1962: Las de Barranco

1962
Nombre del espectáculo: LAS DE BARRANCO
Fecha de estreno: 6 Diciembre 1962

REPARTO
La niña del piano: AMANDA BEITIA
Gertrudis: NENE MALBRAN
Muchacho: HORACIO OSVALDO MARTINEZ
Doña María: GLORIA FERRANDIZ
Carmen: GRACIELA ARAUJO
Manuela: ELITA AIZENBERG
Pepa: HILDA BERNARD
Señorita Rosario: AIDA VILLADEAMIGO
Morales: ROGELIO ROMANO
Castro: TINO PASCALI
Petrona: ESTHER VELAZQUEZ
Linares: GUILLERMO HELBLING
Barroso: CARLOS FIORITI
Rocamora: GERMAN VEGA
Jennaro: CARLOS ALVARENGA
Pérez: JULIO LÓPEZ

Autor: GREGORIO DE LAFERRÈRE
Escenografía: LEANDRO H. RAGUCCI – CECILIO MADANES
Vestuario: EDUARDO LERCHUNDI
Asistente de dirección: HECTOR J. ARAGONES
Asistente de producción: MIGUEL ANGEL LUMALDO
Administración: ANTONIO SOTO

El Teatro Caminito ha sido creado, organizado y dirigido desde 1957
CECILIO MADANES.

SALA
Pasaje Caminito, La Boca

 

EL AUTOR

GREGORIO DE LAFERRÈRE (1867-1913) Escritor argentino, encabeza la “época de oro” de la escena nacional. En el año 1893 es elegido Diputado Provincial. Fundó un periódico en el que actuaba con el seudónimo de Abel Stewart Escalada; así se inició en las letras. Creó el Conservatorio Lavardén para el fomento del teatro y de la formación de actores.

Su dramaturgia está dentro de la comedia humorística casi bufona, cuyo escenario es la sociedad porteña entre 1890 y 1910, principalmente la burguesía. Algunas de sus obras: “¡Jettatore!” (1905), “Bajo la garra” (1906), “Las de Barranco (1908)” y “Los invisibles” (1911).

 

SÍNTESIS ARGUMENTAL
Comedia en 4 Actos.

El capitán Barranco ha muerto y su viuda doña María (GLORIA FERRANDIZ). y las tres hijas Carmen (GRACIELA ARAUJO), Manuela (ELITA AIZENBERG) y Pepa (HILDA BERNARD) tratan de sobrevivir con la exigua pensión del gobierno, el subarriendo de algunas habitaciones de la casa y los regalos que gracias a las manipulaciones de doña María entregan diversos galanes que compiten por los favores de Carmen.

Rocamora (GERMAN VEGA) gerente de una tienda, Barroso (CARLOS FIORITI) dentista, y Castro (TINO PASCALI), el administrador que concurre a percibir el alquiler, pero demora los cobros por las mismas razones. Y los subinquilinos Morales (ROGELIO ROMANO), un estudiante de medicina, y Linares (GUILLERMO HELBLING), un joven escritor.

Doña María siempre pendiente de su situación económica se desvive por guardar las apariencias. Carmen, la hija más bella y lúcida, acata pasivamente la voluntad de la madre, pero no comparte sus propósitos. Pepa, más simple que su hermana, y Manuela, que sólo se preocupa por la ropa y por eventuales novios.
Otros personajes son una sobrina de doña María, Petrona (ESTHER VELÁZQUEZ), y Pérez (JULIO LÓPEZ), el novio de ésta.
Carmen corresponde al amor de Linares, y le pide a doña María que la autorice a casarse. La madre se opone y declara abiertamente que el futuro económico de toda la familia depende de Carmen por lo que excluye tal casamiento y al mismo tiempo los dos inquilinos anuncian que dejan la casa.
Finalmente la viuda fracasará en su intento de retenerla, y Carmen se fugará con su novio.

“Las de Barranco” fue estrenada el 24 de abril de 1908 en el Teatro Moderno (actual Liceo) de Buenos Aires por el elenco del Conservatorio Labardén con Orfilia Rico.

