Madanes

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Cecilio Madanes nació el 2 de Diciembre de 1921 en la Ciudad de Buenos Aires. Aunque en algunos registros figura Ucrania como país de origen.

Si bien realizó estudios en la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón, dedicó su carrera profesional a la dirección y producción teatral.

Residió durante ocho años en París y colaboró con enormes figuras como Jean Cocteau, Vittorio Gassman, María Félix, y Aurora Bautista. Fue becario en Inglaterra, Israel, y Estados Unidos.

Organizó la primera exposición flotante de pintores nacionales sobre un crucero alrededor del mundo, y obtuvo un amplio suceso y reconocimiento.

En 1957 fundó el Teatro Caminito, en el popular barrio de la Boca y ofreció una docena de temporadas estivales hasta 1973. Con la Compañía recorrió Chile, Brasil y en 1968 viajó a Italia para organizar el Teatro Caminito en Roma, que tuvo como protagonista a la gran actriz Paola Borboni.

De su importante labor en televisión podemos mencionar el Ciclo integral del repertorio de Caminito, y otras producciones de teatro universal.

En el Teatro Colón tuvo a su cargo la puesta en escena de La Traviata, Manon Lescaut, Juana de Arco en la hoguera, El Murciélago y Luisa Fernanda.

Fue condecorado como Chevalier dans l’Ordre des Arts et Lettre que otorga el gobierno de Francia.

Con el retorno a la democracia fue nombrado Director General del Teatro Colón. Participó en la película Camila de María Luisa Bemberg, y dirigió Las relaciones peligrosas con Oscar Martínez y Cecilia Roth.

Falleció el 2 de abril del 2000 en Buenos Aires. 

 

1939

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En 1939 se estrenó en el Teatro Cervantes la pieza Ollantay de Ricardo Rojas. La Dirección General del espectáculo estuvo a cargo de Antonio Cunill Cabanellas, la coreografía fue de Mercedes Quintana y la escenografía de Gregorio López Naguil.

Por este motivo, los alumnos del primer año de la Escuela de Bellas Artes Manuel Belgrano entregaron un pergamino de reconocimiento a Ricardo Rojas. En la fotografía se los puede ver a Eduardo Lerchundi, Enrique Moggo, Cecilio Madanes y al autor homenajeado en la biblioteca de su casa.

 

1941

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Nombre del espectáculo: BELLAS ARTES EN ESCENA
Fecha de estreno: 19 Septiembre 1941

REPARTO
Alumnas:
Clarita Guerrero
Nelly M. Elena
Nelly F. Grun
Marta J. Grun
Beatriz A. De Girolamo
Leopoldina Schicht
Carmen Fernández
Adelina Giachino
Susana Dourge
Myriam N. Ficazzola
Clotilde Freire

Ex alumnas:
Juanita Jousten
Alvira Opero

Alumnos:
Jorge Brito
Armando Aragón
Eugenio Cortés
Yerbant Chalekian
C. Eduardo Lerchundi
León Antón
Cecilio Madanes

Escenografía: Jorge Brito, Armando Aragón
Luces: León Antón, Yerbant Chalekian
Vestuario creado por: C. Eduadro Lerchundi
Maquillaje: Nerón
Sonido: J. Signone y E. Cortes
Dibujo de la tapa es original de N. Maltz
Artefactos eléctricos: Casa Joachin
Muebles y Utilería Teatral: Puig y Frasc No

CREADOR Y DIRECTOR
Cecilio Madanes

SALA
Casa del Teatro, hoy Teatro Regina

 

1944

Nombre del espectáculo: LA FARSA DEL LICENCIADO PATHELIN
Fecha de estreno: 1945

REPARTO
Leopoldo Torres Aguerro
Leopoldina Schicht
José M. Duval
Luis V. Ceriani Martini

Autor: Anónimo
Traductor: Rafael Alberti
Escenografía: Cacho Carcavallo
Diseño de vestuario: Eduardo Lerchundi
Producción: Teatro de Bellas Artes

DIRECCIÓN
Cecilio Madanes

SALA
Teatro Presidente Alvear

 

EN ESCENA

 

PRENSA

PATHELIN, TEOBALDO, GUILLERMITA

De la fotografía superior: Estos modelos de la ropería perteneciente al misterio medioeval “La puarse du maitre Pathelin”, llevada a escena por el Teatro de Bellas Artes en el Teatro Presidente Alvear, fueron diseñados por E. Lerchundi, profesor de pintura.

Los personajes son Pathelin (Leopoldo Torres Aguero), Guillermina (Leopoldina Schicht) y Teobaldo (Jose M. Doval).

 

Escena de “La farsa del licenciado Pathelin”, representada en el Presidente Alvear por el conjunto Teatro Experimental de Bellas Artes.

 

Claro está que el mérito corresponde en su mayor parte al Teatro Experimental de Bellas Artes. El espectáculo anoche brindado justifica su denominación, pues conjugó muchas sugestiones de hechizo en torno a la obra de encanto, desde los hermosos trajes sobre dibujos de Eduardo Lerchundi hasta los decorados evocadores debidos a F. A. Carcavallo, sin olvidar la música de arpa del siglo XV grabada por Marcel Grendjany.

Sin olvidar tampoco a la interpretación en sí, ajustada y movida. El director del conjunto reservóse el papel del comerciante, Leopoldo Torres Agüero encarnó con vivacidad al “licenciado”, José M. Doval al pastor que bala como uno de sus corderos -valiéndose de ellos para engañar al resto de los personajes-, y Luis V. Ceriani Martini fue un “juez” muy “responsable”, como cuadraba a su investidura… El único papel femenino fue desempeñado dentro de la armonía general, por Leopoldina Schicht.

 

TESTIMONIO
CECILIO MADANES

“Empecé en 1943. Yo era alumno de la Escuela Prilidiano Pueyrredón, y con mis compañeros de Bellas Artes, en lugar de la fiesta de la primavera, decidimos montar una obra. En mi casa se leía “Sur”, la revista de Victoria Ocampo; la recibían mis hermanas, “las intelectuales” y yo descubrí una obra anónima La farsa del Licenciado Pathelin, que me pareció muy divertida.

Apareció sin acotaciones, totalmente anónima, traducida por Rafael Alberti y María Teresa León, y decidí elegirla para representarla en el Teatro Presidente Alvear. Antes de hacerse el espectáculo se organizó un conjunto de croquis, en los que estudiantes dibujaron a Mecha Quintana o a Renata Shottelius, y otros bailarines, con lo que recolectamos el dinero que nos permitió hacer la puesta. Fue la primera vez que hice teatro, ya que nunca antes lo había hecho.

Preparé la obra con unos amigos míos, hoy casi todos famosos: Cacho Carcavallo hizo la escenografía, Lerchundi el vestuario, Torres Aguero el papel protagónico.

La carátula de los programas de la primera función en el Teatro Alvear eran originales de Spilimbergo, Raquel Forner, Berni, y costaban cinco pesos cada uno. Esa noche me di cuenta de que algo pasaba conmigo: en la platea estaba lo más selecto del ambiente artístico, de la pintura y la plástica, y nadie se rió ni me silbó. Por el contrario, todos aplaudieron.”

 

1952

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Durante el rodaje de “La corona negra”: Cecilio Madanes (asesor artístico), María Félix (protagonista) y Luis Saslavsky (director)

 

1956

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LA MUJER, EL MARIDO Y LA MUERTE

Comedia en 3 actos original de André Roussin
Traducción de Annie Cahen Salaberry
Teatro Liceo
Compañía Luisa Vehil
Fecha de estreno: 26 Abril 1956

REPARTO
Arlette (Luisa Vehil)
Sebastián (Osvaldo Terranova)
Kiki (Fernando Heredia)
Julia (Paquita Vehil)
Percier (Cayetano Biondo)

Escenografía de Federico Padilla
Dirección: Cecilio Madanes

En el Liceo, Luisa Vehil estrenó la farsa-comedia-pochade-drama-vaudevil “La mujer, el marido y la muerte”.

André Roussin de quien hemos conocido tantas otras muestras de valor no acierta en el ritmo a otorgar a esta producción suya y oscila permanentemente de uno a otro como si quisiera demostrarnos su habilidad en estos “excersices de style”.

Debemos reconocer que su maduro oficio de comediógrafo sale airoso de la prueba. El diálogo tiene muchos momentos felices y las situaciones están hilvanadas con fluidez. Pero eso no basta para crear una pieza de mérito. Su continuo rotar de una a otra forma de expresión teatral llega a desconcertar al espectador sin ganarlo.

Hay muchos momentos en que la diferencia entre la escena tierna, la de suspenso real y la francamente cómica es tan leve que pasa inadvertida. La construcción misma de la obra se resiente por la repetición de situaciones resueltas con muy pocos cambios. Esa misma repetición que tan bien explotó el mismo autor con tanta gracia en “Bobosse”, por ejemplo, aquí no tiene justificación posible.

Al bajar el telón del segundo acto la pieza ya ha adquirido un desarrollo tan monótono que el público empieza a pensar si podrá soportar el tercero. Probablemente también el autor pensó en ello. Y para remediarlo no encontró otro recurso que cae en lo francamente vaudevilesco luego de haberse mantenido en un tono oscilante entre el de la pieza policial americana y la comedia boulevardesca francesa. Para redondear esta acumulación de desaciertos completa la pieza con un desenlace que hace cien años hubiera tal vez asombrado a nuestros abuelos.

Es lástima que Roussin no haya encontrado el camino apropiado para desarrollar la idea de esta pieza pues el tema se prestaba para un ingenioso desenvolvimiento. Él mismo dijo con acierto: “Esta historia hubiera dado a Maupassant el tema de un cuento admirable”. Con tema menos atrayente consiguió Roussin interesantes aciertos. Esta vez, en cambio, lo desperdició lamentablemente.

Interpretes y dirección. Luisa Vehil, a cargo del papel protagónico, desplegó sus amplios recursos para disimular su endeblez. A pesar de todo, poco pudo hacer para conseguir dar a su parte la brillantez que la letra no le había otorgado. Fue la buena actriz de siempre, aunque ahogada por la inconsistencia del papel.

Fernando Heredia erró el personaje. Su interpretación fue falsa en todos sus aspectos, sobre todo porque sus condiciones de actor no se avenían a la vena del personaje. Aplaudimos la disciplina de Heredia al haber aceptado este pintoresco hermano, tan lejos de su cuerda, pero no podemos dejar de expresarle nuestra disconformidad en cuanto a su forma de darle vida. Con todo, en el último acto, logró afirmarse en una extensa escena de neta concepción farsesca.

Osvaldo Terranova fue, para nosotros, la revelación de la jornada. Conocíamos su capacidad para componer con mesura y sobriedad personajes episódicos y otorgarles una precisa fisonomía. Pero aquí cubre uno de los roles de más responsabilidad de la comedia y sale del paso con airosa seguridad y brillante aplomo.

Paquita Vehil, sólo correcta, y Cayetano Biondo, sin mayor relieve, completaron el reparto.

Cecilio Madanes, a cargo de la dirección, se contentó con seguir y acentuar los desaciertos del autor. Correctos los decorados de Federico Padilla.

C. M.

 

1957

 

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Fotografía: Annemarie Heinrich.

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El 18 de Diciembre de 1957 Cecilio Madanes inaugura el Teatro Caminito. Con un elenco relativamente estable, dirige piezas de Goldoni, Molière, Nalé Roxlo, Lorca, y Shakespeare, entre otros. Baja por última vez el telón en 1973.

 

1959

Green Bay Press – Gazette
June, 26, 1959

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Artists and Statesmen – In the shot above left, Madanes smiles for the camera as he talks with his host, Gordon Parmentier. The two met when they were studying in Paris. Since Madanes’ English is not fluent and Parmentier’s Spanish is about the same, they converse in French. (Press-Gazette).

 

Artistas y estadistas: En la fotografía de arriba a la izquierda, Madanes sonríe para la cámara mientras habla con su anfitrión, Gordon Parmentier. Los dos se conocieron cuando estudiaban en París. Dado que el inglés de Madanes no es fluido, y el español de Parmentier de idéntico nivel, conversan en francés.

 

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Outdoor Theater – Shown above is a portion of the crowd attending a performance of Cecilio Madanes’ Caminito Theater. These people are sitting on chairs set up in an alley in the La Boca waterfront district of Buenos Aires. Caminito, which means “little street,” is set up right in the middle of a road and uses the surrounding homes for background. The masts of ships in the harbor nearby are visible over the housetops and also add to the overall effect. “Why not?” Madanes asked. “Shakespeare did it.”

 

Teatro al aire libre: arriba se muestra una parte de la multitud que asiste a una presentación del Teatro Caminito de Cecilio Madanes. El público sentado en sillas instaladas en un callejón en el distrito costero de La Boca en Buenos Aires. “Little street” que significa “pequeña calle”, se establece justo en el medio de un callejón y utiliza las casas circundantes como fondo. Los mástiles de los barcos en el puerto cercano son visibles sobre los techos de las casas y también se suman al efecto general. “¿Por qué no?” Preguntó Madanes. “Shakespeare lo hizo”.

 

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Cecilio Madanes dirige Miércoles de ceniza de Luis G. Basurto. Cubren el rol principal dos grandes actrices, alternativamente: los miércoles, viernes y domigos lo hará Tita Merello; y los martes, jueves y sábados el personaje será cubierto por Eva Franco.

Por contrato, ambas actrices no podrán hablar entre ellas. Ni consultar a los técnicos ni colaboradores sobre el modo en que la otra actriz aborda el papel durante los ensayos.

Esta estrategia resulta un claro ejemplo de las habilidades de Madanes para crear expectativa en la prensa y el público. Sus propuestas ofrecen siempre una singularidad que excede los límites del escenario.

En este caso, dos enormes y reconocidas intérpretes harán el mismo papel durante la misma temporada, generando rivalidad e intriga entre ellas, y atrayendo a periodistas y espectadores a un doble circuito de asistencia.

 

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Nombre del espectáculo: MIÉRCOLES DE CENIZA
Fecha de estreno:

REPARTO
Tita Merello – Eva Franco
Héctor Méndez
Ana Arneodo
Elsa Piuselli
Carlos Romero
Paula Darlan
Juan Carlos Palma
Menchu Quesada

Autor: Luis G. Basurto
Escenografía: Félix René Bruzzoni, Juan José Saavedra
Asistente de Dirección: Ricardo Luna
Fotografías: Annemarie Heinrich

DIRECCIÓN 

Cecilio Madanes

SALA
Teatro Buenos Aires

 

1960

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Nombre del espectáculo: ASÍ ES LA VIDA
Fecha de estreno: 29 Marzo 1960

REPARTO
Alicia Bellan
Renee Monclaire
Eva Franco
Héctor Sturman
María Inés Maderal
Carlos Fioriti
Luis Arata
Amelia Bence
Santiago Arrieta
Miguel Ángel Martínez
Alicia Anderson
Fernando Siro
José María Fra
Mario Giusti
Miguel Ligero
Matilde Murziez
Nené Malibrán
Miryam van Wessen
Tino Pascali
Ricardo Darín
Rogelio Romano
Aída Villadeamigo

Autores: Arnaldo Malfatti, Nicolás De Las Llanderas

DIRECCIÓN
Cecilio Madanes

SALA
Teatro Odeón

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ANTE UNA FERVIDA REPOSICIÓN

Lo que más importa con relación a esta solícita reprise de “Así es la vida” reside en el hecho de acudir con algún fervor (acaso en virtud de un llamamiento hacia deberes esenciales sugeridos por las efemérides sesquicentenaria) a que se tenga más presente el teatro argentino.

El cual existe y subsiste, a pesar del cúmulo de circunstancias de orden artístico y de orden mercantil que le han hecho perder posiciones y jerarquía. Tanto existe, que ya la perspectiva del tiempo está permitiendo revisiones de valores. Tanto subsiste, que vibra el afán de autores nuevos y de comediantes en formación por alcanzar el brillo de horas pretéritas. Y sin embargo, no deja de ser paradójico que sea menester señalar a título de acontecimiento excepcional un acto de culto a nuestro repertorio, esta vez a favor de una comedia llana, de espontánea vena, la de Malfatti y De las Llanderas, la cual en su momento se apoyó en el arraigo popular del elenco de Muiño-Alippi.

Hay veteranos legítimamente consagrados entre los intérpretes de hoy, quienes como los demás entienden sin duda, evocar y rendir homenaje a un celebrado rubro de ayer y a lo que significaba entonces el tendido esfuerzo localista; del mismo modo que un director hecho a otras disciplinas se ha puesto a buscar el eco de aquellos acentos.

Ámbito celebratorio y propiciatorio el de la tradicional sala del Odeón, cuyo nostálgico historial registra austeras lecciones escénicas, reclamadas por la curiosidad universal de una gran capital. La dosis de humanidad universaliza una comedia que refleja usos y costumbres y tipos de ambiente. Bien puede este intento trocarse en reivindicador testimonio. Vehementemente lo deseamos.

Edmundo Guibourg

Presidente de la Asociación de Críticos Teatrales de Buenos Aires.

 

La Prensa
14 Febrero 1960

OPINA EL DIRECTOR CECILIO MADANES

Toca hoy contestar, en la encuesta iniciada en estas páginas, a los directores de teatro en actividad. Hoy, Cecilio Madanes.

¿Cómo ve la temporada de 1960? –preguntamos.

El año ha comenzado en forma muy promisoria. Además de Caminito existen tres teatros más al aire libre. Schiller, Aristófanes, García Lorca, son nombres que dan una pauta si se considera que estamos en pleno verano.

Para mediados de marzo se anuncian espectáculos de Delia Garcés, López Lagar, Luisa Vehil, Cibrián-Campoy, etcétera, con obras del repertorio universal; y la Comedia Nacional cuenta entre sus planes con una representación extraordinaria de Federico García Lorca, en la que participará María Casares, con la dirección de Margarita Xirgú.

