1960: Una viuda difícil

1960

Nombre del espectáculo: UNA VIUDA DIFÍCIL
Fecha de estreno: 19 Diciembre 1960

REPARTO
Isabel: AÍDA LUZ
Don Cosme: OSVALDO TERRANOVA
Galán: RICARDO BAULEO
Rita: MARGA DE LOS LLANOS
Pedrito: CARLOS ALVARENGA
Justina: MARÍA ESTHER CORAN
Víctor: GUILLERMO HELBLING
Alcalde: JORGE VILLOLDO
Pregonero: JUAN CARLOS BERCO
Verdugo: JORGE LUZ
Nieves: HEBE RUSSO
Fray Lucindo: MARIO MEDRANO
Mariano: JOSÉ MARÍA LANGLAIS
Sereno: CARLOS FIORITI
Cieguito Cantor: JUAN CARLOS ALSINA
Misia Jovita: MARÍA MARÍN
Misia Mariquita: ESTHER VELÁZQUEZ
Misia Micaela: AÍDA VILLADEAMIGO
Vejete: JORGE LUZ
Un Amigo: MARIO MEDRANO
Negrita 1º: ETHEL LEMOINE
Negrita 2º: TERESA DALTON
Negrito 1º: OCTAVIO LEMOINE
Negrito 2º: CARLOS SPANO

Autor: CONRADO NALÉ ROXLO
Vestuario: EDUARDO LERCHUNDI
Escenografía: RAGUCCI – MADANES
Canción “Mariano el Valiente”: ISIDRO MAIZTEGUI
Vals y Candombe: RODOLFO ARIZAGA
Zamba “Una Mirada”: JOSÉ MARÌA LANGLAIS
Asistente del Director: HÉCTOR JACINTO ARAGONES
Asistente de Producción: MIGUEL ÁNGEL LUMALDO
Administrador: ANTONIO SOTO
Realización del Vestuario: MARÍA ELENA DE RUIZ
Realización del Decorado: REIMUNDO
Instalación General del Teatro: HERMES PROVENZANO
Pelucas: CASA MARZIANO
Telas del Vestuario: CASA VICTOR
Telas Blancas: GRAFA
Paraguas y Abanicos: CASA LA MAJA
Utilería: MARZORATI
Jefe de Sonido: JOSÉ GANTAR
Jefe de Electricista: LUIS M. VOLPE
La Burrita “Perica” donada por: JOCKEY CLUB DE CÓRDOBA
Diagramación Publicitaria: GARCÍA TUÑON
Peinetones, Copias fieles de la Colección del señor González Garaño realizados por MENDILAHARZU.

El Teatro Caminito ha sido creado, organizado y dirigido por
CECILIO MADANES

SALA
Pasaje Caminito, La Boca

 

El espectáculo cuenta con el auspicio de la Secretaría de Cultura y Acción Social de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires.

Funciones Todos los días a las 20hs. y 22hs.
LA COMPAÑÍA DESCANSA LOS DÍAS DE LLUVIA Y LA SEMANA DE CARNAVAL.

 

SÍNTESIS ARGUMENTAL

Farsa en siete Cuadros

Isabel (AÍDA LUZ) es una joven huérfana, que habiendo heredado una platería, se casa con el ayudante de su padre, quien muere dos años después. Se ve obligada a atender sola el negocio, que se le llena de pretendientes, pero ninguno de ellos quiere nada serio.

Víctor (GUILLERMO HELBLING), que había sido el gran amor de su niñez, regresa de España. Pero él no quiere comprometerse. Mariano (JOSÉ MARÍA LANGLAIS) es acusado de asesinar a 7 personas y van a colgarlo. El Alcalde (JORGE VILLOLDO) decide perdonar su vida si una mujer lo condena al matrimonio.

Isabel ve entre la multitud a Víctor y por despecho accede a casarse con Mariano.