 

FIGURINES
de Eduardo Lerchundi

1. Petrona (ESTHER VELÁZQUEZ)
32 x 24.2 cm
12.59 x 9.52 in

 

2. Carmen (GRACIELA ARAUJO)
32 x 24 cm
12.59 x 9.44 in

 

3. Manuela II (ELITA AIZENBERG)
31.5 x 24 cm
12.40 x 9.44 in

 

4. Manuela III (ELITA AIZENBERG)
31.5 x 24 cm
12.40 x 9.44 in

 

5. Señorita Rosario (AÍDA VILLADEAMIGO)
32 x 24 cm
12.59 x 9.44 in

 

6. Cocinera (LOLA PALUMBO)
32 x 24.2 cm
12.59 x 9.52 in

 

7. Doña María (GLORIA FERRANDIZ)
32 x 24 cm
12.59 x 9.44 in

 

8. La niña del piano (AMANDA BEITIA)
31.8 x 24 cm
12.51 x 9.44 in

 

9. Petrona II (ESTHER VELÁZQUEZ)
31.7 x 24 cm
12.48 x 9.44 in

 

10. Carmen II (GRACIELA ARAUJO) 
32 x 24 cm
12.59 x 9.44 in

 

11. Manuela (ELITA AIZENBERG)
31.8 x 24 cm
12.51 x 9.44 in

 

12. Gertrudis (NENÉ MALBRÁN)
40.5 x 22 cm
15.94 x 8.66 in

 

13. Linares (GUILLERMO HELBLING)
31.7 x 24 cm
12.48 x 9.44 in

 

14. Peinados
Calidad: Boceto. Lápiz negro.
28 x 22 cm
11.02 x 8.66 in

 

15. Petrona III (ESTHER VELÁZQUEZ) Reverso 9
31.7 x 24 cm
12.48 x 9.44 in

 

16. Doña María (GLORIA FERRANDIZ) Reverso 7
32 x 24 cm
12.59 x 9.44 in

 

PRODUCCIÓN

Las casas de la calle Caminito han sido pintadas bajo la dirección de BENITO QUINQUELA MARTÍN. El dibujo de la tapa de este programa ha sido diseñado especialmente por RAÚL SOLDI.

Este espectáculo cuenta con un préstamo de $500.000 otorgado por el Fondo Nacional de las Artes, que nos ha permitido adquirir: Vestuario, Escenografía, Utilería, Peluquería, Accesorios y equipos de Sonido Philips.

 

EN ESCENA

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Carmen (GRACIELA ARAUJO).

 

Manuela (ELISA AIZENBERG), Carmen (GRACIELA ARAUJO), GLORIA FERRANDIZ (Doña María), (Pepa) HILDA BERNARD, Petrona (ESTHER VELAZQUEZ).

 

Pérez (JULIO LÓPEZ), Carmen (GRACIELA ARAUJO) y Doña María (GLORIA FERRANDIZ).

 

Pérez (JULIO LÓPEZ), Doña María (GLORIA FERRANDIZ), Gertrudis (NENÉ MALBRAN) y Carmen (GRACIELA ARAUJO).

 

Pérez (JULIO LÓPEZ) y Doña María (GLORIA FERRANDIZ).

 

Pérez (JULIO LÓPEZ), Gertrudis (NENÉ MALBRAN), Doña María (GLORIA FERRANDIZ) y Carmen (GRACIELA ARAUJO).

 

Doña María (GLORIA FERRANDIZ).

 

Portón de entrada y boletería del Teatro Caminito.

 
IMG_5578 Tito Ruzzi y Roberto Romano: vecinos de La Boca sentados en la escenografía de “Las de Barranco”.

 

 

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Fotografía: Annemarie Heinrich.

 

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Fotografía: Annemarie Heinrich.

 

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Fotografía: Annemarie Heinrich.

 

NOTAS PREVIAS

LAS DE BARRANCO EN CAMINITO

Joaquín de Vedia definió así a “Las de Barranco”: “Acaso la nota más nueva y característica, más vigorosamente humana que haya dado hasta hoy la vena cómica argentina, amén de contener la pintura del ambiente mejor y más ampliamente matizada que de un plano de la vida porteña se haya hecho en el país”.