Pienso que una Capital de tres millones de habitantes puede darse por satisfecha, más aún si a todo ello, sumamos los espectáculos de teatro independiente.

¿Cuáles son sus planes para este año?

Por lo pronto seguir con Caminito hasta el 30 de Abril.

Nosotros hemos informado que firmó contrato con la empresa el Odeón. ¿Qué puede agregar?

Es verdad, se me ha contratado para dirigir durante esta temporada. Dirigiré la parte artística, sin que esto signifique que seré yo el único que montará espectáculos. En algunos me limitaré a seleccionarlos y supervisarlos. El contrato no me permite hacer cine ni televisión, y me inhibe también para hacer teatro en otras salas.

¿Qué hará con Caminito?

Existe una excepción, y se me permitirá preparar y dirigir la próxima temporada al aire libre. Como ya ustedes lo han dicho, en el Odeón comenzaré con  la reposición de la comedia de Nicolás de las Llanderas y Arnaldo Malfatti Así es la vida, en la que intervendrá un reparto de primeras figuras, tales como Mario Fortuna, Eva Franco, Santiago Arrieta y otros que no mencionaré, pues los contratos serán firmados esta semana.

 

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De pie: Héctor Sturman, Alicia Bellán, María Inés Maderal, Amelia Bence. Sentados: René Monclaire, Eva Franco, Luis Arata.

 

¿Por qué eligió esa obra?

Será un homenaje al 150˚ aniversario de la Revolución de Mayo y en recordación de sus creadores, Muiñio y Alippi, verdaderos pioneros de nuestro teatro, sobre todo este último.

¿En que quedó su anunciado proyecto de montar J.B.?

Se dará como segundo espectáculo. Será un estreno exclusivo para toda América Latina y España. J.B., la obra del gran poeta estadounidense Archibald Macleish, será traducida por Silvina Ocampo.

La obra está considerada entre las mejores piezas de la escena norteamericana.

Debo agregar que además de las representaciones en el Odeón, serán estrenadas conciertos, ballets y espectáculos extranjeros.

¿Qué hay de su anunciado proyecto de presentar un espectáculo en la quinta de Pueyrredón, en San Isidro?

Está a punto de ser concretado Luces y sombras de San Isidro con libro de Victoria Ocampo, donde intervienen solamente las voces de los principales intérpretes del teatro argentino y un juego de luces. Se podrá llevar a escena gracias a unos equipos muy importantes que se traerán de Holanda, y el espectáculo estará incluido entre los del festejo para el 150˚ aniversario de la Revolución. Artistas, músicos, técnicos y demás colaboradores aguardan el consentimiento gubernamental.

 

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Mario Giusti, Luis Arata, Miguel Ligero, María Inés Maderal y Eva Franco.

¿Cómo ve los problemas de nuestro teatro?

Por desgracia siempre han existido. Creo que este año, gracias al amor por el teatro del actual intendente don Hernán Giralt, están próximos a solucionarse.

¿Está por el apoyo estatal?

Creo firmemente en el auspicio nacional o municipal, y en la ayuda económica del Fondo de las Artes. Tanto uno como otro han apoyado o subvencionado a cuanto artista les llevara una idea o un problema, y fueran capaces de  realizar una empresa artística seria.

Creo que deben existir estos auspicios; pero evitar, eso sí, que con el dinero del Estado se improvise. Este año, por ejemplo, se han suprimido impuestos municipales. Esta medida debiera ser imitada por los gobiernos provinciales para favorecer las giras.

El Estado debe propender a que el teatro llegue  a todos los rincones del país, pero que llegue sin cambios ni alteraciones. Se deberían dar pasajes gratuitos u ofrecer grandes rebajas y permitir toda clase de ventajas para las compañías que salen en gira.

Hay que luchar para que los actores y demás colaboradores ganen buenos sueldos, y evitar de esa manera que deban comprometerse especialmente con la televisión, donde se exige menos y se paga más.

¿Qué soluciones concretas propone?

Una podría ser la de otorgar premios, tal como se hace en el cine argentino.

 

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Eva Franco.

¿De dónde saldrían esos premios?

Si cada espectador que concurriera al teatro, ya sea pagando o gratis (tragedia de nuestra escena: al teatro hay que ir gratis, pero al cine hay que pagar) abonara un peso sobre el valor de la entrada, a fin del año la suma recaudada serviría para ello.

Argentores podría ocuparse de este trabajo y depositar la suma en una cuenta especial. Un jurado constituido anualmente por críticos, autores, directores, etcétera, que no hayan intervenido ese año en la competencia –esto último es muy importante– otorgaría un premio en efectivo al mejor actor, director, revelación de reparto, músico, coreógrafo, etcétera.

Estos premios que se distribuirían al comienzo de la siguiente temporada en una función de gala, darían como resultado inmediato el estimulo para una superación y una sana rivalidad entre los responsables de la temporada.

Se beneficiaría de esta manera a los que trabajamos para el teatro y al público que habría participado en sus premios, y que seguiría con interés esta competencia.

 

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Amelia Bence, Fernando Siro y Eva Franco.

¿Algo más?

Se debiera crear un centro de estudio, en el que los más reconocidos actores y directores profesionales dieran clase a las nuevas generaciones, donde aprenderíamos yo también me incluyo a superarnos cada día. De este modo, no se leerían ni se verían, como ocurre con frecuencia, proyectos o espectáculos preparados para ahuyentar de las salas al espectador confiado.

 

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Temporada 1960, en el desaparecido Teatro Odeón, con “Así es la vida”, junto a Luis Arata, Eva Franco, Santiago Arrieta, Miguel Ligero, dirigidos por Cecilio Madanes.

 

 

IMG_4572Correo de la tarde
21 Febrero 1960

CECILIO MADANES Y SU PASIÓN POR EL TEATRO

Hacía mucho tiempo que deseaba entrevistar a Cecilio Madanes. Necesitaba saber que es lo que había impulsado a ese espíritu sensible a luchar tanto, hasta lograr un verdadero mundo de belleza para el teatro argentino.

Y ya frente a él le pregunté: Dígame Cecilio ¿Qué es lo que representa el teatro para usted? La contestación surgió vibrante y  profunda.

-Amo al teatro desde mi infancia. Las noche en el Odeón cuando desde el paraíso contemplaba la magia del escenario, siguen viviendo en mí. Quise ser un gran pintor y no lo fui. Pero mientras estudiaba en la escuela de Bellas Artes con mi compañero Torres Agüero, preparamos entre los dos una pieza de teatro. Era la falsa “Maitre Pathelin”, una pequeña joya anónima del siglo XV. Yo desempeñaba el papel de Guillermo, el pañero.

La representamos en el presidente Alvear y en el Nacional de Comedia. Desde entonces mi vida se transformó. Ya no abandonaría el arte nunca más. Luego fui asistente de director de Daniel Tinayre (A sangre fría) y de Mario Sóffici (La gata) pero en 1947 comprendí que debía partir a Francia.

Allí junto a los actores, poetas aprendí mucho. Todo lo que había soñado existía de verdad. Trabajé incansablemente para subsistir. Hice cortometrajes para la televisión americana sobre motivos inspirados en los puentes de Paris.

Intenté además toda clase de oficios. En España tuve ocasión de trabajar con Gassman. Así, permanecí ocho años, pero una gran nostalgia me hizo regresar. Quería ver a los míos. Lo demás ya lo conoce.

Caminito es ahora todo lo que poseo. Mi cuarto puede estar desarreglado, mi vida puede ser agitada, pero mi Caminito permanece siempre puro. Y si algún día no pudiera hacer en mi país el teatro, como yo lo siento y lo concibo, llevaría conmigo a Goldoni, a Molière, a García Lorca y a un autor nuestro. Viajaría con ellos por los países latinoamericanos hasta llegar a España pasando por Nueva York.

He querido llenar de alegría a mi ciudad, pués pienso como Oscar Wilde que todo puede justificarse menos el aburrimiento.

-¿Por qué eligió “Así es la vida” para la temporada del 1960?

-Porque estoy enamorado de la pieza. Solo cuando me enamoro puedo crear. He rechazado ofertas muy interesantes para consagrarme de lleno a este espectáculo. He aceptado todas las imposiciones de la empresa productora. Fuera de “Así es la vida” sólo seguiré este año con Caminito. Considero que es una obra perfecta para el Odeón. Respetaré el texto íntegramente. Quiero que sea un digno homenaje a quienes la inmortalizaron. Sus tres épocas: 1905, 1916 y 1934 volverán a vivir plenamente.

Para el reparto que contará con figuras muy queridas de nuestra escena, hemos contratado además de Mario Fortuna, Eva Franco y Santiago Arrieta, a numerosos intérpretes, profundamente compenetrados del espíritu evocativo y porteño de la obra.

Creo que un trozo muy emotivo y auténtico de la tradición argentina llegará al público en su forma más intensa.

Y así sus sueños de la infancia se han convertido en realidad.

-Ve-me dice, el tiempo ordena todas las cosas. Se tardan muchos años, toda una vida quizás, pero finalmente el hombre llega a crear lo que estaba proyectando en su mente.

Sin embargo siempre pienso que recién empiezo. ¡Es tanto aun lo que quiero y debo hacer para el teatro argentino!

Cecilio Madanes, poeta de nuestro teatro, lo llevará aun más lejos. Y los que vivimos día a día la emoción del escenario nos sentimos identificados en él. Me despido agradecido y realmente contento de haberlo entrevistado.

Jack

 

1961

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Diario La Razón
13 Setiembre 1961

TITA, HUGO Y EL ÉXITO

En el desorden de un ensayo puede descubrirse el mecanismo que se pone en marcha para fabricar un éxito teatral. Grandes nombres, figuras que casi nunca actuaron juntas, una presentación suntuosa y un director con ocurrencias brillantes. Es lo que se ha reunido en el Teatro Avenida: Tita Merello, Mariano Mores, Hugo del Carril, Tato Bores, María Antinea, y un grupo de jazz; tres docenas de músicos, dos de bailarines y ocho modelos forman parte del espectáculo. Se espera recaudar por lo menos ocho millones de pesos mensuales. La ansiada repercusión reposa sobre las espaldas de Cecilio Madanes, es el encargado de idear los recursos necesarios para la gran atracción teatral. Por hacerlo cobrará, aproximadamente, cien mil pesos mensuales.

Mientras un maquinista golpea en uno de los palcos (colocando farolitos virreinales), en el escenario un grupo de jóvenes disfrazados de gaucho, zapatea frenéticamente un malambo. La sala está oscura y solo se distinguen algunos sombreros exóticos o el brillante calzado de bailarinas con las piernas enfundadas en delgadas mallas.

A su vez, en el foso, un grupo de músicos en mangas de camisa ensaya una melodía que  tiene muy poco que ver con cuanto ocurre a su alrededor. El único que parece moverse con cierto control de sí mismo, en medio del desordenado estruendo del ensayo, es un hombre de unos 35 años de edad, con calvicie pronunciada, grueso, y sonriente. Se llama Cecilio Madanes y es el encargado de organizar (“visualizar” es la palabra que emplea) el espectáculo musical que presentará el Teatro Avenida.

La empresa no es tan original como arriesgada. Es probablemente uno de los espectáculos más caros que se han inscripto últimamente en la cartelera porteña. Algunos de los nombres más celebrados en estos momentos forman parte del mismo: Tita Merello, Hugo del Carril, Mariano Mores, María Antinea, Tato Bores; un grupo de jazz, 24 bailarines, 40 músicos, 8 modelos y un coro son los elementos de atracción con que se espera compensar el despliegue empresario que pone de manifiesto Estrellas en el Avenida.

El proyecto no es accidental: detrás del mismo están estas palabras reveladoras: “El teatro tiene que defenderse de la TV. Sobre todo este tipo de teatro para esparcimiento. A la gente es difícil sacarla de se casa un martes o un miércoles. El único modo de llamarla es este: despliegue con muchas figuras. El teatro tiene que dar lo que la TV no puede”. Quien las pronuncia es el empresario financista, un hombre maduro (esposo de María Antinea) y que cuenta en su haber con algunas “proezas” empresarias (trajo a Diana Ross y Sarita Montiel). Habla de su oficio como un comerciante apto y suele referirse a los actores como cosa de su propiedad (“Hugo del Carril es una garantía de éxito. Lo mandé viernes, sábado y domingo a Córdoba y me trajo un millón cien mil. Brillante”).

La idea se concretó de este modo: reunir a grandes figuras, que casi nunca actúan juntas, e idear una representación liviana y brillante. Los productores del teatro advierten ya que el público, en un cierto sentido, ha evolucionado y no se conforma solo con ver a Tita Merello entonando un tango o a Tato Bores repitiendo sus recursos humorísticos de la televisión.

“Tiene que ser algo que deslumbre explica el empresario Kotliarenco por eso llamé a Madanes. A mí me gustó mucho lo que hizo con Así es la vida. Es una persona que tiene buen gusto y sabe ordenar las cosas”.

A esas figuras, agregó entonces Madanes, algunos decorados llamativos (uno diseñado por una arquitecta argentina sobre los efectos de Calder) y desarrolló los trece números del espectáculo sobre distintos colores.

Además cuidó la disposición de los bailarines en los números de conjunto y aconsejó a Tita Merello y Hugo del Carril sobre la forma en que tienen que realizar su sketch. Por todo ello cobrará alrededor de cien mil pesos mensuales durante el lapso que se mantenga el espectáculo en  cartel.

“Voy a ganar más de lo que gané en toda mi vida.”

Todos los que intervienen han sido contratados con un sueldo determinado, razón por la cual el único que soporta financieramente la empresa es Kotliarenco. El montaje cuesta unos cinco millones de pesos.

“Todo lo que Madanes me pidió se lo compré. No quiero que por un detalle pueda fracasar el espectáculo. La consigna no es ahorrar. Esa cortina vale cien mil pesos; cada uno de los modelos que sacarán esas señoritas cuesta algo así con veinte mil pesos. Les mandé hacer a los muchachos smokings de medida para todos. Uno de los telones fue pintado sobre el modelo de un cuadro de Quinquela, el que está en el vestíbulo de La Casa del Teatro.

Le digo cinco millones sin considerar el sueldo de los actores. Para cubrir todo voy a tener que recaudar más de siete millones de pesos por mes. Como el espectáculo dura menos de dos horas vamos a tratar de hacer varias secciones por día. La platea costará 150 pesos, y el teatro tiene una capacidad de 1.500 espectadores más o menos.”

A Tita Merello la experiencia le gusta: “Todo lo que sea estar en un escenario me interesa, vuelvo al género en el que me hice. Me recuerda aquellos tiempos en que en los programas de revista aparecía un recuadro: “Cantante de Tango: Tita Merello”. Claro que los tiempos cambiaron, ya no hay que pelear por el cartel como entonces. No hice problemas por el lugar en el que se me colocaría. A mí me interesa trabajar en este escenario, primero, porque es lo único que sé hacer: teatro, y además porque todavía necesito ganarme la vida”.

Mariano Mores ha compuesto una partitura especial para todos los números: tangos y chotis irán del brazo para conformar las modalidades de Hugo del Carril (estrenará “Porque te quiero tanto”) y Maria Antinea (cantará y bailará rodeada por veinte bailarines).

“Todo lo organizamos de este modo narra Cecilio Madanes, como yo no sé leer música, Mariano me toca las melodías y yo me imagino la presentación. El plan general ya lo había dibujado antes de irme al Brasil, hace tres meses. Yo siempre dibujo mis espectáculos antes de ensayar con los actores.”

Este tipo de teatro ¿lo seduce?

Muchísimo: el ideal mío era precisamente montar una gran comedia musical, con despliegue y suntuosidad. Aquí estoy muy conforme. Si después de gastar lo que le he hecho gastar a  Kotliarenco no es un éxito, van a empezar a dudar de mí.

¿Le gusta más que el teatro Caminito?

¿Usted es casado? interroga a su vez Madanes al cronista.

Sí.

Bueno, para mí Caminito es algo así como para usted su esposa, ¿comprende?

 

Platea
Septiembre 1961

LO TRÁGICO

a) Que la Callas cantara “Aída” dirigida por Meneghini.

b) Que Eichmann veraneara en el mes de enero en Piriápolis.

c) Que para retribuir las atenciones recibidas en Tokio, Frondizi dijera un discurso en japonés.

 

LO CÓMICO

a) Que no me permitan seguir con “Caminito” por decreto 9876543210 de folio 1234567890, resolución 0102030405 06070809010.

b) Que a Jorge L. Borges se le retire el cargo de director de la Biblioteca Nacional por falta de “cultura”.

c) Que Joan Crawford autografíe todas las tapitas de Coca-Cola y nada más que de Coca-Cola.

Madanes

 

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Portada de libreto para Televisión.

NOTICIAS DE LA OFICINA DE LA PRENSA DE CANAL 9

“ÉXITOS DE BUENOS AIRES” ofrecerá en su próxima emisión una inolvidable obra:

“LA ZAPATERA PRODIGIOSA”

Amor, celos, desencuentros, y una taberna que en el epicentro de las habladurías de la gente. FEDERICO GARCÍA LORCA, raíz vital de la lengua, de vida a un aluvión de pasiones, dejando en descubierto el infierno grande de su pueblo chico.

REPARTO
Beatriz Bonnet
Raúl Rossi
Jorge Luz
José María Vilches
Miguel Jordán
Juan Carlos Lima
Germán Vega
Marcelo Chimento
María Esther Corán
Amalia Scaliter
Mirta Moreno
Hilda Viñas
Edelia Rosso

ADAPTACIÓN Y PUESTA EN ESCENA
Cecilio Madanes

DIRECCIÓN
Nicolás del Boca

Se irradiará el 1º de Mayo, a las 21:30 horas.

 

Diario Correo de la tarde 
12 Noviembre 1961

EL TEATRO CAMINITO FUE CONTRATADO PARA LA TV

Cecilio Madanes firmó contrato con Canal 9, se exportarán obras grabadas del conjunto.

