El sueño de una noche, 1968-69

Nombre de la pieza: El sueño de una noche de verano

Temporada: 1968-69

Fecha de estreno: 20 de diciembre de1968

Autor: WILLIAM SHAKESPEARE

WILLIAM SHAKESPEARE (1564-1616) Dramaturgo, poeta y actor inglés. Entre sus obras históricas figuran: “Ricardo III”,  “Enrique V”, “Antonio y Cleopatra”. Entre las comedias: “Mucho ruido y pocas nueces”, “La fierecilla domada”. Y en sus dramas: “Romeo y Julieta”, “Otelo” y “Hamlet”.

 

Traductores: MANUEL MUJICA LÁINEZ y GUILLERMO WITELOW, según la adaptación de GEORGES NEVEUX.

GUILLERMO WITELOW (1923-2011). Profesor de Filosofía y Estética. Dirigió los Museos de Arte Moderno (1971-83) y Nacional de Bellas Artes (1984). Crítico de arte en los diarios “La Nación” y “La Razón”. Recibió distinciones por sus libros de poemas: “Isla dentro de mí” (1963) y “De la materia de los sueños” (1970). Fue declarado Caballero de la Orden de las Palmas Académicas de Francia.

GEORGES NEVEUX (1900-1982) Poeta y dramaturgo francés. Dos de sus obras más representativas son: “Juliette ou la clé des songes” (1927), y  “Julie aneb Snar” (1934) pieza para piano y pequeña orquesta de jazz. Fue director del Théâtre des Champs Elysées.  En 1945 tradujo y adaptó “El sueño de una noche de verano”.

 

Síntesis argumental:

Hermia, (NATACHA NOHANI) enamorada de Lisandro (ENRIQUE LIPORACE), se niega a casarse con Demetrio (VÍCTOR FASSARI), oponiéndose al deseo de Egeo (ZELMAR GUEÑOL), su padre.

Demetrio, por su parte, es amado por una amiga de Hermia, Helena (MARÍA ELENA SAGRERA), a la que ha abandonado para casarse con Hermia.

Según la ley ateniense, el duque Teseo (JUAN CARLOS PALMA) otorga a Hermia cuatro días de tiempo para que obedezca la voluntad paterna, de lo contrario su castigo será la muerte.

Hermia y Lisandro acuerdan abandonar Atenas secretamente y casarse. Hermia revela el plan a Elena, que informa de ello a Demetrio. Demetrio sigue a Hermia al bosque y Elena sigue a Demetrio; de manera que los cuatro se hallan en el bosque aquella noche.

Oberón (JUAN CARLOS GALVÁN) y Titania (EVA DONGÉ), rey y reina de las hadas que habitan en el bosque, han reñido por causa de un paje.

Oberón pide al duendecillo Puck (EDDA DÍAZ), símbolo de la volubilidad del amor, que le procure cierta flor mágica cuyo jugo, vertido en los ojos de Titania mientras duerme, hará que se enamore del primer ser a quien vea cuando despierte.

Y ordena también solucionar los problemas amorosos de los humanos que esa noche visitan el bosque. Pero el duende travieso cruza los hechizos.

Ovillo, junto a una compañía de artesanos atenienses (ANTONIO GASALLA, OSCAR ESPÍNDOLA, JUAN ANGEL VOZZA, CARLOS FIORITI), se halla en el bosque ensayando un drama que ha de representarse para festejar las bodas del duque.

Titania se enamora de él en cuanto lo ve. Pero Oberón frota los ojos de su esposa con una hierba que la libera del encanto.

Puck, por orden de Oberón, que reúna a los amantes humanos mientras duermen. Exprime en sus ojos la hierba que deshace el encanto.

Se presentan Teseo y Egeo y los fugitivos son perdonados. Y las parejas se casan.

Reparto por orden de aparición:

Teseo, Duque de Atenas: JUAN CARLOS PALMA

Hipólita, Reina de las Amazonas: ESTHER VELAZQUEZ

Filostrato, Mayordomo de Teseo: NATALIO HOXMAN

Egeo, Padre de Hermia: ZELMAR GUEÑOL

Hermia, Hija de Egeo, enamorada de Lisandro: NATACHA NOHANI

Demetrio, enamorado de Hermia: VICTOR FASSARI

Lisandro, enamorado de Hermia: ENRIQUE LIPORACE

Helena, enamorada de Demetrio: MARIA ELENA SAGRERA

Cartabon, Carpintero (Prólogo): ROGELIO ROMANO

Ovillo, Tejedor (Píramo): OSVALDO TERRANOVA

Flauta, Remendón de fuelles: ANTONIO GASALLA

Malcomido, Sastre (Pared): OSCAR ESPÍNDOLA

Narizotas, Calderero (Luna): JUAN ANGEL VOZZA

Berbiqui, Ebanista (León): CARLOS FIORITI

Puck, Gnomo: EDDA DÍAZ

Hada, cortejo de Titania: ANA VAZQUEZ

Oberón, Rey de los Genios: JUAN CARLOS GALVAN

Titania, Reina de las Hadas: EVA DONGE

Paje Hindú: PUCHI TOLEDO

Mariposa: NANCY TUÑON

Mostaza: MÓNICA AUDRAS

Telaraña: DELIA CASTAÑE

Arvejaflor: GLORIA JAISEN

Cortejo de Oberón: SOLEDAD GORDON, RAUL JAISEN, INES RAMADE, RUTH MELAS, ELISA ZIRO, ROSA MARZOA

Guardias de Teseo: OSVALDO CALI, NELSON DUFAU, MARCOS FIGUEROA, LUIS LENNAR, MANFREDO RAPINO, GUALBERTO RIVA.