En casa de Isabel se hace una pequeña reunión intima para bendecir la boda, aunque sus amigas (MARÍA MARIN, ESTHER VELAZQUEZ y AÍDA VILLADEAMIGO) lamentan su decisión. Isabel pone condiciones a Mariano a través del Fray Lucindo (MARIO MEDRANO). Y el Verdugo (JORGE LUZ) pide a Isabel dinero como consecuencia de haberlo hecho perder su trabajo.

Desaparece dinero del negocio y Mariano es acusado. Isabel a su vez, confiesa a Rita (MARGA DE LOS LLANOS) que está enamorada de Mariano. Mariano decide buscar empleo en otro lado para no espantar a los clientes de Isabel, pero es agredido por el pueblo (que lo considera asesino). Isabel defiende a Mariano y luego le confiesa su amor.

Mariano confiesa a Isabel que no es un asesino, sino que se adjudicó los crímenes porque era una persona tímida y quería hacerse respetar en su barrio. Isabel se siente engañada. Los pretendientes poco a poco regresan a la platería: don Cosme (OSVALDO TERRANOVA), Pedrito (CARLOS ALVARENGA), y hasta Víctor, que insiste en reconquistarla.

Mariano consigue que los pretendientes de Isabel compren algo, y se marchen del lugar, inclusive Víctor. Decide también él marcharse, pero Isabel le pide que se quede. Juntos festejan su amor.

 

VESTUARIO

A pesar de que la obra se sitúa en Buenos Aires en la época del virreinato, la dirección artística se ha inspirado para la puesta en escena en las litografías de Bacle y Cía. impresores litográficos del Estado del 1820.

En los establecimientos litográficos de 1820 se han reproducido los primeros retratos del Almirante Brown y de figuras militares destacadas en la campaña contra el Brasil, como así también dibujos artísticos y partituras.

En octubre de 1829, el gobierno de Viamonte designó por decreto “Impresores Litográficos del Estado” a los señores Bacle y Compañía, que dio luz a la primera serie de “Trajes y Costumbres de la Provincia de Buenos Aires”.

 

 

 

FIGURINES
de Eduardo Lerchundi

1. Isabel (AÍDA LUZ)
31.5 x 23.8 cm
12.4 x 9.37 in

 

2. El Alcalde (JORGE VILLOLDO)
31.5 x 24 cm
12.4 x 9.37 in

 

3. El Alcalde (JORGE VILLOLDO) Reverso 2
Calidad: Figurín
Medidas:
31.5 x 24 cm
12.4 x 9.37 in

 

4. Misia #1
31.7 x 24 cm
12.48 x 9.37 in

 

5. Misia #2
31.7 x 24 cm
12.48 x 9.37 in

 

6. Misia #3
31.7 x 24 cm
12.48 x 9.37 in

 

7. Verdugo (JORGE LUZ) 
Calidad: Figurín
Medidas:
31.5 x 24 cm
12.4 x 9.37 in

 

8. Verdugo II (JORGE LUZ) Reverso 7
31.5 x 24 cm
12.4 x 9.37 in

 

9. Mariano (JOSÉ MARÍA LANGLAIS)
Calidad: Boceto
Medidas:
24 x 16 cm
9.37 x 6.29 in

 

10. Vejete (JORGE LUZ)
17.3 x 19 cm
6.81 x 7.48 in

 

EN ESCENA

13viudapuestageneral

Nieves (HEBE RUSSO), Viuda (AÍDA LUZ), Fray Lucindo (MARIO MEDRANO), Alcalde (JORGE VILLOLDO), Verdugo (JORGE LUZ), Pregonero (JUAN CARLOS BERCO), Víctor (GUILLERMO HELBLING)

 

Víctor (GUILLERMO HELBLING) e Isabel (AÍDA LUZ)

 

Mariano (JOSÉ MARÍA LANGLAIS), Pedrito (CARLOS ALVARENGA), Misia Mariquita (ESTHER VELAQUEZ), Nieves (HEBE RUSSO) y Rita (MARGA DE LOS LLANOS)

 

Mariano (JOSÉ MARÍA LANGLAIS), la burrita “Perica”, y el Verdugo (JORGE LUZ)