Y Nicolás Coronado, refiriéndose a esta auténtica “comedia de costumbres”, dijo alguna vez: “Ha sido escrita para dentro de muchos años”.

Prueba de lo último, es que cincuenta y cuatro años después nos atrae con mayor trascendencia que a los contemporáneos que reían de los diálogos de Orfilia Rico y José Brieva. Pues en ello percibimos un testimonio veraz, un exacto termómetro que, a la distancia, nos permite medir la nerviosa temperatura del instante porteño que lo inspiró.

Toda la melancolía del “quiero y no puedo”, toda la amargura del medrar ansioso, toda la tragedia de la decadencia familiar, toda la desesperación de la salvaguardia de las apariencias, están presentes en sus escenas nutridas y dinámicas, debajo de las máscaras festivas, como están presentes los elementos nobles, puros, que proclaman sin retórica un mensaje de fe en la juventud y en el amor desinteresado.

Explicase, pues, que dentro de las limitaciones del teatro argentino, “Las de Barranco” sea ya, para siempre, una obra “clásica”. Posee para ello la fuerza que elabora los perdurables arquetipos. Doña María, su riquísimo personaje central, vivirá tanto como viva el teatro nuestro.

Explicase, asimismo, que en más de medio siglo de andanza “Las de Barranco” haya vuelto a nuestro proscenio en muchísimas ocasiones; que, después de Orfilia Rico, la sicología de su pasmosa viuda surgiera interpretaciones notables, entre otras actrices, a Herminia Mancini y a Felisa Mary; que ahora, así como Cunill Cabanellas eligió en 1936 a “Locos de verano” para el espectáculo inaugural del Teatro Nacional de Comedia, Cecilio Madanes añada “Las de Barranco” a la serie de sus triunfos en el Teatro Caminito.

Sin duda a Laferrère lo hecho muy feliz la presentación de su obra en la pintoresca, inesperada calle de la Boca, con un fondo de mástiles y de fachadas multicolores, porque allí, más que en ninguna otra escena de Buenos Aires, la realidad y el sueño se entremezclan, de tal suerte que es imposible separarlos e indicar dónde comienza y termina la ficción, porque el público, el lugar y la atmósfera, concertado genialmente (no se me ocurre palabra más adecuada) por la inventiva gozosa de Madanes, participan del espectáculo y contribuyen, en forma difícil de comparar, a suscitar la comunicación espiritual intensa que constituye el anhelo supremo de cada autor teatro.

No dudo de que la colaboración de Laferrère y Madanes se traducirá en resultados significativos. Así como cada generación requiere, por exigencias de la sensibilidad, una traducción de los escritores clásicos ajustada a las modalidades cambiantes de su progreso, cada generación impone que se “recree” también la obra teatral, ciñéndola a las condiciones distintas del tiempo en marcha.

La obra puede equipararse a un ser humano: el autor es su padre, los sucesivos directores e intérpretes son sus mentores, su creciente familia. Sí, como acontece en el caso de “Las de Barranco”, la obra posee las esenciales condiciones vitales que reclama su supervivencia y su desarrollo, la obra madurará más y más con los decenios, tal vez con los siglos.

Madanes nos ha demostrado, por medio de sus versiones de Goldoni, de Molière y de Lorca -por sólo citar a tres maestros de su repertorio- con qué sutil sagacidad entra en el laberinto de los textos y descubre sendas nuevas hacia su alma.

Con Caminito nos guiará, por una comprensión profunda del porteñismo de Laferrère, hacia las raíces de su universalidad.

MANUEL MUJICA LÁINEZ
De la Academia Argentina de Letras

 

MANUEL MUJICA LÁINEZ (1910-1984). Escritor, biógrafo, crítico de arte y periodista argentino. Publicó “Glosas castellanas”, “Don Galaz de Buenos Aires”. En 1949 publicó un libro de cuentos: “Aquí vivieron”. Con “Bomarzo”, inició un nuevo ciclo de obras eruditas y fantásticas en el molde de la novela histórica. La obra ha dado argumento a una ópera premiada y reconocida en el mundo con música de Alberto Ginastera.