Colaboradores:

Escenografía y Luces: CECILIO MADANES

Asesoramiento Escenográfico técnico: MIGUEL ANGEL LUMALDO

Realización de los elementos acrílicos: ARACELI VAZQUEZ MALAGA

Música de: FELIX MENDELSSOHN

Coreografía: MARIA FUX

Vestuario de los personajes terrestres: CLAUDIO SEGOVIA

Realización: MARIA ELENA DE RUIZ

Joyas creadas por: ARACELI VAZQUEZ MALAGA

Vestuario de los personajes sobrenaturales y danza final: PABLO MESEJEAN y DELIA CANCELA

Realización: CLEO VÁZQUEZ MALGA

Asistente: HECTOR J. ARAGONES

Asesoramiento gráfico: GUILLERMO DE LA TORRE

Equipo de luces especiales: PHILLIPS

Decorados acrílicos realizados con productos: NORE PLAST SACIF

Fabricados con materias primas: DUPERIAL

Resinas epóxicas: FLECIN

Maquillajes realizados con productos: HELENA RUBINSTEIN

Artefactos especiales para luces: CLARTE S.F. P. ACC. EN FORM.

Pelucas y Peinados: ALBERT

Realización de las mallas: LANARK`S SRL

Instalación del Teatro Caminito: A. RICCI, R. BORDELLI, D. MURINI y J.C. ANGULO

Instalación de las luces: F. GONZALEZ – H. POLICASTRO

Jefe electrisista: LUIS M. VOLPE

El vestuario de la esta obra ha sido realizado con telas de: ARTEAR S.A. – PEDRO PERCHERSKY S.A. – NICOLAS ROSTAS S.A. – TYCORA SUDAMERICANA S.A.

Fabricadas con: HILADOS DUCILO

Los ensayos de este espectáculo se han efectuado en el: TEATRO S.H.A.

Voces grabadas: MARIA ALTAMURA,  TOTA IGARZABAL, NELLY ROMANELLA

Representante del Sr. Georges Neveux en la Argentina: CATALINA WULFF

Las casas de la Calle Caminito han sido pintadas bajo la dirección de: BENITO QUINQUELA MARTIN

Puesta en Escena y Dirección: CECILIO MADANES

Producción:

El Teatro Caminito presenta la undécima temporada al aire libre en la calle “Caminito”, con el auspicio de la Secretaría de Cultura y Acción Social de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires.

Intendente Municipal: GENERAL DE BRIGADA (R.E.) MANUEL IRICIBAR

Secretario de Cultura y Acción Social: DR. ALBERTO OBLIGADO

Director Interino de Acción Cultural: ANIBAL C. VITON

El Teatro Caminito cuenta con un préstamo de $1.000.000 otorgado por el FONDO NACIONAL DE LAS ARTES, para ser utilizado en el montaje de “El sueñ0 de una noche de verano”.

Creador, organizador y Director del Teatro Caminito desde su fundación: CECILIO MADANES.

Vestuario:

Bocetos de CLAUDIO SEGOVIA

Personajes terrestres.

Bocetos de PABLO MESEJEAN y DELIA CANCELA

Vestuario de personajes sobrenaturales y danza final.

Puck, Gnomo (EDDA DÍAZ).

Oberón, Rey de los Genios (JUAN CARLOS GALVÁN).

Hada (ANA VAZQUEZ).

Mariposa (NANCY TUÑÓN).

Mostaza (MÓNICA AUDRAS).

Telaraña (DELIA CASTAÑE).

Arveja Flor (GLORIA JANSEN).

Cortejo de Oberón I (SOLEDAD GORDON).

Cortejo de Oberón II (RAQUEL JANSEN).

Cortejo de Oberón III, IV (INÉS RAMADE, RUTH MELAS).

Cortejo de Oberón V (ROSA MARZOA).

Detalle de la firma DELIA CANCELA y PABLO MESEJEAN.

En Escena:

El duende Puck (EDDA DÍAZ) y Hada (ANA VAZQUEZ).

Puck (EDDA DÍAZ) y Hada (ANA VAZQUEZ).  Nótese detrás el bosque de acrílicos que tanta resistencia causó.

Notas previas:

Cuando Cecilio Madanes nos propuso desde Europa, al poeta Guillermo Whitelow y a mí, traducir “El sueño de una noche de verano”, para inaugurar con esa obra la nueva temporada del Teatro Caminito, confieso que vacilé bastante, no decidiéndome a aceptar el ofrecimiento honroso, pese a lo mucho que me tentaba.

No se me ocultaban ni las dificultades ni la responsabilidad de la empresa. Hace años, traduje cincuenta sonetos de Shakespeare, lo cual, si me familiarizó hasta cierto punto con las sutilezas y complejidades del vocabulario isabelino, me hizo valorar también los riesgos que implica una tarea delicada, que llevé a cabo sin premura y con el socorro de una bibliografía numerosa.

Era evidente que no podría verter “El sueño” a nuestro idioma, al correr de la pluma, como hice con “Las mujeres sabias” de Molière y, solicitado además por otros trabajos de ineludible ejecución, me vi obligado a responderle a Cecilio, deplorándolo muy de veras, que por mi parte no me atrevía a hacer frente en un plazo tan corto a una labor de esa enjundia.

Lo mismo opinaba Whitelow, con quién realicé, tiempo atrás, versiones de poetas norteamericanos, de modo que nos resignamos a declinar la perspectiva de vincular nuestro nombres con la acción ejemplar que Caminito desarrolla.

Tornaba más arduo aún nuestro hipotético esfuerzo, la circunstancia de que Madanes requiriese, con experimentada visión teatral, algo que sería no solo la traslación fiel del texto de Shakespeare a la lengua española (y, más afinadamente,  a “nuestra” lengua), sino también la adaptación a las exigencias del público contemporáneo.

