los dedos de las dos manos quizás, fueron los vestuarios que he hecho. No soy una profesional. Lo que hemos hecho con Pablo, o lo que yo he hecho después, es trabajar con una imagen. Crear imágenes.

Por supuesto Edda era una de las imágenes más divinas para crear, porque ella era el personaje. ¿Quién era la actriz principal?

EDDA DÍAZ: Eva Dongé.

KADO KOSTZER: (Desde la platea) Titania.

DELIA CANCELA: Sí, Titania. Pero me quería acordar del nombre de la actriz principal.

EDDA DÍAZ: Estaba también Juan Carlos Galván.

DELIA CANCELA: Había actores que “daban” muy bien los roles. Y otros, un poco menos. (RISAS). Era la primera vez que nosotros trabajábamos en un teatro profesional. Y con una pieza histórica, además.

Y pasaba algo muy extraño: los vestuaristas estábamos divididos. La parte del bosque era de Pablo y mía. Y la parte de la Corte era de Claudio Segovia. Y nosotros no entendíamos por qué. Ni Claudio ni nosotros. Y lo tomamos muy contentos, porque claro no había nada mejor que hacer el bosque, por supuesto. Pero Cecilio había decidido que iba a cortar así el trabajo. Ustedes: esto, y Claudio: aquello.

La profusión de flores y frutos que tenía la ropa, estaba realizada con goma pluma pintada. Era un trabajo impresionante. Las creamos como trabajábamos nuestras obras. No fue un vestuario. Las planteamos como obras. Eran obras en movimiento, realmente. Y fue muy lindo. Fue una buena experiencia, que duró ese momento.

Lo que me hace estar acá, y eso lo quería decir, es algo que me gustó que dijo Diego sobre los afectos. Porque lo que me hace estar acá: es el afecto. Yo lo descubrí a este señor, a este oso terrible, porque él se acercó (ya ni me acuerdo cómo fue), y de alguna manera este libro nos unió en una amistad. Y no sólo con todo el respeto que le tengo porque escribió esto, sino porque dirige una de las mejores librerías de Buenos Aires.

(APLAUSOS).

mesa2CATY BÓNICA es una vecina del barrio de La Boca.

En 1960, ella tenía 8 años y vivía junto a su familia en un conventillo lindante al Pasaje Caminito.

Los ensayos se iniciaban en noviembre, y las temporadas se extendían hasta Marzo, con 12 funciones semanales.

Promediando enero, Madanes cae a cuentas que los chicos del barrio habían aprendido la letra, a base de escucharlas una y otra vez.

Les propone entonces, que sean ellos los que protagonicen una función. Entre todos esos niños devenidos en actores por una noche, estaba Caty.

Y fue ella quien brindó un testimonio a base de recuerdos repletos de afecto y alegría.

Luego se abrió el ruedo para que los asistentes realicen preguntas a los ponentes.

Y finalizó el acto con un colorido video, donde se la ve a Raffaella Carrá junto a sus bailarines cantando Pedro en el Pasaje Caminto en 1974.

La presencia de los vecinos también es protagonista. Es decir, la huella que Madanes permanece intacta. La ficción atravesada por la realidad, y allí encuentra su mejor exponente: el diálogo.

Agradecemos al equipo de trabajo de la Fundación Proa:

Producción del evento: CECILIA JAIME
Operador de luces y sonido: JAVIER VARELA
Colaboradora: MERCEDES FOX
Gerencia Fundación Proa: VICTORIA DOTTI
Presidencia: ADRIANA ROSENBERG

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