 

Caminito Esquina Lamadrid, La Boca

 

NOTAS PREVIAS

Fue una alegría atenuada por cierta incredulidad que recibí la noticia de que Cecilio Madanes proyectaba representar esta temporada “Una viuda difícil” en “Caminito”. Mi alegría no necesita explicación, mi incredulidad, sí. En el ya famoso callejón boquense se había representado a Goldoni, a Moliere, a García Lorca, y el cuarto nombre era el mío. Estaba muy bien, estaba demasiado bien para ser cierto. Pero lo era. La luz del entendimiento le hizo ver a mi ingenua vanidad que después de tres obras maestras extranjeras, se imponía una nacional, aunque no fuera tan maestra. Con todo, seguía siendo muy halagüeño, que director tan exigente la eligiera entre el vastísimo repertorio argentino. Pero cuando me hice amigo de Madanes, me dijo en confianza que, sin desconocer sus méritos, había optado por la Viuda porque en ella sale un burro, y él tenía ocioso y sin destino el que presentara en “La zapatera prodigiosa”. Nada sufrió mi vanidad por eso. Pensé en los burros célebres, desde la bíblica burra de Balaam hasta el delicioso Platero. Pensé también que si Jesús entró en Jerusalén caballero en un asno, alto e inmerecido honor era para mí entrar en “Caminito” del mismo modo. Como se ve, todo es bueno para alimentar la vanidad de un autor, hasta la carne de burro, siempre que se la sepa condimentar con antecedentes prestigiosos.

¿Por qué resulta tan atrayente para un autor ser representado en “Caminito”? En primer lugar, porque así se entra a formar parte de una vieja tradición porteña. ¿Vieja tradición cuando este será su cuarto año de vida? Sí, señoras y señores. A ejemplo del pueblo inglés, que cuando algo les gusta, aunque haya nacido el día anterior, se ingenia para recubrirlo con la prestigiosa pátina que traen los siglos, el nuestro ha dado al nuevo teatro la antigüedad de la calle en que vive. Y siente que siempre debió estar allí y resuelve que siempre estuvo. Magia de la simpatía que modifica con su calor el correr del tiempo.

Todo es cálidamente humano en “Caminito”, hasta el apoyo oficial que nos viene de Municipalidad, que es la parte más humanizada de los gobiernos.

Pero el apoyo que más necesitamos, aparte del que respetable público, claro está, es el de las ciento veinte familias que habitan la calle. Sin su simpatía, sin su indulgencia para soportar durante muchas noches los mismos parlamentos, ¡adiós a mi Viuda! Bastaría con que un vecino malhumorado ponga el grito de la radio en el cielo para malograr la función. Ojalá que todos sientan por mi Viuda el mismo amor que sentimos Cecilio y yo.

El éxito de la temporada depende -obra aparte-, en gran medida, del estado del tiempo, del estado del tiempo a cuyo azar vivimos sujetos, como dos de las más nobles y riesgosas actividades humanas: la agricultura y la navegación. Y al respecto, quiero anotar un descubrimiento psicológico del que me jacto. El director ha dispuesto que una de las escenas principales de la pieza se haga bajo paraguas. Él cree, honradamente, que sólo ha buscado un efecto artístico. Pero hay algo más: se trata de su subconsciente que, obsesionado por los peligros del mal tiempo, se defiende en forma simbólica contra el aguacero.

Y esto de las lluvias malogradoras de espectáculos -¡Cruz Diablo!- si se mira desde otro punto de vista, tampoco está mal: nos da la seguridad de que nadie entrará a nuestro teatro para no mojarse.

Pido disculpas por este prólogo, que me ha salido casi tan largo, aunque menos sociológico que los de Bernard Shaw.