Nadie ignora que cada época impone que los clásicos sean interpretados, al traducirlos, de acuerdo con su distinta modalidad y que los “rejuvenezca” con necesarios ajustes, aligerando, compendiando o subrayando donde es menester, y una de las pruebas del intacto vigor de los creadores inmortales reside, precisamente, en el hecho de que a medida que los siglos transcurren, su esencia fluya, de idioma en idioma y de cultura en cultura, con la eficacia propia de lo más actual.

Había, pues, que enfrentarse con los problemas de una verdadera “recreación”, y eso escapaba a nuestras posibilidades del momento.

El prestigio de Caminito añadía su matiz a nuestra zozobra. En el curso de diez temporadas, los éxitos se sucedieron en el tablado de la Boca y han derramado su fama, dentro y fuera del país, señalándolo como una de las expresiones descollantes del nivel espiritual argentino.

Desde el travieso encanto de Goldoni a la ironía de Molière, desde la porteña gracia de Laferrère y Nalé Roxlo a la poesía admirable de Lorca y a la ingenuidad de “La verbena de la Paloma”, sin olvidar, por cierto, a romanticismo de Hugo, las formas más diversas del ingenio y el lirismo occidental tuvieron resonancia, color y plástica en una atmósfera donde todo coadyuva al hechizo y que Madanes, como un mago cuya imaginación desdeña la fatiga, enriqueció sin cesar.

Pero a Madanes es inútil pretender negarle lo que pide. Abogado de su teatro, campeón de su idea, esgrime los argumentos más peregrinos en defensa de lo que ansía, y siempre, se sale con la suya.

Esta vez logró, como siempre, lo que deseaba. Nuestras explicaciones, nuestras timideces, nuestra pereza, nuestra obligación, se estrellaron contra su voluntad inconmovible. Y, puesto que es un mago, produjo lo que mejor contrarrestaría nuestras excusas: un texto que facilitaría extraordinariamente nuestra faena, ya que en él se brindaba la solución rotunda de los múltiples problemas que nos preocupaban. Era la versión de “El sueño de una noche de verano”, debida a Georges Neveux.

Poeta y malogrado cronista policial, secretario general del teatro de Jouvet, Georges Neveux es, por encima de cualquier otra actividad, un hombre de la escena. Sus obras, a partir de “Julieta o la clave de los sueños” (1930), comprenden títulos tan difundidos como “El viaje de Teseo”, “Zamaro”, “El canario”, “La ladrona de Londres”, “Demanda contra lo desconocido”, “El perro del jardinero”, esta última, imitación de Lope de Vega. El año pasado, en el Vieux Colombier de París, estrenó “Moi aussi j´existe”, inspirada por un episodio de la vida de Dostoiewski.

Fue, en su momento, uno de los auténticos descubridores y mantenedores  de la vanguardia teatral: Beckett, Ionesco, Vauthier. Bastan estas referencias para apreciar la calidad de su versión de la fantasía más poética de Shakespeare. La leímos y nos fascinó. Por ella guiados, llevamos a fin lo que Cecilio nos solicitaba.

Como es natural, nunca nos desprendimos del texto del gran William Shakespeare, al que cotejamos constantemente con el trabajo de Neveux. Cuando lo consideramos oportuno, dejamos de lado la paráfrasis francesa, para recurrir a lo escrito por el poeta de Stratford, y en la última escena, a diferencia de Neveux, preferimos echar mano del verso, susceptible de resultados más felices y más acordes con la invención shakespeareana.

Así, estimulados por Madanes, realizamos nuestra traducción. Luego la analizamos, discutimos y enmendamos, de acuerdo con él, y lo que el público considerará es el fruto de nuestra aplicación, y de su pericia. Ojalá guste.

MANUEL MUJICA LÁINEZ

EL SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO

“El sueño de una noche de verano” es una comedia. En su época, también “La Tempestad” fue considerada una comedia. El Sueño es el anuncio de La Tempestad, pero corresponde a otro movimiento: si “La tempestad” es un “allegro maestoso”, El Sueño es un “scherzo”.

El príncipe es bondadoso e indulgente; el padre de Hermia se deja persuadir; tres parejas felices celebran sus bodas. Tal, lo que sucede en el epílogo. Pero en el prólogo el padre pide la pena de muerte para su hija que, contra su voluntad, ya ha elegido novio. Los enamorados huyen al bosque. Hermia ama a Lisandro. Demetrio está loco por Hermia. Helena, enamoradísima de Demetrio. El mundo resulta cruel e incomprensible a la vez. Se burla de los sentimientos, es atroz y ambiguo. Pero el amor también es demente.

¿Y la naturaleza? La naturaleza es el bosque, que puede ser tanto de Atenas como de Ardenes. Allí vive Oberón y Titania, pero el verdadero rey es Puck. Puck, que no sólo es el duende travieso de la leyenda sino también el Arlequín de la “Comedia dell´arte”.

Sin embargo, el verdadero Arlequín es un demonio. Para Shakespeare la naturaleza es tan loca como la ley y las costumbres. Se burla de los sentimientos, del orden de las resoluciones adaptadas.

En los ojos del enamorado alguien destiló el zumo de una flor. Se despierta, ya no ve a la joven que duerme cerca de él, y corre en pos de otra. Se ha olvidado de todo, se ha olvidado también de que amaba. Vuelven a desfilar en sus ojos el zumo, y otra vez se olvida de todo, inclusive de que engañó a la que ama.  Porque la engañó solamente durante la noche, y las leyes de la noche son distintas de las del día.

Titania es frágil, tierna, lírica. Despierta de su sueño y encuentra a un rústico con cabeza de asno. Y durante esa noche, todo lo dejará por él. No deseaba otra cosa. Eso sí, ni aun en pensamiento habría osado admitirlo. Al llegar la mañana, querrá olvidarlo lo más pronto posible. Titania, que acaricia a un monstruo con cabeza de asno, podría surgir de las atroces visiones del Bosco. Y al mismo tiempo,  posee un toque granguiñolesco, caro a los surrealistas.