Teatro Caminito al video

Canal 9 acaba de firmar contrato con Cecilio Madanes, director del Teatro Caminito, para llevar al video todas las obras del repertorio del famoso conjunto. Las representaciones se harán en grabaciones con el objeto, previsto por Madanes, de llevarlas a la TV en otros países americanos. En principio canal 9 firmó contrato para una sola obra, que sería Una viuda difícil, de Conrado Nalé Roxlo, por 200.000 pesos. 

 

1965

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Diario La Prensa

21 Marzo 1965

TEATROS AL AIRE LIBRE

Los teatros al aire libre se han convertido ya en una nota característica de Buenos Aires. Todos los años un parque, una calle o cualquier otro lugar apropiado es invadido por estos agradables espectáculos sin techos ni paredes.

Cuando la temporada teatral termina en esta capital, al iniciarse el verano, abren sus puertas estos teatros que ofrecen al espectador, además de buenas representaciones, un clima agradable sin necesidad de refrigeración.

La falta de los medios técnicos que pueden hallarse en una sala cerrada es reemplazada por el ingenio de los organizadores de estos espectáculos; y el cielo, los árboles, las casas con sus balcones y hasta un antiguo puente de La Boca forman parte de la obra, transformándose en escenarios naturales.

Sainetes de ayer y de hoy se llamó el espectáculo ofrecido por el Nuevo Teatro Bonorino en el Parque Chacabuco. Con la dirección de Néstor H. Ameijeiras y Osvaldo Calatayud se representaron La perra vida, de Roberto Cayol; El diablo en el conventillo, de Carlos Pacheco; A las tres de la mañana y El cine, de Enrique Wernicke.

Tosca de Puccini, en el anfiteatro del Teatro Colón en el Parque Centenario.

La carreta sin Dios, estampa dramática en tres actos de Carlos Luis Serrano, cuya acción transcurre en los alrededores de Chascomús en 1839, fue la puesta en escena por el teatro La Ranchera en el Parque Rivadavia (En el barrio de Caballito). La obra que se desarrolla en el campo, permitió aprovechar el sugestivo ambiente de los árboles del paseo.

La pérgola de las flores, comedia musical chilena de Isidora Aguire y Pancho Flores fue montada este año en el ya clásico Teatro Caminito bajo la dirección de Cecilio Madanes. Verdadero suceso del teatro al aire libre.

Julio riestra ha muerto de Luisa M. Levinson. Esta pieza se representó con la dirección de Carlos Muñoz y música de Astor Piazzola, interpretada por su quinteto “Nuevo Tango”. El centro de la Boca, a pocas cuadras de la Calle Caminito fue el ámbito apropiado para este “tragi-sainete”.

Tartufo de Molière fue presentado en el Jardín Botánico por el Grupo del Sur dirigido por Lyde Lisant, Luis Diego Pedreira, Carlos Gorostiza y Jacob Mirelman.

 

Nombre del espectáculo: LA TRAVIATA
Fecha de estreno: 26 Abril 1965

REPARTO
Anna Moffo
Sofía Luisa
Carlos Cossutta
Renato Sassola
Marcos Cubas
Gabriel Bacquier
Norberto Carmona
Africa de Retes
Raquel Zipris
Consuelo Ramos
Ernesto Gasco
Italo Pasini
Bruno Tomaselli
José Crea
Ricardo Yost
Juan Zanin
Mario Verazzi
Guerrino Boschetti
Virgilio Tavini

Libro: Francesco María Piave
Música: Giuseppe Verdi
Escenografía: Miguel Ángel Lumaldo
Vestuario: Eduardo Lerchundi
Coreografía: Jorge Tomin

ORQUESTA Y DIRECCION:
Orquesta Estable del Teatro Colón
Juan E. Martini
Manfredi Argento

REGIE
Cecilio Madanes

SALA
Teatro Colón

 

 

 

EN ESCENA

 

1966

Nombre del espectáculo: MANÓN LESCAUT
Fecha de estreno: 10 Julio 1966

REPARTO
Montserrat Caballé
Lydia de la Merced
Gian-Piero Mastromei
Bruno Tomaselli
Richard Tucker
Bernabe Martí
Ralph Telasko
Juan Zanin
Horacio Mastrango
Enzo Betti
Mario Verazzi
Eduardo Ferracani
Carmen Burello
Tota de Igarzabal
Nino Falzetti
Nait Nait
Per Drewsen
Tulio Gagliardo
Guerrino Boschetti
Walter Maddalena
Pino de Vescovi

Compositor: Giacomo Puccini
Libreto: Marco Praga, Domenico Oliva, Luigi Illica, Giuseppe Giacosa, Giulio Ricordi, Giulio
Escenografía: Miguel A. Lumaldo
Vestuario: Eduardo Lerchundi

CORO Y DIRECCIÓN
Coro Estable del Teatro Colón
Tulio Boni

ORQUESTA Y DIRECCIÓN
Orquesta Estable del Teatro Colón
Bruno Bartoletti

REGIE
Cecilio Madanes

SALA
Teatro Colón

 

EN ESCENA

Montserrat Caballé y Richard Tucker

 

Montserrat Caballé y Richard Tucker

MULTIMEDIA

 

PRENSA

ARMONIOSA Y ELOCUENTE VERSIÓN DE “MANÓN LESCAUT” EN EL COLÓN

Tercera, por orden cronológico, de las óperas de Giácomo Puccini, “Manon Lescaut”, que después de una ausencia de 18 años ha sido repuesta por el teatro Colón, tiene para el aficionado a la lírica el interés de la primicia genuina. Muestra las cualidades distintivas de Puccini sin que falte una, y al mismo tiempo exhibe la juvenil inmadurez de su estilo, justo en el momento en que se preparaba la espléndida sazón de “La Boheme”, su trabajo de selección por excelencia.

Hasta el propio desarrollo de “Manon Lescaut” parece demostrar el rápido progreso del músico hacia el pleno dominio de sus recursos. Iniciada con un cuadro colorida y ágilmente ritmado, pero todavía algo impersonal, el acto segundo encara con firmeza una amalgama de difícil realización (dúo de Manón y su hermano, madrigal del cantante, lección de danza, dúo de amor, amenaza y dramático final) en cuyo acierto se reconoce al formidable músico de teatro que sería el autor de “Tosca” y de “Turandot”. En el acto cuarto y final, el músico ya ni siquiera necesita una escena movida: la partitura defiende sus valores por si sola, con dolientes melodías vocales y una colaboración sinfónica llena de sutilezas armónicas y nacientes refinamientos instrumentales.

Sin necesidad, pues, de internarnos en el debate -un tanto ocioso-, de la cual de las dos es la mejor “Manon”, si la de Puccini o su antecesora de Massenet, afirmamos que la primera tiene sobrados títulos para regresar a menudo a la escena del Colón, si se puede reunir al menos un elenco homogéneo como el que la repuso esta vez, adjunto a una visión escénica como la del “régisseur” Cecilio Madanes.

Homogéneo no significa enteramente parejo ni de jerarquía suprema. En el programa y en el recuerdo de los aficionados, las imágenes de Muzio, Gigli, Caniglia resultaban perturbadoras en grado casi insuperable. Pero ellas a un lado, la versión musical de este año puede conformar a un criterio razonablemente exigente. Desde luego porque Montserrat Caballé, aunque lejos de su admirable Liu de 1965, fue una cantante de entera e indiscutible solvencia. Puede atribuirse a su estado de gestante ciertas dificultades en pasajes arduos, pero ellas no impiden el disfrute pleno de una línea de canto magistralmente llevada y de los tersos “pianissimi” que sostienen válidamente su prestigio. Igualmente alejado de su estado ideal, Richard Tucker es, empero, un Des Grieux tan efectivo que no sería fácil proponerle un reemplazante de mayor jerarquía. A su cargo estuvo apresar la emoción de la sala, -reacción que hasta ese momento no habían logrado otros momentos suyos ni el depurado arte de la soprano- con la sollozante “Guardate, pazzo son…” que le valió conquistar la mayor ovación de la velada.

Glan-Piero Mastromei lució la voz más lozana del conjunto, una musicalidad impecable y un talento expresivo que nos lleva a considerar su Lescaut como un trabajo de categoría internacional, el mejor y más refinado de cuantos realizó hasta ahora en nuestro medio. En Ralph Telasko hubo que admitir cierta opacidad en la emisión a cambio de una correcta administración de sus medios y un perfil adecuado de su personaje. El tenor local Horacio Mastrango fue un Edmundo musicalmente lucido, y una vez más Nino Falzelti demostró su talento dúctil y su excelente escuela. Buena labor cumplieron Carmen Burello, José Nait, Walter Maddalena, Mario Verazzi y Tulio Gagliardo.

Bruno Bartoletti concertó y dirigió con la seguridad que es prenda de acierto en todas sus actuaciones. Quizá algunos hubiesen preferido un Puccini que les recordase más al melodista sutil de “Madama Butterfly” olvidando, quizá, que el de “Manon Lescaut” se está preparando para serlo, pero no lo es todavía. Por su parte, la orquesta estable sonó con limpidez y ajuste.

La dirección escénica de Cecilio Madanes fue una demostración de sencillez y propiedad, de lógica y naturalidad. En “Manon Lescaut” abundan las pendientes convencionales; Madanes escapó de todas ellas sin extremar el afán de originalidad. No propuso su visión escénica como un problema, no trató de protagonizar la ópera; se limitó a estar detrás de todos los movimientos confiriéndoles unidad y sentido, y lo consiguió cabalmente. Una vez más insistió en su visión monócroma de los cuadros, y una vez más acertó.

Guiados por ella, los espléndidos decorados de Miguel Angel Lumaldo (decorados que son decorados, y no personajes, que acompañan y no contradicen la acción) y los hermosos trajes de Eduardo Lerchundi complementaron plásticamente la acción.

Pero lo más señalado, a nuestro juicio, fue su dirección de actores, que permitió disfrutar -con la colaboración, naturalmente, de los cantantes- de escenas “teatrales -verídicas, no operísticas a cargo de Mastromei y Falzetti, los mejores actores de la versión.

Dayed

 

1969

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Histonium
1 Mayo de 1969

UN TABLADO PARA EL ARTE

Debajo de la foto: El teatro Caminito – de brillante actuación en Chile, Brasil y próximamente en Italia – ha puesto en escena este año con la dirección de Cecilio Madanes y escenografía de Lumaldo el clásico de Shakespeare “Sueño de una noche de verano”. Intervienen entre otros intérpretes Romano, Fioritti, Galván, Espindola, Palma, Velázquez, Sagrera.

LOS ESPECTÁCULOS  que al “aire libre”  que en las noches estivales de Buenos Aires auspicia la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires desde hace más de dos lustros, constituyen actos de real significación en la obra de promoción y difusión cultural que debe concretar el Estado en congruencia al nivel internacional en todas las facetas de la realidad estética, alcanzado por la ciudad

Debajo de la foto: El teatro “El Fortín” representa una muy acertada versión de “Nomun-Co” de Juan Carlos Ferrari, que memora la epopeya de la conquista del desierto que cruentamente realizaron nuestros compatriotas el siglo pasado.

 

1972

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Diario La Nación
9 Abril 1972

TV: noticias y comentarios

CAMINITO

Cecilio Madanes realizará para Canal 9 siete espectáculos presentados en el Teatro Caminito, que serán incluidos en el ciclo “Éxitos de Buenos Aires”. Adaptará La zapatera prodigiosa de Federico García Lorca; Una viuda difícil de Conrado Nalé Roxlo; Los millones de Orofino de Eugene Labiche; La pérgola de las flores de Isidora Aguirre y Pancho Flores; La verbena de la paloma, de Tomás Bretón y  Ricardo de la Vega; Los chismes de las mujeres de Carlo Goldoni y Clerambard de Marcel Aymé.

La escenografía y el vestuario estarán a cargo de sus habituales colaboradores: Miguel Ángel Lumaldo y Eduardo Lerchundi. Dentro de lo posible, trabajarán los mismos actores que representaron las obras mencionadas en la calle del barrio de La Boca. Será este el primer trabajo concreto de Madanes en la televisión local, no obstante, alguna transmisión efectuada directamente desde Caminito. Cabe, empero, recordar sus experiencias en Francia, donde permaneció ocho años y efectuó incursiones por el medio, y la época en que fue director de Canal 7, cuando impuso los sábados por la noche la transmisión de piezas de teatro sin cortes  interpretadas por el desaparecido Eduardo Cuitiño e Irma Roy  y los lunes el ciclo dedicado a la producción de García Lorca, adaptada por Rafael Alberti, en el que solo se incluyeron avisos entre acto y acto.

Respecto a los inevitables cortes comerciales, a los que deberá someterse en Canal 9, anticipa que “responderán a un criterio lógico, que no afecte el desarrollo de las tramas”.

Madanes trabajará con el director de cámaras Nicolás del Boca, a quien declara “admirar mucho”, y espera concretar un ciclo de “cierta calidad, para mantener la orientación de Caminito accesible para chicos y grandes, destinada a alegrar el espíritu de la gente”.

Únicamente se lamenta por la inexistencia de la televisión en colores, por los que siempre se preocupó en el teatro, y anticipa que las versiones se harán en la sala del Ateneo, con público, “ya que es muy triste incorporar risas y aplausos mediante grabaciones”.

 

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Diario Clarín 
21 Agosto 1972

Cecilio Madanes

LA VUELTA DE CAMINITO

Nací en 1922, en el Hospital Alemán. Por ese entonces mis padres vivían en una casa muy antigua de la calle Anchorena, con un patio muy viejo que tenía una higuera en el centro. La hija de doña María, la encargada de la casa, era ciega, y mi hermana jugaba siempre con ella en una pieza a oscuras para estar en igualdad de condiciones: ninguna veía la luz.

Pero mi verdadera infancia, esa de la que todavía me acuerdo, transcurrió en la calle Corrientes y Ayacucho. Allí me eduqué, jugué, y aprendí teatro; claro, sin saberlo. Había un cine al lado del negocio de mi padre que se llama Standard, en el que me dejaban entrar gratis. Entonces, con mis dos hermanas, entrábamos a la una de la tarde y salíamos a las ocho de la noche. Para los boleteros y acomodadores yo era una especie de mascota.

Mis primeras incursiones en el teatro fueron a los cinco años, en el fondo de mi casa, donde había una parra y una soga para tender la ropa. De allí colgaba con unos broches una colcha de felpa de esas famosas verdes, con bolitas en flecos, que siempre faltaban porque yo me dedicaba a cortarlas con la tijera y jugábamos. Mientras yo levantaba la colcha se veían las piernas de las cuatro chicas del barrio, que se movían y cantaban: “Son las rosas, son las rosas, que me rodean a mí, una alta, una flaca, otra gorda, ta, ta, tá”. ¡Hasta esa musiquita la había inventado yo!

Después de muchos avatares decidí que en realidad quería ir a la escuela de Bellas Artes. Entonces volví a ser un hombre feliz: la pintura me gustaba y había aprendido a reconocer estilos a través de cuadros que veía en exposiciones por la calle Florida o en reproducciones de revistas y catálogos.

Como alumno de Bellas Artes participé en unos festivales que se organizaban todos los años para el Día de la Primavera. La primera vez hice dos números, como actor; pero la segunda ya no me conformé con eso, sino que organicé todo el espectáculo que se dio en la Casa del Teatro. Inventé todo, lo dirigí y logramos un éxito tan rotundo que tuvimos que hacer dos funciones. Era 1940.

Poco después me enfermaba de algo así como una gripe complicada y quedé con una pierna dura, además de estar un año en cama. Finalmente, me curé y volví a mis estudios, pero con una variante fundamental: ya no me parecía cosa seria dirigir festivales para estudiantes.

Un día, ojeando la revista Sur encontré la transcripción del segundo acto de algo que me gustó mucho: La farsa del Licenciado Pathlei, que es el origen del Teatro Francés, anterior a Molière.

Entonces, mientras estudiaba de noche y trabajaba de día con horario partido vendiendo impermeables en el negocio de mi tío, preparé la obra con unos amigos míos, hoy casi todos famosos: Cacho Carcavallo hizo la escenografía, Lerchundi el vestuario, Torres Aguero el papel protagónico.

 

La carátula de los programas de la primera función en el Teatro Alvear eran originales de Spilimbergo, Raquel Forner, Berni, y costaban cinco pesos cada uno. Esa noche me di cuenta de que algo pasaba conmigo: en la platea estaba lo más selecto del ambiente artístico, de la pintura y la plástica, y nadie se rió ni me silbó. Por el contrario, todos aplaudieron.

Alentados por ese éxito en el Alvear, nos presentamos y ganamos un concurso de teatro independiente que auspiciaba la Dirección de Cultura del Ministerio de Educación, en el Cervantes. Por esa actuación, un crítico, que después supe que era Jaime Potenze, publicó una estupenda crítica que decía que mi puesta en escena estaba entre las tres mejores del año.

Ya la cosa caminaba seriamente. Me conecté con gente del ambiente y le hice ver mi obra. A raíz de esto, Luis Saslavsky, que estaba produciendo el film A sangre fría, con Amelia Bence y la dirección de Daniel Tinayre, me contrató como asistente de dirección. Dice Tinayre que nunca tuvo uno mejor que yo. Después de esa película me contrató Mario Sóficci para hacer La gata con Alberto Closas y Zully Moreno.

A todo esto, Atilio Mentasti se dio cuenta de que yo tenía condiciones y me ofreció un contrato de quinientos pesos mensuales. Era el doble de lo que ganaba yo en el negocio de mi tío. Me pareció mucho, pero también creí una locura aceptar y quedarme en Argentina ganando mucho dinero sin tener ninguna preparación. Entonces me presenté como postulante para una beca del gobierno francés y la gané. Fui a Francia por diez meses a estudiar con Luis Jouvet y Pierre Renoire, pero en realidad me quedé ocho años sin volver a nuestro país.