 

PRENSA

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Talía

LAS DE BARRANCO

Digámoslo desde la primera frase: la representación de “Las de Barranco”, de Gregorio de Laferrère, por el elenco de Caminito y bajo la dirección de Cecilio Madanes, constituye un espectáculo importante. El director ha estudiado seriamente la obra, ha medido y pesado sus diversos elementos para acordarles una jerarquía equilibrada y ha podido así darle existencia escénica cabal, con belleza y vigor.

Madanes, con lógica irrebatible, toma como núcleo dominante, sólido, el hogar de “las de Barranco”. Construye con materiales reales un decorado arquitectónico que corporiza a esa suerte de personaje extra que es el hogar de la familia Barranco. Una escenografía habitual no hubiera podido pesar de tal manera. Porque en la versión de Caminito el escenario es la réplica material del empecinado carácter de doña María, la viuda del capitán Barranco, esa mujer dominante que maneja a sus hijas y a todos los que se vinculan con su casa como si no fueran otra cosa que los naturales instrumentos para su supervivencia. Pero, además, ese decorado arquitectónico contiene ya detalles y características impregnados del sabor de época que da encanto a la pieza de Laferrère. Los elementos del techo, las verjas, la puerta de entrada, las escaleras que llevan al patio jardín y, sobre todo, las enormes y decorativas persianas que se abren sobre las dos habitaciones laterales y el magnífico vitral del fondo. Allí, entre esos materiales que parecen contener las huellas de muchas vidas humanas, aparece arraigada la familia de la viuda de Barranco. Toda la pintura costumbrista es albergada de tal modo con entera naturalidad. Y simultáneamente se ha resuelto de la mejor manera otro problema: el que planteaba la representación al aire libre de escenas que transcurren dentro de una casa y, por lo mismo, en la intimidad.

La otra gran clave de este éxito de Madanes reside en el hecho de que ha logrado relacionar estrechamente, vitalmente, a los personajes con el medio en que se mueven. El ritmo de los desplazamientos es el vehículo de esa adecuación. Y hay en este aspecto un acierto sutil: doña María y sus tres hijas actúan como dueñas de casa, mientras que todos los otros personajes se mueven como quienes se encuentran en casa ajena.

El desempeño de los intérpretes, en nivel homogéneo y ajustado, da vida legítima a la obra. Gloria Ferrandiz compone a doña María con fuerza que se hace convincente gracias a los inteligentes matices que logra. Graciela Araujo transmite ternura y contenida tensión en su papel de Carmen, la hija que decide enfrentar a la madre para salvar su felicidad; Hilda Bernard, en Pepa, se muestra flexible y segura. Elita Aizenberg, que encarna a Manuela, la hija menor, despliega el dinamismo, la gracia y la combinación de ingenuidad y picardía que el personaje requiere. Las tres hijas tienen en común la elegancia femenina, no menos indispensable para interpretar a otras tantas jóvenes de la época. Esther Velázquez, en la prima Petrona, no desentona.

Entre los personajes masculinos, Rogelio Romano (Morales) y Guillermo Helbling (Linares) -dos pensionistas de doña María-, son dos galanes que compiten sin sacarse ventajas en la eficacia y presencia que exhiben. Tino Pascali -Castro- y Carlos Fioriti -Barroso- hacen dos composiciones cómicas encomiables por su equilibrada justeza. Todos los demás cumplen sus trabajos respectivos dentro del marco de calidad general.

El vestuario, diseñado por Eduardo Lerchundi, aúna buen gusto y precisión. Las luces han sido manejadas con sentido moderno y funcional.

Algunos momentos serán recordados sin duda por su especial acierto. Citemos como ejemplo el beso en contraluz de Graciela Araujo y Guillermo Helbling contra el fondo del vitral iluminado. Y entre los detalles que añaden clima al espectáculo señalemos la sustitución del entreacto por la presentación de la “niña del piano”, a cargo de Amanda Beitía, vestida con un traje marinero y con un gran moño en la cabeza, tocando piezas apropiadas para evocar la clásica “lección de piano” de principios de siglo.

Saludamos este triunfo de Madanes y de sus intérpretes y colaboradores, que nos trae sobre el límite final del año uno de los mejores espectáculos de estos doce meses.

Edmundo Eichelbaum

 

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