En esos vericuetos del sueño de una noche de verano, y la censura del día, hay como un anuncio y un presentimiento de la psicología profunda y del subconsciente. Aquí, la locura se prolonga a lo largo de una noche. Después, llega el alba y todos despiertan. Han soñado algo extraño y terrible. No quieren acordarse de sus sueños. Se avergüenzan de la noche. Este gran retablo de la locura de amor nos muestra a Shakespeare como hombre del Renacimiento y también de nuestra época.

Es aquí donde debemos buscar el aspecto en verdad contemporáneo de Shakespeare. Amargo, pero extremadamente humano.

(De “SHAKESPEARE, NUESTRO CONTEMPORÁNEO” por Jan Kott. Traducción de GUILLERMO WHITELOW).

JAN KOTT (Polonia, 1914 – Estados Unidos 2001) fue un famoso crítico y teórico teatral polaco. Tradujo a Molière, Diderot, Sartre, Ionesco, Camus y a otros autores. Escribió más de treinta libros. Destacan sus trabajos sobre William Shakespeare.

 

EL SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO

“Deseo una obra cuya profundidad esté enlazada con la ligereza como la marcha con la danza”. NIETZSCHE.

Hace más de un año, al partir Cecilio Madanes para Europa, tuve, a pedido de algunos amigos, que despedirlo y hablar frente a un público numeroso. Era la primera vez que lo hacía, y confundido olvidé las palabras del discurso minuciosamente preparado, atinando sólo a decir unas frases dictadas por mi emoción.

Le hablé de París, de Roma, de Londres, de Atenas (era su itinerario) esas ciudades donde pronto caminaría deslumbrado por tanta belleza.

Le previne sin embargo -como también he rodado por el mundo- contra ciertas noches en que inexorablemente se empieza a añorar algo, algo indefinible, un oscuro y constante latido, unos arañazos silenciosos y profundos. Las angustiosas noches de los turistas, los vagabundos, los viajeros, en solitarios o no solitarios cuartos de hotel. Le dije que no tenía por qué temerlas, pero que tampoco debía desoír esos llamados. En su caso no podían sino ser los de un barrio, una calle, un tablado: El Teatro Caminito. Su teatro que lo esperaba en silencio.

Pensé, pero no le dije entonces, que el Teatro Caminito no era su teatro. Era él. Era Cecilio Madanes. Así como Kathreen Earnshaw define su amor en “Cumbres Borrascosas” diciendo: “-Yo soy Heathcliff”. El Teatro Caminito es Cecilio Madanes, con su brillo, su gracia y su profundidad. Con sus cualidades… y sus defectos. Esta última palabra me acarreará probablemente un disgusto con el nuevo Heathcliff, porque tengo la vaga impresión que Cecilio Madanes, como su turbulento y orgulloso casi sosias, no cree tener ninguno.

Pero esta broma es harina de otro costal y vuelvo a lo nuestro.

Es cierto que durante su ausencia, su Teatro Caminito es adjudicado a otra compañía, sorprendiendo a los que creíamos y seguimos creyendo que ese teatro es de Cecilio Madanes.

Aunque en honor a la verdad los ocupantes tienen la delicadeza de no llamarlo Teatro Caminito sino Teatro de la Calle Caminito. El matiz es sutil, muy sutil, sin embargo habla del compañerismo, y la corrección de la gente de teatro, tan injustamente calumniado a veces.

Nuevamente debuta ahora Cecilio Madanes en su teatro. Imagino que ha tenido las mismas dificultades de siempre, las mismas de las primeras veces. Sixto Pondal Ríos decía: “Aquí siempre estamos pasando exámenes, frente a profesores sin títulos”.

Pero como durante los diez años pasados Cecilio Madanes superará todo y ha de deslumbrar una vez más al público porteño, con un colorido y feérico espectáculo.

Esta vez con “El sueño de una noche de verano” de Shakespeare, a mi juicio una de las obras más controvertidas del poeta inglés y reproduzco unas breves palabras que considero originales y reveladoras, escritas por alguien que no las firmó en el programa del Theatre du Soleil que actuó en el Circo de Montmartre en 1964:

“El sueño de una noche de verano” es la obra más salvaje y más violenta que  puede imaginarse. Un fabuloso bestiario cuyas profundidades ocultan a ese “Dios furioso” que dormita en el corazón de los hombres. Todo es directo, brutal, “natural”. Nada feérico, nada maravilloso, pero sí fantástico, con lo que lo fantástico tiene de venenosa angustia, de terror.

¿Cuál es en “El sueño de una noche de verano” el orden de las cosas? Un espacio común para los Dioses y otro para los hombres. Pero un tiempo compartido. La noche es de los Dioses. Los hombres tienen el día. Esa es la Ley.

Entre estos dos mundos, los encuentros son, sin embargo, numerosos, pues contrariamente a los espíritus, los hombres desobedecen a menudo y penetran en el dominio nocturno. Son entonces presa de los Dioses, son sus juguetes, sus amores. Puck los espía, y se divierte. Conoce sus instintos más que Oberón y juega a liberarlos.

¿Por qué recordamos esta obra, bajo la forma tranquilizadora de una farsa, o de un cuento para niños? Puck sabe sin embargo hasta que punto significa lo contrario cuando nos dice al final:

“Si os han desagradado las sombras que fuimos

no les guardéis demasiado rencor.