Imagínense los primeros tiempos de París: yo era un chico que por primera vez salía de Buenos Aires; sólo había estado diez días en Mar del Plata.

Fui director artístico de varios largometrajes franceses, un ciclo de García Lorca, una serie de tiras para la televisión francesa y veinte mil cosas más. En uno de mis filmes La corona negra, trabajaban Vittorio Gassman y María Félix.

También realicé, como corresponsal de El Hogar, la primera entrevista que se publicó en la Argentina a Gérard Phillipe. Lo cierto es que nunca pude hacer lo que realmente me gustaba: teatro.

Volví en 1955 y rápidamente conseguí entrar en Canal 7, compartiendo la dirección artística con Blackie.

Poco después quedé solo e inicié una tarea importante, que dio como frutos programas que en aquel entonces fueron muy comentados, como el ciclo completo de las obras de Federico García Lorca, que incluía la presencia de Rafael Alberti en cámaras explicando por qué se escribió tal poema o tal obra de teatro.

A los siete meses ocurre la Revolución y me echan, diciendo que yo era peronista, cosa que no era cierta. A partir de allí dirigí una obra con la actuación de Luisa Vehil y se acabaron las propuestas.

Viendo que no pasaba más nada en el país, que ya nadie se interesaba por mí, en lugar de exiliarme me propuse viajar alrededor del mundo.

Como en esos días se preparaba una excursión de ese tipo, hablé con los organizadores y les propuse realizar obras de teatro durante la travesía. Ya habían contratado a una pareja de cantantes, pero me preguntaron si no se me ocurría otra cosa. Y entonces retorné a eso que es un poco mi carrera frustrada: la pintura.

De esa manera organicé la primera exposición flotante argentina. Di la vuelta al mundo con obras de 54 pintores, vendiendo en cada puerto.

Regresé, luego de seis meses, con 450 mil pesos de ese entonces para los pintores. La seriedad que puse en esa tarea me valió la confianza de las autoridades municipales, a la que logré interesar para hacer Caminito, en la Boca. Era una experiencia que iba a durar solo unos días y resulta que ya ha ocupado quince años de mi vida.

Caminito es, sin duda, la cosa más importante que yo haya hecho en mi vida. En Caminito recibimos la visita de presidentes, ministros y embajadores de todo el mundo, pero también recibimos al pueblo. Es que todo lo que allí hice lo realicé pensando en que pudiera ser entendido tanto por las clases más altas, como por las más humildes.

Mi padre nunca había entendido mi trayectoria. Él, que siempre había sido comerciante, no podía entender que un hijo se fuera a Europa a estudiar teatro. Decía que no era vida. Pero recién me valoró cuando fue por primera vez al teatro.

La repercusión de Caminito fue internacional, porque se publicaron notas en el Times, Life, Figaro y otros importantes órganos de prensa de todo el mundo.

Además efectuamos presentaciones en Brasil, Chile, México e Italia. De allí vine hace cinco meses, y ya estoy trabajando para la versión televisiva de todas las obras dadas en Caminito.

El teatro es la razón de mi existencia, es lo que más me importa. Estas cosas prefiero decirlas sin mucha filosofía, sin demasiadas palabras: simplemente, es mi expresión.

 

1974

Nombre del espectáculo: LOCOS DE VERANO
Fecha de estreno: 19 Septiembre 1974

REPARTO
Diego Jesús Alver
Enzo Bai
Alicia Bellán
Cayetano Biondo
Marta Cipriano
Elda Dessel
Enrique Fava
Héctor Fernandez Rubio
Roberto Fiore
Carlos Fioriti
Niní Gambier
Nené Malbrán
Miguel Angel Martinez
Susana Lanteri
Miguel Ligero
Aída Luz
José Luis Mazza
Luis Medina Castro
Fernanda Mistral
Ramón Perello
Ernesto Pilecas
Luis Politti
Jorge Rivera López
Rogelio Romano
Walter Santa Ana
Saúl Savo
Enrique Talión
Osvaldo Tesser
Alicia Zanca

Autor: Gregorio de Laferrère
Escenografía: Guillermo de la Torre
Utilería: Casa Puig
Vestuario: Eduardo Lerchundi
Peluquería y Maquillaje: Horacio Pisani

DIRECCIÓN
Cecilio Madanes

SALA
Teatro Nacional Cervantes

 

EN ESCENA

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Susana Lanteri y Walter Santa Ana.

 

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Niní Gambier y Alicia Zanca.

 

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Enrique Fava y Fernanda Mistral.

 

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Toda la Compañía.

 

 

Nombre del espectáculo: EL MURCIÉLAGO
Fecha de estreno: 7 Abril 1974

REPARTO
Renato Sassola
Dante Ranieri
Myrtha Garbarini
Africa de Retes
Angel Mattiello
Mario Solomonoff
Carmen Burello
Marilú Anselmi
José Nait
Eduardo Sarramida
Bruno Tomaselli
Jorge Botto
Nelly Romanella
Vilma Boselli
Susana Coppola
Walter Maddalena
Pino de Vescovi

Ballet
Ballet Estable del Teatro Colón

Compositor: Johann Strauss
Libreto: Carl Haffner, Richard Genée
Versión castellana: Ernesto de La Guardia
Escenografía: Guillermo de la Torre
Vestuario: Eduardo Lerchundi
Coreografía: Olga Ferri

DIRECTOR DE CORO
Alberto Balzanelli

ORQUESTA Y DIRECCIÓN
Orquesta Estable del Teatro Colón
Mario Perusso

REGIE
Cecilio Madanes

SALA
Teatro Colón

 

PRENSA

 

10 Abril 1974
Teatro Colón

EL MURCIELAGO: BUEN ESPECTÁCULO

El domingo por la tarde, prosiguiendo con la temporada de verano, se representó en el Teatro Colón, luego de 33 años de ausencia la opereta “El Murciélago”, de Johann Strauss (hijo), en homenaje al centenario del estreno de la obra, ocurrido en Viena el 5 de abril de 1874. Desde entonces ha recorrido triunfalmente el mundo entero, traducida en diversos idiomas. Sus melodías, frescas e inspiradas, sus bellísimos valses rebozantes y coloridos, su orquestación, rica y chispeante y su trama, llena de simpáticos enredos, han hecho de la obra una de las favoritas de los públicos.

En esta ocasión cantada en castellano, con escenografía, vestuarios y coreografías, a cargo de Guillermo de La Torre, Eduardo Lerchundi y Olga Ferri respectivamente, brilló por su colorido y fastuosidad, especialmente en el segundo acto donde se incluyó, en el cuadro de la fiesta el vals “Dynamiden”, de Josef Strauss, hermano menor de Johann muy bien interpretado por miembros del cuerpo de baile del Teatro Colón.

Por su parte la “régie” de Cecilio Madanes (artista cuidadoso y competente) se caracterizó por un ágil movimiento de masas y una verdadera atmósfera de algarabía durante la fiesta, y en la escena final de la obra. El coro, bajo la guía de Alberto Balzanelli, rindió eficazmente, ajustado y en clima.

El maestro Juan Emilio Martini muy conocedor de la partitura, pues la dirigió numerosas veces, concertó con estilo, precisión y competencia, logrando su mejor momento en el hermoso concertante del segundo acto.

A su lado, correcta, aunque no muy en el papel, la soprano Myrtha Garbarini, quien logró su mejor momento en la difÍcil aria de las charlas del acto segundo; algo incómoda en la zona aguda, el atractivo timbre de su voz, su musicalidad, y el oficio que avala su carrera impusieron su labor, por otra parte, seria y honesta.

La soprano Nelly Romanella, de medios timbrados y gratos, no del todo refinados y algo estridentes en las notas altas, aportó su juvenil figura, ideal para Adela, personaje hermanada con la Lisette de “La Rondine” de Puccini, obra que bien podría reponerse con artistas locales.

Muy bien vocalmente, el tenor José Nait, de emisión segura y lozana; desempeñó su parte del exótico cantante italiano con simpatía y desenvoltura; la mezzo soprano Carmen Burello, como Príncipe Orlovsky, cantó con buena voz cálida y atractiva, corta en los agudos y rica en los graves, escénicamente medida y aplomada, acertó con su personaje.

Los barítonos Bruno Tomaselli y Angel Matiello no tuvieron una velada muy feliz; al primero lo recordamos en óptimos trabajos anteriores; pero aquí no logró ubicarse en el papel, cantando con cierta tirantez y monotonía; le tocó presentar la obra a telón cerrado, en una novedosa innovación, aunque no muy original.

Matiello, por su parte, disminuido vocalmente, recurrió a su gran experiencia escénica, y con ello, salvó dignamente su pálida actuación. Como Frosch el carcelero, muy grato fue volver a ver y oír al bajo Walter Maddalena, apropiado para estos papeles, aunque lo desearíamos con un poco menos de truculencias escénicas.

Virgilio Tavini, Susana Cóppola y Pino de Véscovi (buen elemento mal utilizado), rindieron con precisión en sus partes.

D.G.

 

1976

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Nombre del espectáculo: EQUUS
Fecha de estreno: 1976

REPARTO
Duilio Marzio
Fernando Labat
Marta Gam
Nora Kaleka
Susana Lanteri
Rogelio Romano
Edelma Rosso
Rubén Tobías
Miguel Ángel Solá
Carlos Calvo
Hugo Maro
Hugo Martines
Hugo Soto
Oscar Yalj

Autor: Peter Shaffer
Traducción: Nicolás Wenckheim y Luis Saslavsky
Escenografía: Miguel Ángel Lumaldo
Máscaras y Vestuarios: Guillermo de la Torre
Producción: Alejandro Romay

DIRECCIÓN
Cecilio Madanes

SALA
Teatro Ateneo

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Miguel Ángel Sola y Duilio Marzio durante la representación de “Equus” con dirección de Madanes

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CECILIO MADANES

1944: Como alumno de la Escuela Nacional de Bellas Artes “Prilidiano Pueyrredón, fundo y dirijo el Teatro Experimental de Bellas Artes (TEBA). Creo el primer Concurso de Croquis Sobre la Danza en Buenos Aires.

1946-1947: Asesor Artístico del Cine Argentino. Realizo en mi calidad de tal los films: “A sangre fría” y “La gata”. Dirección: Daniel Tinayre y Mario Sofficci. El primero ha sido premiado como el mejor film argentino en el Festival de Mar del Plata.

1947: Gano la Beca del Gobierno Francés entre más de 300 postulantes. Es la primera beca que se otorga para estudios de teatro. La beca es por un año. Logro quedarme 8 años en Europa. Visito Inglaterra, España, Alemania, Bélgica, Holanda, Israel, Grecia.

Después de mi beca trabajo como Director Artistico de Jean Cocteau en el film “La corona negra”, con Maria Félix, dirigida por Luís Saslavsky.

Luego participo en un film de George Simenon: “La nieve estaba sucia”, con Daniel Gelin como actor principal y dirección de Saslavsky.

Realizo para Pathe Marconi en Barcelona (España) toda la serie de discos sobre el teatro de Federico García Lorca con la actriz Aurora Bautista. En calidad de co-director junto a Saslavsky.

1955: Regreso a Buenos Aires y soy nombrado Director Artistico del único canal de T.V. que hay en la Argentina: Canal 7.

1956: Dirijo mi primer espectáculo en el Teatro Liceo con la actriz Luisa Vehil.

1956-1957: Organizo la primera Exposición Flotante de Cincuenta Pintores Argentinos en el Barco “Yapeyú”. Damos la vuelta al mundo durante seis meses. Realizo exposiciones en los principales puertos. El público puede subir al barco a visitar la exposición. Tengo el auspicio del Museo Moderno de Buenos Aires que dirige Rafael Squirru. Los países visitados son: Brasil, Sud Africa, India, Indonesia, Australia, Japón, Haway, San Francisco, Los Angeles Acapulco, Panamá, Cuba, Curaçao, Bahia, Rio de Janeiro y Montevideo.

1957-1975: Fundo y dirijo el Teatro Caminito. Es el primer teatro al aire libre. Tiene el auspicio de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires. El experimento que pensé podría durar 15 días, se convierte en la atracción del verano en Buenos Aires. Tiene capacidad para setecientas sillas, que me fueron regaladas por 700 amigos del Teatro Caminito. El éxito es tan grande que nos obliga a dar dos representaciones diarias. Teniendo un promedio de 1.400 espectadores durante los cuatro meses de verano (noviembre-abril). Se suspende únicamente las funciones los días de lluvia. Desde el inicio del Teatro Caminito trabajamos en forma de cooperativa. Vivimos de lo que produce el teatro. No tenemos ninguna clase de subvención. Unicamente la colaboración de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires que arma el escenario y la rampa de la platea. Nos facilitan luces y sonido y nos realizan el decorado. El resto lo pone la Cooperativa del Teatro Caminito. Muchas veces el éxito es tan grande que debemos continuar durante el otoño e invierno en teatros cerrados. El repertorio es universal. Los elencos son rotantes. Los escenógrafos y figurinistas son elegidos de acuerdo a la obra. Todos fueron dirigidos por mí, y he colaborado en varias escenografías (ver programas que se adjuntan). Todos los años colaboran desinteresadamente las familias, que sus casas, ventanas, terrazas y techos dan sobre el teatro.

1962: Soy productor asociado del film argentino “Las ratas”, del escritor José Bianco.

1968-1969-1970: Viajo a Roma para organizar el Teatro Caminito al aire libre en Italia. Lo logro después de mucho trabajo, pues es difícil encontrar una calle que me permita instalar un verdadero teatro. Las representaciones se efectúan en italiano con Paola Borboni como principal intérprete.

1972: Hago para el Canal de Televisión 9 todo el ciclo completo de las obras del Teatro Caminito. Se venden en toda América Latina.

1965-1975: Me llaman del primer Teatro Lírico de América Latina: el Teatro Colón. En mi calidad de régisseur, pongo como primer espectáculo “La Travita” de Verdi. Desde entonces colaboro con dicho teatro anualmente. Y va estamos estudiando algunos…

 

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PREMIOS Y CONDECORACIONES DEL EXTRANJERO

1962: Premio del Ministerio de Relaciones Exteriores de Italia. Medalla de oro.Por dar a conocer en el Teatro Caminito, al aire libre, autores italianos clásicos: Goldoni, Gozzi.

1964: “Chevalier dans L’Ordre des Arts et Lettres”. Condecoración del gobierno de Francia, con motivo del viaje que efectuara el presidente de la República Francesa General De Gaulle a Buenos Aires (23 de septiembre de 1964), por dar a conocer en el Teatro Caminito y en otros teatros de la República Argentina, autores franceses, clásicos y contemporáneos.

 

PREMIOS OBTENIDOS EN LA ARGENTINA

1961: Premio “Ángeles de Cultura”. Radio Excelsior. Mejor Director.
1958: Premio Asociación Argentina de Críticos Teatrales. Mejor Conjunto de Teatro.
1963: Premio Instituto Argentino Brasileño de Cultura. Mejor Director.
1972: Premio Canal de Televisión T.V. 9. Mejor Ciclo de Teatro.
1974: Premio de Oro Río Hondo, Santiago del Estero. Mejor Director.

 

1978

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Nombre del espectáculo: DOÑA ROSITA LA SOLTERA
Fecha de estreno: 1978

REPARTO
Jorge Butron
Marisa Herrero
Eva Franco
Thelma Biral
Juan Vitali
Adriana Colombo
María Sanmiguel
Corina Vilella
Nubel Espino
Miriam Perazolo
Marta Cipriano
Claudia Gard
Amanda Beitía
Alejandra Abreu
Silvia Bayle
Tacholas
Daniel Fanego

Música Original: Víctor Proncet
Vestuario: Guma Zorrilla
Luces: Cecilio Madanes
Escenografía: Guillermo de la Torre
Producción: Oscar Pedemonti

DIRECCIÓN
Cecilio Madanes

SALA
Teatro Liceo

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Suplemento Así en Crónica
20 Agosto 1978

CECILIO MADANES DEJÓ LOS ALMUERZOS A SOLO TRES MESES DE DEBUTAR

¿Hay una batalla entre la producción de  la “Cocinera” (Pinky) y la “Señora” (Mirtha)?

“Estoy agotado. El trabajo en televisión exige muchos sacrificios. El esfuerzo es muy grande  por eso decidí dejar el programa de Mirtha Legrand”, afirma Cecilio Madanes ante nuestra requisitoria del porqué del abandono de  los  “Almuerzos”.

Como queriendo protegerse de nuestra incredulidad, el director teatral pone el mayor de los énfasis en asegurarnos: “ustedes creerán que les miento, pero esa es la única verdad, me retiro del programa en las mejores relaciones con su conductora”.

Más allá de las explicaciones de Cecilio Madanes, nos quedó la gran duda, el especial interés en demostrarnos que “todo es un mundo de rosas”, y el abandono de un programa donde el rating se había elevado considerablemente durante los tres meses y una semana en los cuales estuvo a cargo de la producción Cecilio Madanes, nos hicieron sonreír mientras seguíamos dialogando  con el responsable de la puesta en escena de Doña Rosita, la soltera.

Coincidentemente con esta conversación, se conocía que por el canal de la calle Pavón y en el programa que es “la contra” de los almuerzos, Pinky decidió realizar cambios en su equipo de producción. Hizo llegar de Italia a un joven arquitecto, que ya colaboró con ella cuando realizaba “Feminísima” allá por los comienzos de canal 2 de La Plata.

Estos movimientos muestran la posibilidad de que Armando Barbeito, vuelva a hacerse cargo de la producción de  “Almorzando con Mirtha Legrand”.  Madanes nos solicitó con la mejor de sus sonrisas:  “Por favor no escriba nada en contra de Mirtha Legrand, pues somos muy amigos”

Insistiendo en nuestra incredulidad volvimos  a preguntar:

¿Es cierto que su alejamiento es por cansancio?