CONRADO NALÉ ROXLO

 

PRENSA
IMG_6051

Talía

UNA VIUDA DIFÍCIL

Farsa en siete cuadros, de Conrado Nalé Roxlo
Teatro Caminito
Fecha de estreno: 19 de diciembre de 1960

“Cuando me hice amigo de Madanes me dijo en confianza que, sin desconocer sus méritos, había optado por la Viuda porque en ella sale un burro, y él tenía ocioso y sin destino el que presentara en “La Zapatera Prodigiosa”. Esta cita de Conrado Nalé Roxlo, que no tiene desperdicio, paladinamente inserta en el programa de mano que se distribuía entre los espectadores del Teatro Caminito, viene a echar una luz de extraña y sintomática fosforescencia sobre la disposición creadora que la puesta en escena fue acometida. La prevención del autor -¿pura ingenuidad o dardo sutil con destinatario a la vista?-, a la que podemos restar veracidad ya que está en letras de molde, contribuye grandemente al enfoque valorativo de la cuarta temporada del teatro que comanda Cecilio Madanes en su reducto boquense de junto al Riachuelo.

Son conocidas las características de “Una Viuda Difícil”, comedia ya juzgada cuando en 1944 fue estrenada por Paulina Singerman y Santiago Arrieta. Se trata de una pieza que sin pretender incursionar por los meandros de la exhumación evocativa de la época colonial en Buenos Aires, se vale de una anécdota graciosa salpicada de intemporalidad. Toma así el carácter de jocoso pasatiempo, pero un pasatiempo sustentado en la gracia limpia, despojada de segundas intenciones como son las gracias de buen cuño, en el ánimo alegre de un autor que no ha de ser deslumbrador y sí ser galante con sus espectadores y escuchas. A todos los ha querido divertir y entretener, consiguiéndolo con extrema facilidad. Ello no significa que haya dejado de aventurarse en algunas concesiones que hacen a la fruición con que repite situaciones secundarias, que no modifican el fondo del asunto y que, como toda demasía, lo perturban en muchos pasajes.

Tampoco sobresale “Una Viuda Difícil” por su originalidad. La protagonista está íntimamente emparentada con “La Zapatera…”, de García Lorca, y la situación del condenado a muerte que debe elegir entre la horca y el matrimonio, se está cotejando insistentemente con aquel reo de los versos de Leopoldo Lugones: “Pero si una mujer/ Por marido lo pedía,/ En prisión aquél suplicio/ Conmutado le sería”. Por supuesto que la pastelera Ña Justa que se ofrece al sacrificio del casamiento (“Parda jamona, y de yapa,/ Bizca por su mala suerte,/…) tiene poco y nada que ver con la viuda Isabel, la bella platera imaginada por Nalé Roxlo. Pero las concomitancias no parecen haberle preocupado sobremanera a nuestro autor, que no ha intentado ni por asomo ocultarlas o siquiera disimularlas. Y esto está bien.

Con “Una Viuda Difícil”, Cecilio Madanes concretó acaso su mejor espectáculo después del inicial con “Los Chismes de las Mujeres”, de Goldoni. Claro está que el director ha reaparecido con ese dejo superficial que le lleva a huir de todo tipo de ahondamientos estéticos y psicológicos y sí a recurrir a los efectos plásticos, visuales sobre todo, que tienen una rápida repercusión. Pero es indudable que en esta oportunidad se ha mostrado sobrio, vigilante de la labor de los intérpretes -sometidos, al parecer voluntariamente, a una plausible homogeinización corrigiendo paso a paso la proclividad al trazo grueso que alguna vez se le ha reprochado. Madanes no se ha esmerado, en cambio, respecto a una búsqueda de los recursos novedosos siendo que la calle Caminito es una permanente suscitación en este aspecto.

El “metteur en scene” insistió en ciertas evoluciones, en muchas escenas ya vistas en otros espectáculos -también las que se juegan desde azoteas y balcones pueden dejar de llamar la atención- y, para nuestro gusto, se mostró excedido en el cuidado de los detalles que conformaron una pulcritud, elegancia y aseo insospechados para una obra que tiene bastante de manifestación popular. Y otro reproche, antes de redondear el merecido elogio final: las enmiendas al texto, con la venia culposa del autor, que no hicieron otra cosa que afearlo. En suma: Madanes ha cumplido un trabajo excelente, verdadero dechado de organización, que nos renueva en la impresión de que también el teatro puede ser atractivo para el público, aquí en nuestra contradictoria Buenos Aires, que en este orden de cosas todavía cree en la improvisación y los milagros.