Imaginad que dormíais mientras ellas se deslizaban ante vosotros…”

LUIS SASLAVSKY

Fuente: Diario “La Razón”

Fecha de Publicación: 7 de diciembre de 1968

AHORA SHAKESPEARE ESTÁ VIVIENDO EN LA BOCA

Entre vecinos que asoman con el aire experto de los entendidos, chicos que hacen rebotar la pelota de goma y bajo un cielo que a la orilla del Riachuelo parece distinto, 30 actores argentinos están ensayando una obra de Shakespeare. “El sueño de una noche de verano”, cobrará vida entre un bosque de acrílico que se levanta en la calle Caminito, una calle en la cual hace casi diez años, Cecilio Madanes inventó un teatro. Lo que cuesta el espectáculo.

La calle tiene el nombre de un tango. A ella se asoman vecinos en saco pijama, mujeres que zurcen una blusa, chiquilines que hacen rebotar una pelota de goma sobre paredes pintadas de azul, de rojo, de amarillo. Algunas de las rejas que guarecen los balcones recuerdan a Venecia.  Hay olor malo a río y está el cielo cargado de verano. El cronista llega acompañado de su hijo. Ha estado convenciéndolo de la “magia” del teatro, del prestigio de una obra que escribió un inglés hace 400 años. Pero el cronista sabe poco y todo lo que pudo fabular para impresionar a su hijo sirve de poco. En esa calle de la Boca el esfuerzo poético más descabellado se transforma en una cosa simple, en una forma de reírse, en chistido, en un nombre que se pierde en la noche. El hijo se sienta con otros chicos y ve como los actores aprenden a hablar como otros hombres, considerando que esa clase de trabajo es tan corriente cómo cualquier otro. No hay magia. Realmente no hay forma de demostrarle a un chico que Shakespeare no puede pasearse por la calle Caminito de la Boca como un vecino más, ni de que Puck o Titania o los buenos obreros que viven el “sueño de una noche de verano”, no son parientes de estos boquenses que viven allí y pueden dejarse convencer por los actores o no.

Todo ocurre en una noche de verano, a 200 metros de donde termina la ciudad, en un barrio donde las casas son de lata y la fantasía se mofa de las ordenanzas municipales. Sobre el escenario hay unas 30 personas. El que manda se llama Cecilio Madanes; camina ayudándose con un bastón y da la impresión de un hombre confianzudo. A su lado, una mujer pequeña instruye a las muchachas bailarinas. Un personaje gracioso, pícaro, con todo el aspecto del cómplice perfecto, se pone en primera línea para recomendar a quién lo escucha que lo que han visto es apenas el eco de una sombra. Los demás se aquietan cómo petrificados, es el final de la obra, pero el comienzo del ensayo.

Esto sucede cada noche en la calle Caminito, dónde están ensayando “El sueño de noche de verano” de William Shakespeare. Dentro de diez días estos personajes a medio vestir que por ahora recitan en voz baja, lucirán trajes imaginados por dos pintores “pop” (Pablo Mesejean y Delia Cancela) y se moverán en medio de un bosque de acrílico que cuesta dos millones y medio de pesos.

“Yo tengo que agradecerle a mucha gente – explica Madanes – a la Municipalidad, a la industria argentina, al Fondo de las Artes. Sin esa ayuda es prácticamente imposible de montar un espectáculo así, que cuesta casi 5 millones de pesos y demanda “cast” fuera de lo común ¿Por qué elegí esta obra? Creo que es adecuada para Caminito. Me fascina además la poesía, la fuerza, la audacia de Shakespeare. Especialmente me llaman la atención en la historia algunos conflictos entre los personajes. Oberón (Juan Carlos Galván) y Titania (Eva Dongé) disputando entre sí por la posesión de Puck (Edda Díaz). O la regocijante escena de amor entre una hermosa muchacha y un burro. Creo que detrás de la alucinante fantasía del poema palpita un juicio dramático original y audaz. Mi problema básico al tomar la obra fue el de encontrar una traducción justa. Leí la adaptación de George Neveux y hablé con Mujica Láinez. Él aceptó trabajar junto a Guillermo Whitelow. Tomaron el texto de Shakespeare y el de Neveux rescatando lo que consideraban mejor”.

El ensayo continúa. Antonio Gasalla (uno de los creadores de Help Valentino), anima a Tisbe. Tiene que huir. “¿Por qué no saltás más?”, recomienda Madanes. Gasalla salta en el instante en que Juan Carlos Fioriti se inclina hacia él.

Hay que buscar hielo porque Fioriti resulta con una herida en la cabeza. Un vecino acerca un botellón de agua. Fioriti es atendido mientras la representación fluye.

Eva Dongé (sweater, pollera, medias y zapatos negros) mide sus pasos graduándolos al recitado de Juan Carlos Galván. Las bailarinas se toman de la mano, mientras la marcha de Mendelssonh se hace presente en la noche boquense.

Todo responde a un plan que prolijamente ha sido trazado sobre una maqueta de tres metros de ancho. Un plan que se comenzó a llevar a la práctica hace ya dos meses al comenzar los ensayos de la obra que será sometida al público a partir del 17 de diciembre.

El elenco que la animará está integrado en los papeles centrales por los nombrados más María Elena Sagrera, Osvaldo Terranova, Juan Carlos Palma, Zelmar Gueñol, Enrique Liporacce, Natacha Nohani, Natalio Hoxman, Esther Velázquez, y Rogelio Romano.

La escenografía fue creada por Cecilio Madanes con el asesoramiento de Miguel Angel Lumualdo, la música de Mendelssohn, la coreografía de María Fux  y la realización de los decorados estuvo a cargo de Araceli Vazquez Málaga.

Epígrafe de la Fotografía:

Este es el entusiasta conjunto de intérpretes que bajo la dirección de Cecilio Madanes representará en la Boca “El sueño de una noche de verano”, poética obra del inmortal dramaturgo. El vestuario es de P. Mesejean y D. Cancela.