Si, cansancio físico. Yo hacía ya tiempo que quería largar pero lo fui postergando. Logramos un rating muy alto. A mí nunca me importó el rating.

¿El clima de cordialidad no fue roto nunca, ni siquiera antes de usted retirarse del programa?

¿De qué forma debo decirle que me fui en las más cordiales condiciones? Cumplí la primera semana de agosto y me retiré. Hago esta aclaración pues después apareció un programa donde yo figuraba como productor, pero es uno que ya estaba grabado y que no pudo ser emitido por la muerte del Papa Paulo VI. Tengo un gran cansancio físico.

¿El Teatro no lo cansa?

Esta pregunta tiene doble sentido. Claro que me cansa, por eso tuve que dejar la televisión. No se olvide dos cosas: primero que soy el único director que está en el teatro desde que empieza hasta que termina la temporada, sobre el escenario. Segundo, que hace relativamente poco (fue el 10 de diciembre de 1977) que me operaron de una pierna, gracias a lo cual recuperé la marcha, no utilizo más bastón al caminar  y no sufro ningún tipo de dolores.

¿Es cierto que se encontrará con King Kong?

Tanto que las malas lenguas dicen que abandoné el programa de Mirtha para dirigir a King Kong. Pero no es cierto. Para mí, si se concreta lo de King Kong será una experiencia inédita. Debo idear el espectáculo y dirigirlo. Debe durar dos meses y mi encuentro con ese “monstruo” de 17 metros de altura es todo un desafío.

 

1979

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Revista Humor
Febrero 1979

CECILIO MADANES SIN PELOS EN LA LENGUA

Los reportajes de Alicia Gallotti

De este señor se dice que es histérico, gritón, irritable, malhumorado, arbitrario y maniático. Bueno, en los párrafos que siguen este señor, que se llama Cecilio Madanes, sostiene que todo eso es cierto. Pero, además, revela otras cosas. Algunas ya todo el mundo las conoce, como que es uno de los mejores directores teatrales de la Argentina, que el grado de exigencia obsesiva para con los demás no es nada comparado con las exigencias que se impone a sí mismo, que se da el lujo de vivir y bien de su profesión, que puede hacer Doña Rosita… o dirigir a Mirtha Legrand en televisión —empresas más que arriesgadas— y salir airoso de ambos trances. Lo que no se conoce, también, aparece para sorprender, para polemizar, para gustar o disentir. Los párrafos que siguen también intentan mostrar eso, la densidad humana, la textura de un peleador incesante, de un tipo lleno de calidez y franqueza, de ese tipo de gente a la que uno respeta y respetará, esté en el bando que esté, porque todo él está hecho de verdad, de juego limpio, de no ceder a las concesiones. Pero también es posible llevarse un par de sorpresas. En su hermosísimo departamento frente al Parque Lezama este señor chinchudo y difícil puede convertirse en un hombre lleno de calor, lleno de seducción, divertido, amistoso, protector, compinche y franco; franco hasta el final, franco hasta el dolor o la pena con ese tipo de franqueza que ya no es moneda corriente y que hace que uno tenga ganas de abrazarlo, de llamarlo por teléfono cada tanto o de desearle las mejores cosas, pero no como se dice habitualmente, sino con la misma franqueza que él ejercita. Porque él, que busca las mejores cosas para los demás, merece que le retribuyan con la misma moneda.

¿Por qué sos un señor polémico?

No soy yo como hombre el polémico, es mi trabajo.

Lo cierto es que o te aman con pasión o te odian a morir.

Eso es por mi manera de ser, soy un descontrolado.

Y un obsesivo, un perfeccionista.

Sí, jamás estoy contento con lo que hago, jamás. Exijo tanto a los demás como me exijo a mí mismo y entonces hay gente que termina respetándome y queriéndome por el nivel de mis exigencias, y hay otra gente que no entiende nada y cree que yo me las agarro especialmente con ellos, se sienten perseguidos y me odian.

¿No será un modo de crear vínculos eso de hacerse amar u odiar?

Yo no estoy buscando eso, sólo pido que me respeten. Ojo, Alicia, no te quiero decir que esté bien; sé que soy un descontrolado. Una vez, cuando usaba bastón, hasta llegué a amenazar con golpear a un actor con él. Eso me da vergüenza y rabia, pero no lo puedo superar, no sé hacer las cosas de otro modo. Soy un impulsivo, muy enérgico. No sé, tal vez los años me aplaquen. Con Doña Rosita… no hubo ningún problema, pero en cambio en Equus… ahí sí que hubo bastantes encontronazos.

¿Las actrices y los actores no odian a un director que los rechaza?

En mi carrera he tenido que rechazar a muchas actrices y espero que no todas me odien porque muchas veces no es por su calidad, sino por otras razones. Mirá, te voy a contar algo. Una vez, en Caminito, para Sueño de una noche de verano buscaba dos mujeres y probé a Soledad Silveyra y Ana María Picchio, y las rechacé a las dos. Después, bajaron la escalera llorando juntas. Te estoy hablando de dos buenas actrices, con buenas carreras, que hoy son figuras, pero en ese momento no me servían; yo necesitaba dos mujeres más enérgicas, que dieran otra cosa en el escenario. Soledad tardó años en perdonármelo, años, y recién hace poco pudimos hablar de eso y yo le conté entonces que cuando en París hicimos con Luis Saslavsky La nieve estaba sucia, con Daniel Gelin, en el papel principal, se nos ofrecieron muchas y rechazamos a muchas. Elegimos una y creímos que lanzábamos a la nueva Michele Morgan, que iba a dar el batacazo. Entre las rechazadas había una chica que se llamaba Pascale Petit y había otra que se llamaba Brigitte Bardot. Ya ves lo que pasó. La que nosotros elegimos pasó sin pena ni gloria y en cambio Pascale Petit tuvo su buen cuarto de hora, y la Bardot es un mito universal.

Sobre baldosas flojas

¿Cómo persona sos igual a como sos siendo director?

Si te referís a las exigencias, sí. Mirá, nosotros somos siete hermanos y la que yo más quiero es a mi hermana Lola, la abogada. Bueno, con ella yo soy más exigente que con nadie; no le perdono una y exijo igual trato. Y con mis amigos es lo mismo; tengo muchos encontronazos, pero somos amigos de verdad, amigos francos como con Amelia Bence, Delia Garcés, Mirtha y Tinayre, Saslavsky, Cahen Salaberry. Amelia y yo tenemos una gran amistad y yo con ella soy implacable.

Pero, ¿no es ésa, en definitiva la única manera cierta de querer bien?

Yo pienso lo mismo, pero no mucha gente lo entiende. Para mucha gente querer bien es adular, disimular defectos, mentir.

¿Cuál es la forma favorita de ataque contra Cecilio Madanes?

Ah, una agresión muy tradicional. Me dicen “Cecilio, ¡qué suerte tenés!”. Y todo el mundo sabe que nada lo conseguí por suerte, todo lo poco que pude haber hecho; lo poco o mucho que tengo lo conseguí trabajando. A esta altura puedo darme lujos como irme de un programa de televisión pagado como nadie, no hacer lo que no me gusta y vivir de mi profesión. Eso lo obtuve con respeto, con exigencias, sin hacer concesiones. Soy un tipo serio para trabajar, no hago cosas simultáneas. Yo conozco un director que ha montado tres obras simultáneamente en Mar del Plata. A él las actrices lo adoran, nunca tiene problemas. El les deja hacer lo que ellas quieran sobre el escenario. Entonces ellas cuando lo ven lo besan, le dicen “querido” y todo eso. Yo no quiero que me besuqueen ni me digan “querido” ni nada, quiero que me respeten como yo respeto mi profesión, como yo los respeto a ellos. Yo en teatro nunca cometo dos veces el mismo error. Si voy por la vereda y me salpico con una baldosa floja, de acuerdo. Pero si al día siguiente me pasa lo mismo en el mismo lugar es porque yo estoy buscando que me pase, es imperdonable. Del mismo modo, la gente que trabaja una vez conmigo vuelve a trabajar una y otra vez o no trabaja nunca, nunca más.

Sobre cuentas pendientes

¿Podrías nombrarme a alguien con quien no volverías a trabajar?

Por supuesto, pero no te voy a nombrar a un actor sino a un productor, el señor Alejandro Romay.

Por primera vez en mi carrera tengo que hacerle un pleito a alguien, tengo que estar metido en este tipo de cosas y esto es por el señor Romay. Si a mí me pusieran un millón de dólares en la mano para volver a trabajar con él, después de mi experiencia en Equus no trabajaría. Si él fuera dueño de todos los teatros del país, supongo que me iría o cambiaría de profesión.

¿Y con los actores de Equus, ¿volverías a trabajar?

Mirá, Alicia, allí hubo problemas desde el principio. Desde el principio hubo un actor que exigía estar arriba en el cartel, lo cual me impidió contratar a actrices mujeres que estaban por encima de él. Yo quería a Pepe Soriano para el papel principal, pero no pudo ser. Lo quería a Alfredo Alcón pero me dijo que no porque el protagonista de la obra no sería él sino el muchacho, lo cual no es cierto, como habrás advertido; en el cine, todo el mundo habla del papel de Richard Burton y nadie sabe ni el nombre del que hace del muchacho. Romay no quiso que fuera Ignacio Quirós y entonces tuve que hacerlo con Duilio Marzio, que no era el actor ideal, pero tengo que reconocer que a medida que la temporada fue avanzando comenzó a sobresalir más y más en su papel. En cambio, el chico éste, Solá, que empezó tan brillantemente, fue haciendo un proceso a la inversa, ya estaba como perturbado por el éxito. Me gustó mucho trabajar con Fernando Labat, ves; si repongo Equus quiero que el papel del médico lo haga él.

¿Por qué aceptaste meterte en el programa de Mirtha? ¿No era cantado que no ibas a durar?

Acepté porque tenía muchas ganas de hacer televisión de nuevo y porque pensé que podía renovar el programa, pero no fue así. Es una estructura rígida, que funciona muy bien y si yo me fui después de tres meses y dos días es porque me aburrí, y porque tenía la sensación de estar robando la plata, porque ya no me sentí necesario.

 Sobre dudas con la vida. Sobre nombres y apellidos

¿Dónde naciste?

Aquí, en Buenos Aires, en el hospital Alemán. Mi familia vivía en Corrientes entre Junín y Ayacucho. Ese juego de comedor que ves es el de la casa donde nací. Ahí había un mantel que se ponía para las pascuas judías y yo un día con una tijera corté todos los dibujos, pero los dejé prolijamente en su lugar… malo, malo; a la noche, con la mesa puesta, éramos catorce, cada vez que alguien levantaba un plato se caía un pedazo de mantel.

¿Tus abuelos de dónde eran?

Polacos, pero el origen del nombre es español. Cuando empezó la Inquisición tuvieron que emigrar a Polonia; también hay una rama en Inglaterra.

¿Vos sos de los Madanes que tienen tanta plata?

No, esos son tíos. Cada cosa que tocaban se convertía en oro. Mi pobre papá, cada cosa que tocaba se convertía en fracaso. Veinte veces hizo fortuna, y otras veinte las perdió. Jamás compró nada. La única casa que compró fue para mí porque a su juicio yo iba a ser el único de sus hijos que se iba a morir de hambre. Te digo, papá nunca entendió qué había hecho yo viviendo 8 años en París. Pero el día que me vio oficiando de dueño de casa en Caminito y acompañando a Aramburu y a Rojas hasta sus butacas, ese día sintió que yo era alguien. Pobre papá, después que murió me enteré que la casa que me había regalado en Belgrano y que aún conservo, estaba impaga y que yo mismo tenía que seguir pagándola.

Sobre la imagen en el espejo

¿Por qué se sabe tan poco de vos, en general?

Porque no soy del tipo de gente que le gusten las notas, las fotografías, los estrenos, las cosas tipo “diez puntos, después te llamo”; críticas envidiosas en Edelweiss y toda esa basura.

¿Qué es lo que te avergonzaría confesar?

Nada. Me arrepiento de tener el carácter que tengo, pero vergüenza no, eso no. No tengo vergüenza de nada de lo que hice.

¿Qué es lo más lindo que vos podés decir de Cecilio Madanes?

Ahí estas tocando una cosa muy profunda, yo no me gusto para nada. En todo caso, lo mejor que tengo es mi poder de comunicación, que es muy grande.

Sin embargo, hace un par de días, hablaba con un amigo que me decía que si tuviera que elegir una imagen para su madurez elegirla la tuya, tu imagen, tu estilo, tu ropa, tu manera de ser, hasta tu bastón…

¡Increíble! Será porque no me conocés ¿Quién es? Me gustaría conocerlo, es la primera vez que escucho eso. No, mirá, soy un gran disconforme, y sufro por eso.

Mirando hacia atrás, ¿hay cosas de las que estás arrepentido?

Mirá, cuando yo estoy muy deprimido miro hacia atrás y me siento mejor porque toda mi vida ha estado ordenada por la lógica. Yo había hecho el secundario en el Mariano Moreno y entraba a Bellas Artes cuando a los 18 años me enfermo y tengo el problema en la pierna, y eso tuerce mi destino definitivamente y me lleva a la dirección teatral con la que gano una beca del gobierno francés.

¿Qué hiciste en Francia?

Fui por 10 meses y me quedé ocho años, estudiando teatro con Louis Jouvet, haciendo cine, haciendo La corona negra de Cocteau, con María Félix, Gassman y Rozzano Brazzi; y si me volví es porque mi madre estaba enferma de arterioesclerosis y no quise estar lejos de ella.

¿Vos sos un histérico?

Y sí, yo no pretendo hacerme fama de buenito, ni de simpático.

¿Qué es lo que no le perdonás a los demás?

La mediocridad. Soporto la bondad, la maldad, lo que sea, pero no soporto la mediocridad.

Sobre mundos viciados

¿Es tan competitivo el mundo de los directores teatrales como el de los actores?

No, los actores se ven más seguido que los directores, no hay un odio, una competencia; a lo sumo hay distancia. Lo único que te puedo decir a mi favor es que yo opino de los demás después de ver lo que hacen y en cambio muchos opinan de mí sin ver mis trabajos. No es el caso de Gandolfo, por ejemplo, que me felicitó después de Equus o del director del Cervantes, que me mandó una carta de felicitación.

¿Qué es lo más subdesarrollado de nuestro ambiente artístico?

Los cafés donde la gente se reúne cerca de los teatros para hablar mal de los demás que están trabajando. Esa es una cosa muy agria, muy de fracasados, yo odio esos restaurantes donde la gente se reúne y los cafés del ambiente, son muy desagradables, hay mucha amargura allí, mucho fracasado, mucha mentira y autocompasión. Todo eso es muy triste.

¿Qué es lo más imbancable de ser director de teatro en la Argentina?

Por un lado la vanidad de los actores que en este país es inexplicable, dadas las características del mercado. Y, por el otro, el asedio de la gente que quiere trabajar y te manda sus fotografías. Yo tengo fama de malo, pero también tengo fama de haber ayudado a mucha gente desconocida, de dar oportunidades. Entonces, cada vez que voy a hacer algo, me llaman a toda hora, no sé cómo consiguen mi teléfono; me paran por la calle, me acosan. Esa parte es dolorosa porque por cada uno que aceptás tenés que rechazar 40 y eso es ganarse 40 futuros enemigos.

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Sobre planes y sueños

¿Qué te gustaría hacer?

Bueno, en abril reponemos Doña Rosita en Buenos Aires. También está lo de Equus y un ciclo de obras por televisión.

No, te digo tus sueños, que querrías hacer si tuvieras una varita mágica.

Uff, qué sé yo. Por un lado La dama de las camelias y por otro un Shakespeare,o mi propia versión de La muerte de un viajante de Miller. Y también por supuesto revista, teatro de revista, pero controlando desde la coreografía hasta el vestuario; absolutamente todo. Ya hemos hablado con Zully Moreno de eso y tal vez alguna vez me decida a trabajar para el Maipo.

¿Y Caminito? ¿Ya no va a volver a haber Caminito?

Mirá, voy a decirlo públicamente. Caminito es mucho tiempo de mi vida, es el hijo que no tuve. Pero es un hito no sólo personal y por eso a esta altura creo que es la Municipalidad la que tiene que llamar al señor Madanes, ofreciéndome todos los elementos que alguna vez tuve y que conseguí con esfuerzo propio. Yo he conseguido 700 sillas donadas por los vecinos y ahora la Municipalidad las usa en otros teatros. He comprado un equipo de luces que acabo de vender porque me harté de tenerlo guardado. Éramos un equipo y pusimos nuestro tiempo y nuestra pasión. Yo tengo un buen pasar, tengo lo que necesito, vivo muy bien pero la plata la hice con el teatro y no con mi trabajo en Caminito, donde todo fue hecho por amor. No quiero morirme sin volver a hacer Caminito y sobre todo una comedia musical inspirada en la vida de Juan de Dios Filiberto.

Pero, y si a pesar de todo, ¿no se te da?

He dirigido teatro en España, Italia, Perú, Chile, Brasil, México; puedo arreglármelas. Caminito es un sueño y no estoy dispuesto a resignarlo. O lo hago aquí o lo hago en otra parte. Si en 1980 seguimos como hasta ahora, puedo imaginarme que ya estaré lo suficientemente irritado como para aceptar alguno de los contratos que me ofrecen afuera, ya estaré lo suficientemente ansioso como para hacer mis valijas e irme a España. He llegado a un punto de mi vida en el que pienso que uno no tiene que quedarse en deuda con sus sueños.