Aída Luz tuvo a su cargo el personaje protagonista, al que insulsó simpatía y desenvoltura. Acaso le hubiese sido menester una vivacidad, una actitud temperamental más sanguínea. Pero el suyo fue un buen trabajo, nada excepcional, perturbado a veces por una elocución extemporánea o mal controlada. Osvaldo Terranova realizó una magnífica composición en Don Cosme, al que engalanó con una minuciosidad asombrosa de detalles. Encarnó al Verdugo y a un Vejete, el jocundo Jorge Luz, dando de lleno en el acierto. José María Langlais, actor de buena planta y discreto cantante, falseó la índole de su Mariano posiblemente porque el director no se aplicó mucho más en su caso al que vertió desde el principio con un inconveniente desprejuicio. Marga de los Llanos, María Esther Corán, Jorge Villoldo -excelentes los tres-, Carlos Fioriti Juan Carlos Alsina, Guillermo Helbling y Carlos Alvarenga, completaron un bien seleccionado reparto.

El escenógrafo Leandro Ragucci tornó a revelar su capacidad de síntesis y su imaginación al servicio siempre del buen gusto. Agradables los aportes musicales de Rodolfo Arizaga y de escaso rigor, aunque apropiado, el vestuario creado por Eduardo Ler chundi

K. S.

 

escanear

LOS PERSONAJES DE “UNA VIUDA DIFÍCIL”

El Teatro Caminito de la Boca, que en temporadas anteriores presentó a nuestro público espectáculos de indudable valor, reanudará el lunes próximo su actividad con “Una viuda difícil” de Conrado Nalé Roxlo, que será puesta en escena por Cecilio Madanes.

Vemos aquí los cuatro figurines creados por Eduardo Lerchundi para otros tantos personajes principales de esta obra. A saber: Don Cosme, a cargo de Osvaldo Terranova; el de la viuda en cuestión que da nombre a la pieza del poeta y comediógrafo argentino, que interpreta Aída Luz; el de la Mazamorrera con el que se entiende María Ester Corán, y el del verdugo, con cuya responsabilidad corre Jorge Luz.

Intervienen además, Marga de los Llanos, Carlos Fioritti, Guillermo Hebling, Aída Villadeamigo y Jorge Villoldo. La escenografía es de Ragucci y Madanes y la música de Rodolfo Artiaga e Isidro Maistergui.

 

ANUARIO 1960

María Elena Walsh y Leda Valladares graban las “Canciones de Tutú Marambá”. El 25 de Mayo de 1960 es oficialmente inaugurado el Teatro General San Martín. Petrona Carrizo de Gandulfo (o Doña Petrona) se incorpora al programa de TV “Buenas tardes, Mucho Gusto”. René Magritte pinta “La ira de los dioses”. Nace “Astroboy”, ícono del magna japonés. Se estrena “Psycho” (Psicosis), considerada la obra maestra de Alfred Hitchcock. “La Dolce Vita” de Federico Fellini marca una nueva etapa en la carrera de su director. The Quarrymen cambian su nombre, luego de una gira por Hamburgo, a The Beatles.Se celebran los Juegos Olímpicos en Roma, Italia. Se publica la primera edición de “La Tregua” de Mario Benedetti.El actor estadounidense Clark Gable fallece a los cincuenta y nueve años víctima de un infarto al miocardio. John F. Kennedy gana las elecciones presidenciales de los Estados Unidos. Empieza a emitir en Buenos Aires la señal de TV de Canal 9. El sello dicográfico EMI Odeón edita “Toda Violeta Parra”. Se abre al público en Amsterdam, la casa de Ana Frank.