Medio: Revista Primera Plana

Fecha de Publicación: 24 de diciembre de 1968

Teatro

CARNAVAL DE MI BARRIO

El sueño de una noche de verano.

Alguien soñó que lo hacían sentar en una sillita metálica ubicada junto a muchas otras, en un ámbito al aire libre, estrecho y alargado, ceñido por casas pintadas de colores. Todas las sillas estaban ocupadas y todos los ocupantes miraban hacia el fondo del recinto, allá donde se erguía un tablado por el que divagaban varias personas que no parecían tener una idea muy precisa de lo que estaban haciendo. De vez en cuando, el altoparlante proponía una música harto conocida.

Alguien procuró entender lo que pasaba. Reconoció, en correcta traducción, los versos inmortales, pero le pareció que no tenían nada que ver con esa damisela vestida para el Carnaval de 1932 (cuando las señoritas todavía se disfrazaban de alcachofa, de hada o de pastora de biscuit), que fatigosamente escandía las palabras al tiempo daba saltitos entre racimos de celofán.

Pudo advertir la segura gracia con que OSVALDO TERRANOVA devanaba las andanzas del tejedor con cabeza de asno, y se entristeció al pensar que EDDA DÍAZ acaso no se divertía lo suficiente con su pérfido gnomo Puck.

En ese momento, el perrito que acompañaba al Calderero vestido de Luna, prorrumpió en gemidos sobre el escenario. Alguien entendió por qué, y entendió algo más cuando vio a CECILIO MADANES que salía a agradecer los forzados aplausos y el único, amenazador silbido. Pero entonces se despertó y, ya repuesto del mal trance, hasta con alegría saludó a los dioses: “No, esto nunca podría ser cierto. Afortunadamente, no ha sido más que una pesadilla”.

ERNESTO SCHOÓ

Epígrafe de la fotografía:

El sueño: Racimos de celofán (TERRANOVA -DONGÉ).

Medio: Diario La Nación

Fecha de Publicación: 16 de diciembre de 1963

Madanes vuelve a Caminito con una obra de Shakespeare

El teatro Caminito que tan meritorias actuaciones ha cumplido durante una década en su pintoresco rincón de la Boca, reanuda ahora su labor con la dirección de su creador, Cecilio Madanes, que así se reintegra a la actividad entre nosotros  después de una permanencia de más de un año en Europa. Allí, por cierto, le sobraron oportunidades para observar y estudiar las manifestaciones actuales del arte teatral en el viejo mundo.

Ahora, Madanes realiza – el estreno oficial será mañana –  una empresa ambiciosa, la puesta en escena en su calleja de “El sueño de una noche de verano”, de Shakespeare, en traducción de Manuel Mujica Láinez y Guillermo Whitelow, según la adaptación de George Neveux.

El espectáculo utilizará como acompañamiento musical la conocida “suite” de Félix Mendelssohn, del mismo nombre. La coreografía es de María Fux; el vestuario de Claudio Segovia, Delia Cancela y Pablo Mesejean; la escenografía del propio Cecilio Madanes, con el asesoramiento técnico de Miguel Ángel Lumaldo y creación y realización en materiales de Araceli Vázquez Málaga.

Escrita en 1595 o 1596 “A Midssumer Nigth’s dream” fue estrenada ante la corte en 1604. Probablemente fue escrita en un principio como uno de los “entretenimientos de bodas” usuales en aquellos tiempos. Su trama se debe al mismo Sahkespeare, que parece haber tenido entre sus fuentes “La vida de Teseo”, de Plutarco; “El cuento del caballero”, de Chaucer; y “La Metamorfosis” de Ovidio.

En 1662 Samuel Pepys, cuyo diario nos ha dejado tantos testimonios de la realidad social de la época, vio la pieza interpretada por la compañía del Rey en Londres y consignó: “La obra de teatro más insípida y ridícula que haya visto en mi vida”. El bueno de Pepys no demostró ser un buen crítico teatral. Los siglos han consagrado “El Sueño de una noche de verano” como una de las comedias más brillantes e Shakespeare, objeto de memorables puestas en escena, como la que en 1964 nos ofreció durante su gira el conjunto del Old Vic – con Sir Ralph Richardson en el papel de Bottom – ahora Ovillo – convertido en asno en el Coliseo.

Para Madanes ésta es, nos dice, la concreción de un proyecto largamente acariciado. Ha visto varias representaciones  de “El sueño de una noche de verano”. Pero como ocurre siempre con él, dará la suya. Recuerda la del Old Vic aquí, la ópera homónima de Britten, y hasta la versión cinematográfica – teatro filmado – de Max Reinhardt en 1934, con Mickey Rooney, en su revelación, en el papel de Puck.

Le preguntamos si el pequeño escenario de Caminito ha sido una limitación para sus concepciones de la puesta en escena.

“Por lo contrario –nos contesta- ha estimulado mi imaginación. Las necesidades de la representación están resueltas mediante diferentes planos, que alcanzan hasta veintisiete metros de profundidad. El bosque, que debe estar ora aquí ora allí, es movido por el cuerpo de baile. Los efectos de  luz y de color  hacen lo demás, junto con el vestuario, preparado por distintos artistas para los personajes terrenos y con la música de Mendelssohn en la que han intervenido tres cantantes del Colón. Los desplazamientos de la escenografía forman una estrecha unidad con la acción. Los intérpretes presentes en la entrevista coinciden en señalar un estado de ánimo que, nos dicen, es común entre todos los componentes del vasto reparto.

“Al llegar este Diciembre, en un año activísimo, en el que la televisión significa un esfuerzo permanente y muchas veces desordenado – nos dice el perfecto Juan Carlos Palma que encarnará a Teseo en la obra –, para nosotros el acceso a Caminito, a una obra de esta jerarquía, es un verdadero baño espiritual”. Osvaldo Terranova, veterano en colaboraciones con Madanes, se expresa de la misma manera. Encarnará a Ovidio Bottom.