 

1981

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Nombre de la obra: BLASS
Fecha de estreno: 21 Diciembre 1980

REPARTO
Rodolfo Bébannos
Leonor Benedetto
Mimí Pons
Juan Carlos Thorry
Elena Lucena
Mabel Pessen
Luisa Albinoni

DIRECCIÓN
Cecilio Madanes

SALA
Cine Teatro Regina
Mar del Plata

 

PRENSA

Diario La Capital, Mar del Plata
2 Diciembre 1981

DICE MADANES QUE BLASS NO ES UNA OBRA SÓLO PARA VERANO

“En el teatro todo está permitido, menos aburrir al espectador”. En el día en que cumplía 59 años, el prestigioso director Cecilio Madanes definía, citando a Oscar Wilde, el objetivo perseguido con el espectáculo que presenta esta temporada en Mar del Plata: entretener al público a través de una comedia.

Cuando La Capital le preguntó si esto significaba apartarse de su línea de trabajo más reciente o incorporarse a lo que aquí se denomina “teatro de verano”, Madanes reaccionó casi con acritud:  “En eso está usted equivocado totalmente. Con un subrayado de la palabra totalmente. Lo que yo vengo a hacer es un vodevil escrito por Claude Marnier, que es un actor moderno que ha copiado a dos grandes genios del género, que son Eugenio Laviche y Georges Feydeu. De uno de ellos (Laviche), fue uno de los éxitos más grandes de Caminito Los millones de Orofino (1964). Y de este mismo autor el señor Offenbach, cuyo Can-Can pongo al final de la obra, ha compuesto las cosas más bonitas que se han podido hacer en comedias musicales. Este no es un género para Mar del Plata. Es una comedia de enredos de situaciones muy cómicas que se ha preparado con la misma seriedad que si fuera para Buenos Aires; si no yo no hubiera puesto mi nombre en la empresa. Por eso reitero que no es un espectáculo de verano. Y por otra parte yo soy un convencido de que a esta ciudad debe venir lo mejor que se puede hacer en Argentina, porque aquí converge todo el turismo del interior.

¿Pero usted no pone algún énfasis en destacar la cuota de popularidad que tienen los actores como elemento de atracción?

Yo no creo solamente en los valores de la popularidad. Usted sabe mejor que yo, porque vive en Mar del Plata, que aquí hay temporadas donde se han juntado artistas de gran popularidad y el publico dijo que no. Eso demuestra que el juego no está solamente en juntar figuras. Hay además que tener una buena obra, y una correcta puesta en escena y además el talento de todos los que participan en el espectáculo.

¿Entonces el futuro de Blass es continuar en la Capital?

Estoy seguro de que la obra va a seguir en Buenos Aires y además que posibilitará una gira muy exitosa por todo el interior de la República. Creo que va a ser uno de los espectáculos más costosos en presentación de cuantos se van a hacer en Mar del Plata. Y eso lo planteamos así porque no hay que subestimar el género del vodevil. Yo sostengo que hacer una comedia de Claude Magnier es tan difícil como encarar Equus o Doña Rosita la soltera. Tal vez por eso las cosas me resultan difíciles y raramente estoy contento con las cosas que hago. ¿Autocritica? Tal vez, pero es mejor que defraudar al público.

Blass
Rodolfo Bebán, Leonor Benedetto, Juan Carlos Thorry, Elena Lucena, Norma Pons, Mabel Pessen, Luisa Albinoni
Dirección: Cecilio Madanes
Teatro Regina, Mar del Plata
Estreno: 21/12/1980

 

1982

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Nombre de la obra: HAY QUE SALVAR A LOS DELFINES
Fecha de estreno: 20 Enero 1982

REPARTO
Analía Gadé
Santiago Bal
Ignacio Quiroz
Mónica Jouvet
Carlos María Ríos
Alejandra Abreu

Autor: Santiago Moncada
Adaptación: María E. Gorostiza y Cecilio Madane
Escenografía: Miguel Ángel Lumaldo
Asistente de dirección: Susana Zárate
Producción: Carlos Spadone, Héctor Cavallero

DIRECCIÓN
Cecilio Madanes

SALA
Teatro Blanca Podestá

 

1983

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Nombre del espectáculo: LA ZAPATERA PRODIGIOSA
Fecha de estreno: 1983

REPARTO
Thelma Biral
Samy Zarember
María Aguirrebarrena
Marcela Aimovici
Ana Slavin
Patricia Caldo
Graciela Martorell
Bruno Pedemonti
Maxi Leclercq
Jorge Merlino
Miguel Ligero
Marisa Herrero
Claudia Rossi
Claudia Mannino
Jorge Luz
Aldo Bigatti
Sergio Sanders
Horacio Derron
Pepe Alonso

Autor: Federico García Lorca
Productor Ejecutivo: Oscar Pedemonti

PUESTA EN ESCENA Y DIRECCION
Cecilio Madanes

SALA
Teatro Atlas
Mar del Plata

 

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Revista Así
24 Diciembre 1983

CECILIO ESTRENÓ DESPACHO

La tormenta que cubrió el cielo porteño toda la tarde y la noche el martes pasado, no fue obstáculo para que 1400 personas traspusieran las puertas de entrada del Teatro Colón para ver algo que resultó, ciertamente, todo un espectáculo: la asunción del nuevo director general de nuestro coliseo, Cecilio Madanes y del equipo, que junto a este dirigirá los destinos del teatro a partir de ahora.

Con el telón todavía bajo, Madanes y sus colaboradores entraron lentamente caminando por el pasillo central de la sala, hasta tomar ubicación sobre el escenario. Hacia la izquierda y la derecha de ellos, dos grupos, de 20 personas cada uno, completaba la “formación”. Yo quise explicaría luego el director  del Colón a ASIque estuvieran presentes en ese momento personas representativas de todo lo que se hace en el teatro: desde los directores hasta la gente que  se encarga de acomodar al público durante las funciones. E intenté también hacer de esa ceremonia algo diferente, que tuviera que ver con lo teatral. Porque yo no soy un funcionario. Soy un hombre de teatro al servicio del Teatro Colón.

El primer día “oficial” como director general del Colón lo encontró entusiasmadísimo con la tarea que lo ocupa y con una agenda de actividades que no le deja demasiados momentos libres. Tanto, que Madanes casi en broma, desgranaba: Mi intención es reabrir el teatro Caminito en diciembre del año próximo, con una comedia musical que quiero hacer desde hace 14 años. Se trata de Juan de Dios- Historia de un patio que cuenta tres épocas distintas de un patio de La Boca, desde la primera guerra mundial hasta nuestros días, con música de Filiberto y Piazzolla, entre otros. Pero con todos los esfuerzos que demanda y demandará el Colón no sé si llegaré a mi proyecto con Caminito.

Madanes ¿Cuál es, a grandes rasgos, el calendario de actividades del teatro para las dos temporadas del ’84?

La idea que tanto el director artístico, Antonio Pini, como yo, propiciamos desde un primer momento, es reducir el número de títulos anuales, fundamentalmente porque nos interesa que estén mayor tiempo en cartel. Hemos programado ocho: La Traviata, Lucia de Lammermour, Manon, Madame Butterfly, Bomarzo (Homenaje a Alberto Ginastera),  Falstaff, La guerra y la paz y La flauta mágica. también hemos programado un concierto sinfónico con obras de Mahler y un ballet. Además todos los domingos, durante la temporada de invierno, se presentará Hansel y Gretel, una ópera para niños. No podrán presenciar personas mayores a no ser que acompañen a sus chicos. Y también, en temporada de invierno, pero una vez al mes, se presentará un espectáculo coreográfico cuyo título recién se conocerá el mismo día de la función respectiva, con una particularidad. Durante la primera parte del espectáculo, la sala estará totalmente iluminada. Es que podrán asistir y ubicarse sobre la platea pintores, estudiantes de dibujo, gente ligada a la plástica; para ilustrar acerca del programa que verán ese día. Luego, en la segunda y tercera parte de espectáculo, las luces se apagarán. Un jurado integrado por conocidos pintores y artistas plásticos de nuestro medio evaluarán la calidad de los trabajos realizados ese día por el público y los autores de las tres mejores obras recibirán interesantes premios: viajes, materiales artísticos. Sobre la base de esos trabajos, se harán exposiciones en el salón Dorado del Teatro.

Una interesante idea. ¿Los niños y los estudiantes podrán entrar gratuitamente a la sala?

No, jamás estuve a favor de la gratuidad. Se pagará una entrada, razonable, pero habrá que pagar.

Cecilio, suele criticarse el frecuente  hecho de convocar figuras extranjeras para trabajar en el Teatro Colón, aduciendo no solo que “cuestan” más, sino que acá, en el país,  también hay talentos descubiertos y a descubrir. ¿Qué tipo de  política implementará usted en estos casos?

Habrá prioridad de elementos argentinos en canto, en danza, en escenografía. Se traerá únicamente lo que no tengamos en el país. Eso no quita que se convoquen a figuras importantes para que enseñen y hagan conocer su tarea. Tengo planeado invitar a varios maestros en diferentes especialidades. Eso es importante: traer al país gente que pueda enseñar. El Instituto del teatro permanecerá como hasta ahora. Hay cinco cátedras importantísimas y allí estudian quienes integran el “semillero” de lo que vendrá. Yo quiero resaltar que la política que utilizaré  en todos los casos es la política de moral. Nadie me ha indicado lo que tengo que hacer. Soy yo, quien, por lógica, pienso que no hace falta gastar demasiado en cultura , cuando la cultura puede existir igual, y llevarse a la práctica con excelente nivel, y en realidad  hacen falta dólares para construir hospitales, escuelas, para paliar los grandes problemas que enfrenta el país. Problemas que se irán solucionando: a medida que eso ocurra, el presupuesto del Colón también se ampliará.

Madanes, a usted le habían ofrecido también dirigir Canal 9.

Sí, pero rechacé la propuesta. Lo único que me hubiera gustado en caso de haber aceptado, hubiera sido ver la cara de Alejandro Romay conmigo dirigiendo Canal 9 porque Romay todavía me sigue debiendo lo que corresponde por una puesta de Equus. Asi que, entre ver la cara de Romay y el Teatro Colón, me quedé con lo segundo (risas).

Madanes, ¿el suyo es un cargo “político”?

No, no soy radical. Voté a Alfonsín porque un día lo vi por TV y me gustó. Soy un poco psicólogo por mi actividad, y creí en este hombre desde que me enfrenté con su imagen. Pienso que es quien nos conducirá a lograr la paz, al bienestar y la grandeza que tanto necesitamos los argentinos.

 

1984

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Diario La Nación
14 Abril 1984

ESCOBAS QUE BAILAN Y LA BRUJA MAZAPÁN INVITAN AL ASOMBRO

“Cuando yo tenía siete años mi profesor de canto me regaló una entrada para el Colón: paraíso, de pie. Nunca podré olvidar el efecto que me produjo ver desde allí como en el escenario se formaba un mar. Luego una tormenta. Desde un barco, agitado por las olas, caía un tonel con un marinero adentroQuiero que esta generación de chicos tenga todas las oportunidades posibles de participar en esa magia. Y para eso, lo que se necesita es hacer funciones en horarios accesibles, a precios accesibles”.

Cecilio Madanes, director artístico del Teatro Colón, ha encarado la organización de funciones especiales para niños con verdadera pasión y con un entusiasmo que se traduce hasta en los más pequeños detalles.

“Por supuesto, hay que remarcarlo, la invitación es para aquellos que por lo menos estén en primer grado; los mas chiquitos se cansan y necesitan muchas más explicaciones; aunque todos se portan muy bien. Soy consciente de que Haensel y Gretel no es una ópera ideal; hay escenas un poco lentas, hay mucha crueldad en la madre que manda a los chicos al bosque, castigados y la bruja Mazapán que los engorda. Pero la teníamos preparada y quisimos ver qué pasaba. Por otra parte, se trata de un cuento, tiene final feliz, pasan cosas visualmente espectaculares y la música es encantadora”.

Madanes considera que si bien el niño debe hacer un esfuerzo, la experiencia le reportará un enorme crecimiento cultural y espiritual. Y, en efecto, la visita al teatro les provoca ya una catarata de asombros: recorren sus galerías, se deslumbran en el Salón Dorado, la fascinación se pinta en  sus caras cuando la orquesta ¡con instrumentos y todo! baja al foso.

Durante la función ven hadas, ángeles y brujas que bailan, casitas de chocolate que la bruma borronea y luego se desmoronan entre las llamas y el humo. Sin dudas, un inagotable desfile de  maravillas.

Madanes aspira a que los chicos comprendan lo que pasa en el escenario: “Se que el texto cantado no se puede entender, y que si los padres no le leen el argumento han de perderse muchas cosas. Pero yo no quiero anticiparles demasiado a los chicos lo que va a suceder, sería como abrirles antes de tiempo la caja de sorpresas…Tal vez, solo haga falta una breve orientación. A mi me gusta mucho promover esa interrelación del papá con el niño, la mamá y el niño, el abuelo y el niño. Me gusta la idea de auspiciar diálogos, un rato del domingo en casa, sobre lo que vivieron juntos en el Colón”

Las numerosas cartas que llegan diariamente al teatro testimonian las vivencias de los chicos. El director las contesta personalmente: “Para mí esto es muy importante dice Lo sentí el primer domingo, cuando salí a saludar al escenario y me envolvió el afecto de los chicos”.

Haensel y Gretel se seguirá representando los domingos a las 10.30, hasta agosto. En setiembre está programada La niña de los ojos de cristal, versión de Copelia, de Hoffman por Olga Ferri.

 

1986

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Diario Clarín

Fecha de publicación: 6 de abril de 1986

Ricardo Szwarcer, Director desde mayo

CECILIO MADANES ABANDONA EL COLÓN

por Pompeyo Camps

Desde los primeros días de mayo, el Licenciando Ricardo Szwarcer será el Director General del Teatro Colón de Buenos Aires. La noticia fue anunciada —más bien confirmada—por el subsecretario de Cultura del Municipio, en una charla con un grupo de periodistas (entre los que se encontraba un redactor de Clarín), en horas del mediodía de ayer. No hubo renuncias catastróficas, solo que Cecilio Madanes finaliza su contrato el 30 de abril y prefiere dedicarse a la dirección de escena.

“Formalmente, si quieren, digan que en mi carácter de Subsecretario de Cultura de la Municipalidad expresó ayer el doctor Miguel Ángel Inchausti a un grupo de periodistas les hago saber una serie de cambios que va a haber en el Teatro Colón; situaciones que estaban previstas desde hace un tiempo, y que por la forma en que se dieron algunas noticias en algunos medios de comunicación, llevaron a la opinión pública a conceptos tergiversados.

”Yendo directamente al grano confirmó Cecilio Madanes había asumido un compromiso con las autoridades Municipales de terminar su labor al frente del Colón apenas finalizara la programación del Ballet del Teatro Bolshoi.

”Él, durante toda su gestión, siempre nos hizo saber que venía por un tiempo limitado, que su verdadera vocación está en las tablas, y no en el complicado manejo de un teatro como el Colón.

”Respecto del Doctor Antonio Pini (Director Artístico) hubo un compromiso de acompañarnos hasta tanto resolviéramos algunos problemas que teníamos dentro del teatro, hasta que entregara la programación de 1986. Cumplido eso, el Doctor Pini consideró que había terminado su cometido y presentó formalmente su renuncia”.

Aquí cabe agregar la “sensación” periodística, no palabra oficial, en el sentido de que la renovación del contrato del Doctor Pini, a fines del año pasado, con automático uso de licencia sin goce de sueldo, fue una estrategia para sosegar a una larga cola de postulantes a ese cargo, entre los que figura una estrafalaria comparsa de figurones, chiflados mesiánicos, oportunistas y demás marginales.

“A partir de mayo, el nuevo Director General del Colón será el licenciado Ricardo Szwarcer, hasta ahora y desde hace once años, Director Administrativo del Teatro: 38 años, 20 en la administración con importantes cargos, poseedor de estudios musicales, en un tiempo, alumno de piano de VaIdo Sciammarella y de Antonio De Raco.

”A partir del 30 de abril, iniciamos una etapa diferente, pero enganchada dentro de una política general trazada por las autoridades del Municipio para el teatro. El maestro Madanes cumplió con acierto y eficacia el cometido de hacer un teatro abierto, de incorporar nuevos sectores de la población como público es un merito incuestionable de su gestión.

“Pongo como ejemplo la gente que aplaudía en mitad de una obra: eso en el Colón era rarísimo, lo que es un ejemplo de que hemos incorporado nuevo público y nuevos sectores sociales a la actividad del teatro.

“El Colón es de la Ciudad de Buenos Aires y de todos los habitantes, y eso se expresa a través del tipo de programación que se desarrolla. Es un hecho incuestionable la apertura hacia los chicos con programaciones especiales, al igual que la extensión del escenario del Colón a otros lugares de la Ciudad de Buenos Aires”

Inchausti ponderó también otras iniciativas de Madanes como la de combinar artes plásticas con danza (concurso de croquis), abrir un taller coreográfico:  “Es puntualizó en estos dos años de gestión de Madanes, un elemento definitivamente incorporado, que en cada concierto de las orquestas o de los grupos musicales del teatro, necesariamente se toca una obra de compositor argentino”.

Esa línea, anunció, debe ser consolidada y modernizada con miras al año 2000: “Un teatro abierto al servicio de los tres millones de porteños. Inclusive el resto de los argentinos que habitualmente vienen especialmente a asistir a las funciones del Colón”

En cuanto al Director Artístico, aún no ha sido designado, y estaría principalmente en Szwarcer la elección del equipo que habrá de acompañarlo. También se habló de ópera argentina (aún no se ha elegido el título para 1986), pero se está trabajando en el lanzamiento de un concurso de composición de óperas en convenio con el Fondo Nacional de las Artes.

 

1993

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Nombre del espectáculo: RELACIONES PELIGROSAS
Fecha de estreno: 1993

REPARTO
Oscar Martínez
Cecilia Roth
Ingrid Pelicori
Eleonora Wexler
Pablo Shilton
Silvina Sabater
Niní Gambier
Silvina Bosco
Adolfo Yanelli

Autor: Christopher Hampton
Basada en la novela homónima de Choderlos De Laclos
Traducción: Ana Calabrese
Escenografía: Mario Grillo, Cecilio Madanes
Diseño de Vestuario: Ponchi Morpurgo
Diseño de Iluminación: Alfredo Morelli, Cecilio Madanes
Asistente de Dirección: Roberto Cánepa
Prensa: Elsa Piccinini, Pablo Wolfman
Marketing: Ricardo Cohen
Producción Ejecutiva: Roberto Mariani
Administración: Gustavo Pagliari
Asistente Producción: Roberto Cánepa, Mariano Pagani
Producción General: Kompel Producciones

DIRECCIÓN
Cecilio Madanes

SALA
Complejo La Plaza

 

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Revista La Nación
6 Junio 1993

CECILIO. GENIO Y BASTÓN

El artista que en una callecita olvidada hizo surgir un teatro y una leyenda. Logró también que otro teatro, ya imponente y legendario abriese sus puertas a los niños de la ciudad.

Caminito y el hoy esperan reencontrarse gloriosamente, acaso pronto, con los viejos sueños de las noches de verano.

Ya sin aquel Borges caminante, el primer bastón de Buenos Aires es, sin duda, Cecilio Madanes. Empuñando ese cetro virtual, él logró  vencer el caos en complejas puestas en escena y desde la dirección del Teatro Colón, ni los niños pudieron asustarlo. Antes ya había donado a la ciudad la maravilla de Caminito, único pasaje con rumbos infinitos. Una calle que, en noches de verano, se transformaba para que sus vecinos y los forasteros pudieran soñar el mismo sueño.

Adiós, Carmen

Las energías de Cecilio Madanes estaban, últimamente, dedicadas a la puesta de una grandiosa Carmen, de Bizet, con 180 artistas en escena. Era alta distinción la responsabilidad del cierre de una temporada brillante, pero no pudo ser. La reaparición de problemas dolorosos en su columna vertebral forzó a C.M. a declinar el honor de la régie.

De todos modos, a esta altura de su carrera hay motivos para esperar con fe su regreso –debidamente reconstruido, según bromea y dispuesto a gestar otras maravillas. Al subir en una silla de ruedas al jet, rumbo a la clínica Mayo de Rochester, donde será operado, anunció optimista: “Si no pudo ser Carmen en 1995 será Aída, y con más de 200 personas”. Así es el temple del hombre al que Malraux igualó con Victoria Ocampo, Mujica Láinez y Ginastera, haciéndolo caballero de Artes y Letras.

Poco antes de partir Cecilio Madanes recibió al cronista en su piso de San Telmo, gobernado por la luz y la armonía. Un ámbito con más historia afectiva que adjetivos ajenos, aunque algunos sean Braque, Soldi o Carlos Alonso. Madanes estaba sentado frente a una larga y solida mesa blanca, como de artesano. Por debajo iba y venía una gata siamesa (“se llama Putty y tiene la manía de saltar desde los balcones. Parece que usted le cae bien”). Sin grabadoras ni computadoras a la vista, Cecilio daría cuenta de sus batallas, solo de una parte de ellas y como si fueran ajenas.

“Ahora reflexiona toda la escena estará controlada por dos cirujanos norteamericanos que ya me repararon otras veces en la Clínica Mayo, los doctores Cabanella e Ibersohn. La mía es una historia vieja; alguna vez propuse que en vez de suturas me pusieran cierres relámpago.” Su buen humor minimiza osteopatías que vienen de lejos.

“Tuve cuatro intervenciones en la pierna y en 1952 me cambiaron la cadera. Fui un pionero en recambios óseos, con un champignon de acrílico que me duró 25 años. En 1977 el doctor Schaejer lo reemplazó por otro sistema que funcionó hasta 1982, cuando pusimos un modelo nuevo. En 1987, en Rochester, fue lo más delicado: operar mis vertebras cervicales: tercera, cuarta y sexta. En 1993 ajustaron un chandler para mejorarme el movimiento de la pierna y ahora viajo para reacomodarme unos discos lumbares. Lo más duro es la rehabilitación, pero la voy a hacer con ganas. Quiero volver a casa pronto; con el bastón y con toda la fuerza para Aída

De Tinayre a Remoir

“De muchacho recuerda no usaba bastón. Quería ser pintor, pero cuando fundamos en Bellas Artes, el TEBA, un teatro experimental, abrí otro camino. Un jurado con Berni, Castagnino y Soldi me premió unos dibujos sobre ballet y usé el dinero para montar La Farsa del licenciado Pathelín, pieza anónima del siglo XV que traduje con Rafael Alberti y María Teresa León. A raíz de eso conocí a Luis Saslavsky y él me recomendó para ser asesor artístico de A sangre fría, un film que dirigió Tinayre. Tuve el mismo cargo en La gata de Soffici, con Zuly Moreno, Sabrina Olmos y Alberto Closas, pero un día con mi título de Bellas Artes, mi Pahtelín y  poca cosa más me presenté a concurso para un beca de teatro del gobierno francés. Era 1947, Tinayre iba a filmar En la ardiente oscuridad y me ofrecía buena plata, pero me acordaron la beca y me fui a París.”

Madanes hizo diez meses de Conservatorio con Jouvet y Jean Renoir. Le pareció poco: “Me quedé ocho años y tuve que hacer de todo, desde vendedor de autos hasta cicerone. Luego produje para la Pathé discos con poemas de Lorca y fui asistente de Saslavsky en films que dirigió allá. Viví feliz y aprendí mucho, hasta traté personalmente a Picasso, pero no pude hacer teatro”.

Los siete mares

Tardó en volver. Lo hizo en 1954 para ser director del Canal 7, que era de su primo Víctor Madanes. En solo seis meses generó benéficos escándalos. Puso en aquellas pantallas monocromáticas las imágenes de Romero Brest, de D’Urbano, de Roland, que enseñaban a ver cuadros, a oír música, a gozar del cine.

“Llevé también recuerda a Mariano Perla, a Sergio Renán, a Bergara Leumann. Hicimos un ciclo de teatro argentino que  iba los sábados, otro de García Lorca los lunes, y luego uno de Goldoni con decorados de Soldi. Trabajaba de 8 a 23 y a esa hora aún veía programas desde la cama.”

¿Qué pasó? Pasaron los tanques y dejaron en el canal el interventor consabido. A Cecilio Madanes precisamente a él lo echaron por peronista. Su obsesión seguía siendo el teatro y su balance era pobre: solo pudo dirigir una obra de Roussin y para eso debió aceptar que le pagaran en cuotas. “Me encargaron organizar una muestra flotante de pintura argentina y con ella navegué por el mundo. En ese viaje conocí a Elena Faggionato de Frondisi. Ella logró que su marido, antes de ser presidente, ya supiese de mis trabajos como factótum de la muestra. Al llegar a los puertos yo había hecho incluso de anfitrión multilingüe”

Camino de sueños

Caminito nació en 1957. “Eva Giberti que era secretaria de un secretario de Cultura municipal, me lo presentó y le propuse hacer teatro al aire libre donde, de ser posible, el vecindario fuese parte del espectáculo. Le gustó la idea y me dijo que buscara el lugar. Lo gracioso es que yo ni conocía La Boca: a Caminito me lo mostró un chofer de un jeep de la Comuna. Aunque muchos me decían que iba a tener que llevar al público en bañaderas, ya nunca podría haber sido en otro sitio. Un familiar me prestó dinero y conseguí inaugurar en 1957”.

Estalló el entusiasmo de la gente; se afirmó el orgullo de toda una ciudad por tener ese teatro único. “Goldoni desató una especie de locura colectiva recuerda Madanes; llovía y la gente no se iba. Se cubrían con paraguas, con diarios. Pero no todos fueron triunfos: con Víctor Hugo no pasó nada, y menos aún con Shakespeare. Sin embargo, no fue eso lo que borró Caminito, mi límite fue el cansancio. El teatro debió haber sido oficial, y yo dirigirlo. No podía andar siempre por ahí pidiendo avisos para el programa. Sin embargo, no quiero morirme sin volver a Caminito, con o sin ayuda estatal. Ojalá pueda hacerlo con mi obra Juan de Dios, otro sueño que ya soñé demasiado”.

Al Colón, al Colón

Más de una vez, desde la platea de Caminito y gritando como en el fútbol, los entusiastas reclamaban el gran teatro como destino para Madanes.

Las sillas y los balazos

Las sillas de hierro de Caminito también afrontaron caminos que el tiempo ha borrado. Como eran propiedad del teatro, la Municipalidad las recibía como custodia formalmente al fin de cada temporada. ¿Por dónde andarán ahora? Hay pruebas de que al menos una vez se dispuso de ellas indebida y peligrosamente. Cuando el frustrado desembarco de Perón en Ezeiza, alguien ordenó que las sillas de Caminito se destinaran precisamente al palco desde el cual se intentó organizar, luego disuadir, y por fin enfrentar a los actores del ensayo general del caos. Asi que las sillas se usaron para cualquier cosa menos para sentarse.

Cuenta Madanes que días después de la batalla “una revista de alta tirada, pero que solía equivocarse, exhibió dramáticas fotos de sillas usadas como escudo, con muestras de impactos, evidentemente de balas de alto calibre”.

Las planchas de hierro de los asientos mostraban perforaciones de curiosa precisión, pero no fueron obras de tiradores de elite con armas gordas. Como Caminito era al aire libre, y las sillas debían quedar a la intemperie, se había previsto que escurrieran el agua de las lluvias. Los agujeros testimoniales siempre habían estado.

 

1994

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Diario Ámbito Financiero
22 Abril 1994

CAMIMITO FUE EL HIJO QUE NO TUVE

Cecilio Madanes cumple medio siglo con el teatro

Cecilio Madanes, el gran director teatral argentino, está a punto de cumplir sus 50 años con la escena. Generalmente, se lo recuerda solo por Caminito, o por haber difundido obras como Equus (en tiempos de férrea censura militar) o Amadeus, o sus régies de ópera en el Colón, pero pocos recuerdan que tuvo un papel fundamental en el viejo Canal 7 y las primeras puestas de teatro para TV, como los ciclos de García Lorca, de autores argentinos, y de teatro universal con Cunil Cabanellas. Recibió a este diario, a la hora del té, y dialogamos con él. Estos son algunos momentos de la charla: por Alicia Esteban

Un piso cercano al Museo Nacional, en un restaurado edificio de fin de siglo, deja pronto al descubierto la obsesión vital de su propietario. De él dijo Soldi que “pinta sobre el escenario”. El meticuloso orden de los cuadros, la profusión de plantas, el equilibrio de los colores, la simetría de los adornos y mobiliarios, no hacen otra cosa que confirmarlo. No es otro que Cecilio Madanes, quien accedió té y deliciosa torta de naranja mediante a hablar de los, próximos a cumplir, cincuenta años de  su comienzo profesional.

“Empecé en 1944. Yo era alumno de la escuela Prilidiano Pueyrredón, y con mis compañeros de Bellas Artes, en lugar de la fiesta de la primavera, decidimos montar una obra. En mi casa se leía “Sur”, la revista de Victoria Ocampo; la recibían mis hermanas, “las intelectuales” y yo descubrí una obra anónima La farsa del Licenciado Pathelin, que me pareció muy divertida. Apareció sin acotaciones, totalmente anónima, traducida por Rafael Alberti y María Teresa León, y decidí elegirla para representarla en el teatro Presidente Alvear. Antes de hacerse el espectáculo se organizó un conjunto de croquis, en los que estudiantes dibujaron a Mecha Quintana o a Renata Shottelius, y otros bailarines, con lo que recolectamos el dinero que nos permitió hacer la puesta. Fue la primera vez que hice teatro, ya que nunca antes lo había hecho.

“La pieza pasó luego al Cervantes y fue distinguida con el premio del Ministerio de Cultura, cuando Madanes conoció a Luis Saslavsky. Gracias a éste, comenzó a trabajar con Daniel Tinayre en A sangre fría, con Amelia Bence y Pedro López Lagar, y después hizo La Gata, como asistente de Mario Sóffici con Zully Moreno, Alberto Closas y Enrique A. Diosdado.”

Poco después se convirtió en el primer argentino que obtuvo la beca que el Gobierno francés ofrecía para estudiar teatro en París.

 “Con los 800 francos que me dieron, me fui a Paris, en el ‘47  y en lugar de los diez meses previstos me quedé ocho años. Hice de todo para sobrevivir. Fui guía turístico, vendí coches, grabé una serie de discos sobre el teatro de Lorca y fui asistente de Luis Saslavsky  en La corona negra de Jean Cocteau con María Félix y Vittorio Gassman. Pero, a pesar de todo, nunca pude trabajar en teatro, aunque estudié cuatro años en el Conservatorio de Arte Dramático de París, nada menos que con Luis Jouvet”.

La vuelta al país lo acerco casualmente a la televisión. Un primo suyo estaba en Canal 7 y allí ingresó como colaborador de Blackie que en ese momento era directora artística de la emisora.

“Cuando Blackie se fue y me dejó solo primero hice el ciclo de García Lorca, los lunes, con decorados y trajes para cada función; después los sábados teatro argentino con Irma Roy  y los jueves teatro universal, con Cunil Cabanellas”

Rememora, de esa época, a mucha gente que empezó sus primeras armas. María Herminia Avellaneda se inició como directora de cámaras, Sergio Renán fue convocado luego de su actuación en El centroforward murió al amanecer, de Agustín Cuzzani; Mariano Perla empezó a hablar de política y Eduardo Bergara Leuman a diseñar vestuarios.

Curiosamente, la Revolución Libertadora cometió la gaffe de echarlo por peronista. Pero esa fue su oportunidad de presentar su propio espectáculo, dirigiendo a Luisa Vehil en una pieza basada en un hecho real : El marido, la mujer y la muerte en la que también actuaban Fernando Heredia, Paquita Vehil, Cayetano Biondo y Osvaldo Terranova, en el Liceo.

“Muy buenas críticas pero nadie me llamaba dice ahora Madanes, entonces me fui a ofrecer a la compañía Trío, como director artístico de un barco que salía a dar la vuelta al mundo”. Como ese cargo estaba cubierto propuse llevar la primera exposición flotante de arte argentino, que tuvo un éxito extraordinario. Auspiciado por el Centro de Arte Moderno, aun sin sede propia, y Rafael Squirru, su director. 50 artistas me dieron sus cuadros y los vendí en Australia, Japón, San Francisco… viajé en un camarote de seis camas, con los cuadros de Spilimbergo, Castagnino, Berni, Aizemberg, Testa, Soldi. Se puede decir que soy el único que durmió durante seis meses con la pintura argentina”

Cuando volvió ofreció hacer teatro al aire libre como había visto en Venecia y gracias a la ayuda de Eva Gilberti conoció Caminito. “La mayor virtud de mi carrera, el hijo que  no tuve, es Caminito. Y lo que iba a ser una experiencia de 15 días duró 15 años, con dos funciones y 1500 espectadores diarios. Ahora, a la distancia, como sucede con Juana de Arco cuando en la hoguera oye los comentarios del pueblo me pregunto: ¿soy yo el que hizo eso? Goldoni, Molière, Víctor Hugo, Shakespeare, Lorca… El espectador numero 100.000 recibió una góndola azul pintada por Alonso. En la Verbena de la paloma como en otras  obras, intervenían los mejores vestuaristas y diseñadores del Colón. Claudio Segovia (el de Tango Argentino), Barona, hoy número uno en los EE.UU, con el que voy a hacer Carmen para terminar la temporada del Colón, Eduardo Lerchundi, Guillermo de La Torre… En La verbena actuaban 20 músicos del Colón dirigidos por el maestro Andreani, y se producía el milagro del silencio absoluto cuando tocaba la batuta para empezar. Antes de empezar yo ya tenía cubierto los costos con la publicidad en el programa, porque el precio de la platea era muy barato. Más de 600 actores pasaron por Caminito”.

Y del teatro popular al aire libre, Cecilio Madanes pasó a dirigir el teatro Colón en la época de Alfonsín, donde puso en juego toda su estética plástica volcada al teatro. De este período recuerda la respuesta del público a las propuestas de calidad. “Julio Bocca mucho antes de ser quién es y la Orquesta Filarmónica reunieron casi 15.000 personas en el Parque Lezama. La apertura del Colón, los domingos, con un Hänsel y Gretel dedicado a los chicos.”

“Me miraron como si estuviera loco, porque este es el país del no. Lo hicimos y se llenó todo, como si fuera una función del gran abono, durante 35 domingos. Después, hice lo que siempre quise hacer El zar Saltán que había visto cuando era chico acompañado por mis padres, y tuve que poner límite a los adultos: uno cada dos chicos”.

En realidad descree que haya una actitud, previamente, peyorativa con el publico sobre las propuestas que se le trasladan: “Ni siquiera hay iniciativas, se habla, pero no se ve el resultado. Me mandaron ahora todo lo que va a ser Cultura, y el catálogo cuesta tanto que yo hubiera preferido emplearlo en una producción teatral al aire libre, o algo que conmoviera a los estudiantes, llevar a la gente joven al teatro”.

 

1995

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CULTURA

CECILIO MADANES REGRESA AL COLÓN

“LA CULTURA ES RENTABLE”

Debajo de la foto: Cecilio Madanes vuelve al Colón tras una pausa de nueve años. “El género ha recuperado la tradición verdiana de la ópera popular”

El règisseur de la versión de “Manon Lescaut”, con Leona Mitchell al frente del elenco, dice que la opera no es de elite.

(Por E.B.) El bastón que esgrimía con artes casi borgeanos descansa ahora sobre la mesa de su camarín, a unos treinta pasos del escenario del Teatro Colón. El reportaje apenas detiene lo que él, Cecilio Madanes, “casi setenta”, denomina tour de force: ensayos de diez, hasta once horas diarias para poner a punto la nueva versión de la opera Manon Lescaut de Giacomo Puccini, que a partir de esta noche se ofrecerá con la cantante Leona Mitchell al frente del elenco.