Refirma Eva Dongé que será Titania: “Para nosotros esto es una verdadera bendición; esta posibilidad de realizar algo que creemos de verdadera  importancia, en un teatro como Caminito y con la  dirección de Cecilio Madanes”

También Enrique Liporace está muy contento con su Lisandro de la obra de Shakespeariana. Sólo una vez había estado a punto de trabajar con Madanes, en “Flor de cacto” pero la posibilidad se frustró por razones ajenas a ambos.

En cuanto a Edda Diaz, es rotunda: “Creo que si no hiciera Puck, me moriría”.

Madanes la eligió para ese papel masculino, el del travieso duendecillo del bosque después de haberla visto en el ABC en “Déjate de  historias y cosaquienos la cosaquia”, conociendo además sus valiosos trabajos en “El Pavo” y en “Help Valentino”.

De la compleja organización que exige la puesta en escena de “El sueño de una noche de verano”  podría hablarse mucho más. Nuestro espacio y la labor de los artistas, a pocas horas de su presentación, no lo permiten.

Madanes nos destaca, antes de despedirse, su satisfacción por el lenguaje hermoso y teatral de la versión que Mujica Láinez y Whitelow  han hecho de la adaptación de Georges Neveux , así como su agradecimiento por el apoyo de la Municipalidad y de la industria para esta ardua empresa del arte.

Debajo de la foto: Cecilio Madanes, las actrices Eva Dongé y Edda Diaz y los actores Juan Carlos Palma, Osvaldo Terranova y Enrique Liporace durante la entrevista.

Fuente: Diario “La Nación”

Fecha: 19 de diciembre de1968

SE INICIÓ UNA NUEVA TEMPORADA EN EL TEATRO CAMINITO EN LA BOCA

“El sueño de una noche de verano” de Shakespeare es una de las piezas más representadas al aire libre por la sencilla razón de que se presta para una escenografía y vestuario que permiten extraordinario lucimiento: pero al mismo tiempo esto puede representar un peligro, ya que no siempre es fácil armonizar la poesía de la obra con la fastuosidad de la puesta en escena.

Mucho nos tememos que algo de eso haya ocurrido en la función con el Teatro Caminito inauguró la undécima temporada. Lo visual, aún dentro de algunas objeciones, resultó satisfactorio, pero en más de una oportunidad se tiene la sensación de que Shakespeare está ausente sin aviso.

La comedia integra tres elementos esenciales: la poesía del mundo de las hadas; la gracia del mundo de los cómicos; y el refinamiento de Teseo y su corte. No estamos muy seguros de que en ninguno de ellos se haya llegado aquí a alturas más que discretas. Por lo pronto, Shakespeare exige intérpretes de primera categoría y plenamente compenetrados con su espíritu. Ocurre con él lo que Marivaux o la tragedia griega: son productos de difícil exportación a pesar de su universalidad. Incluso en Inglaterra existe una escuela de actores shakespereanos que hace del culto al Bardo la razón de su carrera profesional. En los Estados Unidos, Lee J. Cobb acaba de animársele a “Rey Lear” después de toda una vida pasada en la escena. Sin intentar comparaciones que en el fondo hasta pueden llegar a ser tontas, no puede negarse que la totalidad de los integrantes del elenco de Caminito no son exactamente lo que podría llamarse actores especializados en obras clásicas. Y ello se nota en el tablado.

Tampoco Madanes, que es un director de jerarquía en nuestro país, posee la experiencia necesaria como para poner en escena sin altibajos una pieza de los quilates de “El sueño de una noche de verano”, y ello derivó en cierto en cierto desequilibrio que quitó a la pieza su unidad. Como acertadamente ha dicho Benedetto Croce: “El pequeño drama parece nacido de una sonrisa, pues es delicado, sutil, aéreo, así como leve y gracioso”. De ahí que se requiera un clima donde los matices ayuden al espectador a compenetrarse con la esencia de aquél.

Madanes, cuyo olfato para la espectacularidad es notable; y cuya sagacidad, inapelable; comprendió que las carencias humanas eran susceptibles, sino de ser corregidas, por lo menos disimuladas, y montó la función, ateniéndose a la primacía de lo visual. Contó para ello con un vestuario que por momentos es explosivamente deslumbrante (lo que no quiere decir que no se le puedan hacer reparos estéticos); sembró de árboles de acrílico el escenario; usó con inteligencia la música de Mendelssohn; y cuidó de que las evoluciones de los personajes poseyeran claro sentido plástico. A lo que no estuvo tan atento fue al texto, por otro lado traducido de una paráfrasis de Georges Neveux que ninguna manera supera al original. El resultado fue más bien frío, aún cuando plenamente satisfactorio para quienes no tengan la ocurrencia de echar de menos a Shakespeare.

Quizá uno de los errores máximos haya sido encomendar el personaje de Puck a Edda Díaz, una actriz dúctil e inteligente, pero a la que le falta el fogueo necesario para encarnar uno de los papeles más difíciles del teatro universal, que resolvió con gestos, mímica y gritos exagerados. Bien estuvo, en cambio, Eva Dongé, una Titania con la majestuosidad necesaria; y también Osvaldo Terranova, aún cuando su labor fue irregular. Los demás demostraron empeño y disciplina, pero de ningún modo condiciones sobresalientes. Muy bueno fue el vestuario de Claudio Segovia, que se encargó de los personajes terrestres; y satisfactoriamente fantásticos los trajes de los personajes sobrenaturales. No reveló mayor originalidad la coreografía de María Fux.