Madanes es el règgiseur de esta versión, así como lo fuera en 1965 de la que encabezó Monserrat Caballé. Está de buen humor porque acaba de recibir un fax desde París, donde se le propone dirigir una comedia musical en la que actuará Susana Rinaldi.

Llama a las cosas por su nombre (“el año pasado tuve un problema de leucemia pero ya lo superé”) y se felicita por este regreso a la cartelera del Colón, tras una pausa de nueve años en los que pasó una temporada y media como director del teatro.

A la función de esta noche se agregará otra mañana, también a las 20.30, una tercera el domingo 21 a las 17, y la despedida extraordinaria, el martes 23.

A un promedio de tres mil personas por función habrá sumado doce mil espectadores. Nada mal para éste género que muchos siguen llamando  “de elite” pese a que…

“Me encanta el cine de Peter Greenaway, que es tan pictórico”, dice.

La conversación deriva de la opera a la pintura. Interminable contador de anécdotas, en las que a menudo es él el personaje, Madanes termina recordando: “En  1956 y 1957 di la vuelta al mundo llevando una exposición flotante de 50 pintores argentinos que fui vendiendo, a medida que tocábamos tierra, por los puertos de Australia, India, Japón, Acapulco, entre otros. Fue un buen negocio, los pintores agradecidos, y yo conocí medio mundo y viví como un rey”.

Además de su paso por el Colón durante la gestión alfonsinista, Madanes pasó dos meses y medio junto a Blackie en el área artística del viejo Canal 7, en tiempos peronistas.

“La libertadora me echó porque un primo mío, Víctor Madanes, estaba al frente del canal. Todo por el apellido”. ¿Aceptaría hoy algún cargo como funcionario? “No. ya basta de puestos.” ¿Qué opina de ATC con Gerardo Sofovich? “Lo que hace Sofovich tiene éxito. Por alguna razón lo seguirá el público. Pero no todo se trata de 40 o 50 puntos de rating.” En el viejo Canal 7 Madanes se dio el lujo, recuerda, de trabajar con Romero Brest y Jorge D’ Urbano; de ofrecer ciclos de Lorca o Goldoni con escenografía de Raúl Soldi; de ver debutar a Alfredo Alcón haciendo Chéjov. “No estoy de acuerdo con que lo cultural por definición no sea rentable”, opina y como antecedente cita aquella vez que trajo el Ballet Bolshoi, hace siete años. “Dejo una ganancia de 420 mil dólares al Colón”.

CIEN PAROS

Administrar un teatro, por grande que sea, parece un desafío menor que dirigir una ópera en él.

Así tiene que haber pensado Madanes al aceptar el cargo de director general. “No era tan simple

–confiesa-, pero no creo haberlo hecho mal: hubo logros importantes por ejemplo abrir el Colón para los chicos, cosa que parecía tabú. Desde mi dirección ellos tienen sus días y sus espectáculos y responden de maravillas.”

Madanes logró traer el ballet del Bolshoi, “el auténtico –aclara-. Decían que era una aventura y el contrato no pudo ser más favorable para el Colón. Participó en las utilidades al 30%  y quedó un supehabit neto de 450.000 dólares. Gracias a eso y al mejor aprovechamiento de la sala conseguimos mantener las cuentas al día y hasta pagar todos los impuestos”.

Cecilio debía vivir virtualmente en el teatro. -Me hicieron -recuerda- infinidad de paros y quites de colaboración, además de las catorce huelgas generales a Alfonsín, pero cuando me fui no se me pudo imputar la menor deshonestidad. Hasta los más feroces delegados admitieron: Fue un tipo duro, pero no se llevó nada.” Ahora se llevó su bastón y promete volver con él. Su ciudad lo necesita para regresar a sueños de grandeza. A pesar de todo.

Ignacio Xurxo

(c) LA NACION

Al lado de la Foto: El artista sensible hizo sus obras en la carne viva de la ciudad. Y fue leal funcionario. Puede mirar bien de frente a los porteños

Benito Quinquela Martín tuvo que ver con el colorido de la calle, pero ciento veintitrés familias del vecindario fueron parte vital del teatro Caminito.

Lo apoyaban fervorosamente y resolvían problemas, como el de secar después de las lluvias.

Durante todos esos años no hubo un hurto. Sí, en cambio, varios actos de honradez por hallazgo de objetos olvidados.

La primera temporada fue la de 1957/58, con “Los chismes de las mujeres”, de Goldoni. Madanes convocó a Luis Diego Pedreira para colaborar en la escenografía y confió la música a Rodolfo Arizaga. Apeló a un joven y eficaz administrador, Kive Staif, y a actores como Aída y Jorge Luz, Violeta Antier, Nathan Pinzón.

El verano siguiente fue “Las picardíasde Scapin”, de Molière; el otro “La Zapatera prodigiosa”, de García Lorca, y luego “Una viuda difícil,” de Nalé RoxIo; “II corvo”, de Carlo Gozzi; “Las de Barranco”, de Laferrére; “Los millones de Oro fino”, de Labiche; “La pérgola de las flores”, de Flores-Aguirre; “La verbena de la paloma”, de Bretón-De la Vega; “Mil francos de recompensa”, de Víctor Hugo, y  “El sueño de una noche de verano”, de Shakespeare.

En 1972/73 volvió “Los chismes de las mujeres”. Para entonces, Caminito ya no era novedad, pero sí fenómeno popular, leyenda de una escuela de teatro y de sociología práctica.

Con él quedaron vinculados talentos como los de Mujica Láinez y Saslavsky, Araiz, Valdo Sciammarella y Crandall Diehl.

En Caminito daban sus primeros pasos Antonio Gasalla, Ulises Dumont, Juan Carlos Altavista, Ignacio Quirós, Ricardo Bauleo, Edda Díaz, Julio López, Elsa Berenguer, Graciela Araujo, Teresa Blasco, Ana Casares, Laura Escalada, Ana María Stekelman, Lía Jelin, etcétera.

También se lucieron allí, entre otros, Antonia Herrero, lrma Córdoba, Gloria Ferrandiz, Enrique Liporace, Juan Carlos Galván, Eva Dongé, Carlos Fioriti, Adolfo García Grau, Zelmar Gueñol, Tino Pascali, Nené Malbrán, Diana Maggi…

Por muchos veranos, la calle fue una fiesta y la fiesta fue el teatro. El talento y la energía de un gran director hacían posible la utopía.

Luego, también con actores españoles, mexicanos e italianos, Cecilio Madanes repitió la experiencia en grandes ciudades de América.

En 1970/71, en la propia Roma. Al reaparecer en Caminito, Octavio Hornos Paz le dio la bienvenida así: “Tras un entreacto largo e irritante, Cecilio Madanes está aquí para hacer posibles los sueños de las noches de verano”.

2000

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Diario Clarín
2 Abril 2000

Ayer, a los 78 años

MURIÓ CECILIO MADANES

Dedicó su vida al teatro, y llegó a dirigir el Colón. Tenía leucemia desde hacía 10 años. Lo velan hoy en el Teatro Nacional Cervantes.

Víctima de una leucemia que lo aquejó por más de una década, murió ayer en Buenos Aires Cecilio Madanes. Había nacido el 2 de diciembre de 1921, tenía 78 años y toda una vida dedicada al teatro.

En efecto, nada de lo teatral le era ajeno. Podría decirse que recorrió el escalafón completo que va desde el humilde teatro de barrio a la dirección general del mismísimo Teatro Colón, durante la presidencia de Raúl Alfonsín.

Había empezado su larga vida artística en 1944, cuando era alumno de la Escuela Prilidiano Pueyrredón. Con sus compañeros de estudios de Bellas Artes montó la que sería la primera de una infinita serie de obras teatrales. “Descubrí una obra anónima en la revista “Sur” que dirigía Victoria Ocampo, La farsa del Licenciado Pathelín, que me pareció muy divertida”, recordaba. Y así fue que cambió para siempre lápices y pinceles, por textos y actores.

El reconocimiento le llegó de entrada. Esa primera puesta colegial se presentó primero en el Alvear, y luego en el Cervantes donde hoy se velan sus restos y mereció incluso un premio oficial. Luego de hacer algunas armas en el cine con Luis Saslavsky, Daniel Tinayre y Mario Soffici, en 1947 fue el primer argentino en merecer y recibir una beca del gobierno francés para estudiar teatro en París. “Me dieron 800 francos y en lugar de los ocho meses de la beca, terminé quedándome ocho años trabajando de cualquier cosa, menos en teatro. Por suerte frecuenté a Jaque Cocteau y George Braque, y estudié cuatro años en el Conservatorio de Arte Dramático de París, nada menos que con Louis Jouvet”.

Volvió al país y de la mano de Paloma Efron, la mítica Blackie, ingresó al incipiente mundo de la televisión. La Revolución Libertadora del 55 se anotó un blooper notable con Madanes al echarlo por peronista, el insulto oficial de la época. Así fue que regresó al teatro, conduciendo a Luisa Vehil en El marido, la mujer y la muerte, en el Liceo. Y aprendió la cara oculta de la vida de  muchos artistas: “Todo el mundo me hizo criticas excelentes, pero nadie me llamaba”.

Fue entonces que se tomó literalmente el buque. Embarcándose como curador de una muestra de arte argentino en cruceros de placer. “Viajaba en un camarote de seis camas, con cuadros de Berni, Soldi, Castagnino y cincuenta pintores más, que vendí desde Estados Unidos a Japón. Puede decirse que fui el único que se acostó seis meses con la pintura nacional”.

A la vuelta iba a montar el proyecto que quedaría definitivamente asociado a su nombre “El hijo que no tuve es el teatro Caminito. Teatro al aire libre, como había visto en Venecia. Lo que iba a ser un experimento de dos semanas, finalmente duró 15 años, con dos funciones y mil quinientos espectadores diarios”.

Así, en medio de La Boca y la noche, renacieron Shakespeare, Goldoni, García Lorca, y una galería fabulosa de autores y obras. “Allí pude ser un creador total. Inventé todo junto a gente muy, muy capaz”. A partir de 1957, Caminito se transformó así en el gran camino de su vida, jalonado por el trabajo y compromiso de los más de 600 actores y cientos de miles de espectadores que se emocionaron en esa calle ganada para el teatro.

Luego vino el Teatro Colón. “Hice todo lo que pude, Opera para niños, espectáculos al aire libre, Julio Bocca bailando en una plaza… cosas que no eran habituales en ese momento y pasaron a serlo después. Pero durante ese tiempo abandoné lo que más me gusta: dirigir sobre un escenario”.  Su último trabajo operístico fue la puesta en el Colón de Manon Lescaut, y en el teatro, Relaciones peligrosas con Oscar Martínez y Cecilia Roth. Otro hito fue Equus, que proyectó a Miguel Ángel Solá.

Sus restos son velados en el Teatro Nacional Cervantes. Mañana, antes de ser sepultado en el Cementerio Jardín de Paz, el cortejo fúnebre con los restos de Cecilio Madanes pasará y se detendrá en el Teatro Colón. Será Justicia.

Gabriel Senases

 

La Nación
3 Abril 2000

El ex director del Colón falleció a los 78 años

MURIÓ CECILIO MADANES, UN INNOVADOR DE LA ESCENA TEATRAL

Concibió el teatro Caminito y se destacó por la puesta de recordados éxitos

Con el fallecimiento de Cecilio Madanes, ocurrido ayer, a los 78 años, como consecuencia de una leucemia, enfermedad contra la que luchaba desde hace una década, desaparece uno de los grandes maestros de la escena argentina.

Había nacido en Ucrania y de muy niño sus padres viajaron a la Argentina trayendo al pequeño Cecilio que, como integrante de una tradicional familia judía, se estable ció en el barrio de Once. Aquí comenzó a tejer sus primeros sueños y supo que su destino estaría ligado a la creación artística.

Hizo todo lo necesario para ello porque, entre otras cosas, fue un convencido de que “a la vida hay que provocarla” Y lo hizo. De su trayectoria podrían destacarse, sin dificultad alguna, variados momentos de esplendor. Tal vez aquellos años cuarenta, cuando estudiaba en París y recibía consejos y plácemes de Jean Cocteau y de Georges Braque, mientras Louis Jouvet le auguraba un promisorio futuro.

Ya de regreso en Buenos Aires, en 1955, dio vida a una experiencia inolvidable para la historia del teatro argentino: Caminito. “De mí surgió la idea -dijo Madanes más de una vez pero fue la concreción de una suerte de magia colectiva en la que participamos desde autores, actores y técnicos hasta vecinos de La Boca”.

En esa callecita querendona y multicolor, Madanes levantó su escenario y por él transitaron títulos de fácil recuerdo popular: “Las de Barranco”, “La zapatera prodigiosa”, “La pérgola de las flores”, “Una viuda difícil” y otras propuestas mágicas y coloridas que el público recibía con sonoros aplausos. Para él, Caminito fue, no cesaba de repetirlo, “lo más importante que haya hecho en mi existencia”. Gestor e imaginero del teatro como espectáculo popular, las obras ofrecidas en esa calle a lo largo de quince años se transformaron en un hito sin precedente en la historia de la escena argentina.

Sus otros caminos

Pero la trayectoria artística de Madanes, sostenida por una amplia cultura y por esa necesidad de descubrir siempre lo más maravilloso del arte, no se detuvo en su labor como descubridor y sostenedor de ese bello escenario boquense, sino que se prolongó hacia otras metas tan o más ambiciosas que aquélla.

El escenario del Colón lo tuvo, desde 1965, cuando hizo la régie de “Traviata”, con Anna Moffo, como un impulsor de la lírica, esfuerzo
que fue recompensado cuando fue designado como director de nuestro primer coliseo, cargo que ocupó durante tres años, durante el gobierno de Raúl Alfonsín.

Durante ese período, Madanes agilizó la estructura del Colón y concibió desde óperas para niños y conciertos al aire libre hasta la actuación de Julio Bocca bailando en una plaza. Por aquella época solía decir que “ahora, para entrar al Colón, no hay que vestir de saco y corbata”.

Su puesta en ese escenario del oratorio “Juana de Arco en la hoguera” o su afortunada versión de “El murciélago”, de Strauss, son simples ejemplos del talento de Madanes para adentrarse en un género elevado al que él, conocedor del gusto popular, lo supo concebir para un público no demasiado adiestrado en la materia.

Sin embargo, Madanes no detuvo en esos logros su mente ágil y sagaz en materia teatral. Amplio conocedor de los escritores nacionales e internacionales, recreó piezas de tal envergadura como “Doña Rosita, la soltera”, de Federico García Lorca; “Equus”, de Peter Shaffer; “Locos de verano”, de Gregorio de Laferrere. “Amadeus”, de Peter Shaffer, o “El día que secuestraron al Papa”, sin omitir el espectáculo que, en 1961, estrenó en el Avenida con el título de “Estrellas en el Avenida”, y en el que logró reunir a Tita Merello, María Antinea, Tato Bores y Hugo del Carril.

El último tramo

Casi tímido en cualquier reunión de amigos, preciso y con humor zumbón en pequeñas tertulias madrugadoras, Cecilio Madanes nunca se apartó de su pasión teatral. Para él la existencia tenía forma de escenario, y nunca quiso apartarse del tablado, de las luces y de los mágicos personajes de las obras que puso en escena.

Viajero incansable, recorrió casi todas las ciudades del mundo en busca de perfección o de obras que, en esos momentos, imaginaba para los teatros porteños.

Cultivó el fervor de la amistad con nombres tan trascendentes como Lee Strasberg, Geraldine Page, Paul Newman y Elia Kazan. Aquejado ya por la enfermedad que pondría fin a sus días, Madanes realizó la régie de “Manon Lescaut”, de Puccini, en el Colón, y en 1995 puso en escena “Relaciones peligrosas”, con Oscar Martínez y Cecilia Roth, que sería su canto de cisne.

Ameno charlista y enamorado de anécdotas y recuerdos de su larga trayectoria artística, el director participó en numerosos programas de televisión como invitado de lujo para prestigiar con su sola presencia cualquier reunión.

Enterado de la leucemia que ya se había instalado en su cuerpo, no cejó en su tarea. “Siempre he preferido la pelea por objetivos a una pasividad sin remedio”, dijo en una oportunidad. Cada día deseaba volver a un escenario porque, mucho más allá de su enfermedad y de su documento de identidad, Madanes siempre estuvo convencido de que la verdadera edad está en los sueños de los que se alimenta.

El definitivo adiós

Con su muerte, el teatro argentino pierde a un talento sin par, a un imaginero que se sabía ubicar tanto en los grandes salones como en los barrios humildes, y a un cálido ser humano siempre dispuesto al gesto cordial y a la ayuda espontánea.

El velatorio de Cecilio Madanes se realizará hoy en el Teatro Nacional Cervantes y el sepelio tendrá lugar mañana, a las 10, en el cementerio Jardín de Paz, luego de que el co tejo transite frente al Teatro Colón, donde se le tributará el homenaje que, en vida, ya le fue brindado por un público convencido de su pasión por los escenarios.

Adolfo C. Martínez

La trayectoria

  • Cecilio Madanes había nacido en Ucrania, en 1922.
  • En 1945 se acercó al cine como asistente de Mario Sóffici y tuvo una gran amistad con el director de cine Luis Saslavsky.
  • El gobierno francés lo becó para estudiar teatro en París. Fue por diez meses y finalmente vivió ocho años.
  • De regreso en Buenos Aires, levantó en las legendarias calles de La Boca el escenario Caminito, donde imaginó el teatro como escenario popular.
  • Impulsor de la lírica, en 1965 se vinculó con el Teatro Colón, que dirigió durante tres años en la década del ochenta, durante la presidencia de Raúl Alfonsín. Durante su gestión agilizó la estructura del teatro y ofreció óperas para niños y conciertos al aire libre.
  • En los años 70 renovó la escena del teatro nacional al poner en escena “Equus” con la actuación de Miguel Ángel Solá.