Algún silbido aislado al final de la representación destinada a la crítica hizo señalar a Cecilio Madanes que ello era una prueba de la bondad de la trayectoria de Caminito. Creemos que está equivocado. Independientemente de los aplausos o las discrepancias, Caminito se ha destacado a lo largo de más de diez años por el tesón, la inteligencia y el amor al teatro de todos los que en él han colaborado, especialmente su creador. Y en todas sus imperfecciones, esta versión de “El sueño de una noche de verano” tiene la suficiente dignidad como para que no le preocupen a su director las opiniones disidentes, que al fin y al cabo integran las democracias.

J. P.

Medio: Diario “La Razón”

Fecha de Publicación: 20 de diciembre de 1968

SHAKESPEARE EN CAMINITO

En la popular calle boquense donde CECILIO MADANES construyó un teatro, fue presentado “El sueño de una noche de verano”, la obra de Shakespeare, que en los principales papeles interpretan EVA DONGÉ, EDDA DÍAZ, ZELMAR GUEÑOL, OSVALDO TERRANOVA, JUAN CARLOS GALVÁN y otros actores. La escenografía es de material plástico.

Bajo el comando de CECILIO MADANES, quien hace 11 años tuvo la brillante idea de montar un teatro en una de las calles más sugestivas de Buenos Aires, Caminito es recuperado como hecho imprescindible en el verano porteño.

Realmente en Caminito un estreno es algo más que un acontecimiento teatral. Esta impresión fue confirmada cuando volvieron a encenderse los focos multicolores sobre el tablado donde cobró vida “El sueño de una noche de verano”.

Junto a los balcones y ventanas y los rostros que se asoman desde las casas vecinas el esplendor verbal de Shakespeare y la arrasadora fuerza imaginativa de la historia aparecieron, repetimos, como algo más que una representación teatral.

Esto es algo que debe agradecerse. La versión del “Sueño…”  tiene un gran mérito que se advierte ya en la traducción de MUJICA LAINEZ y WHITELOW: carece de todo enfatismo y asume la fuerza lírica de la fábula como hecho natural, dejando que los símbolos (de personajes y situaciones) operen como un estímulo para el espectador.

Podrá reprocharse que  la interpretación, no trasunta el hecho de que cuanto acontece tiene que ver con la atmósfera cortesana (una corte isabelina con personajes griegos), pero la contradicción importa menos en la medida en que los debates verbales y físicos funcionan expresivamente.

Claro que en el camino se desdibujan los tres planos de la comedia (el de la fantasía, el mundano y el popular), pero de todos modos el conflicto se desdibuja con claridad y sin engolamiento.

Las posibilidades que la obra brinda son, por supuesto, mayores, pero de cualquier modo no es fácil imaginar una puesta de esta obra tan magnífica que cubra todos los aspectos que en ella importan.

MADANES sacrificó la mera sugestión formal a una transcripción terminante y pasional de las tres historias que simbólicamente, entrecruzan sus recorridos para demostrar al espectador cuánto hay de ambiguo, accidental y caprichoso en el sentimiento del amor. Eso es muy valioso.

La interpretación de los personajes populares resultó efectiva y justa: OSVALDO TERRANOVA, ANTONIO GASALLA y CARLOS FLORITI aportaron la cuota de colorido y desvergüenza que sirve como pista para examinar las relaciones más elevadas de sus señores.

MARÍA ELENA SAGRERA con contagioso brío, y NATACHA NOHANI, en un buen trabajo, animaron a las muchachas que preocupan y confunden a ENRIQUE LIPORACE y VÍCTOR  FASSARI.

EDDA DÍAZ  asumió el problemático trabajo de animar a uno de los personajes más difíciles en la historia del teatro: el diablillo Puck. Su trabajo es satisfactorio, vivaz y gracioso.

JUAN CARLOS GALVÁN, en cambio desarma la apostura y la sugestión de Oberón en el afán de otorgar animación a un personaje que como el de Titania (buen trabajo de EVA DONGÉ), funciona por el camino de la sugestión.

JUAN CARLOS PALMA y ESTHER VELÁZQUEZ definen apropiadamente a los señores que reinen en ese mundo de realidad y fantasía.

Fuente: Diario “La Nación”.

Fecha: 20 de diciembre de 1968

LOS DUENDES Y NOBLES DE SHAKESPEARE EN EL TEATRO CAMINITO

El Teatro Caminito es una institución de la Boca, casi una institución de Buenos Aires. Las temporadas al aire libre en ese rincón tan pintoresco de la rivera se han ido haciendo una tradición, desde que se iniciaron en 1957 con “Los chismes de las mujeres” de Goldoni. Y ahora, después de una temporada en blanco a causa de su largo viaje a Europa, Cecilio Madanes ha vuelto a su Caminito, lo que da a la iniciación de este nuevo período de representaciones una particular y grata significación.

Madanes se ha distinguido en elegir para su sin igual calleja expresiones de jerarquía de teatro nacional o extranjero, actual o clásico. Esta vez le ha llegado el turno a la realización de un proyecto, que, según sus propias declaraciones había concebido hace mucho tiempo: “El sueño de una noche de verano”, de Shakespeare, sin duda una de las comedias del poeta más festejadas a través de los tiempos.

Escrita muy posiblemente para ser representada como parte de los festejos de la boda de un noble, en la corte de la Reina Isabel, “A midsummer´s night dream” es en esencia un entretenimiento en el que Shakespeare que no había alcanzado todavía la cumbre de su genio, supera sin embargo, sus anteriores creaciones del género, como la alegre sátira de “Love´s labour lost” y las comedias al estilo de Plauto y Arioslo, que fueron respectivamente “Comedy of Errors” y “The Taming of the Shrew”. Su gran hallazgo es aquí la feliz y equilibrada combinación de la farsa, llevada hasta la franca bufonada, con la comedia de sustancia sentimental o romántica, dentro de un clima de lirismo, de fantasía, de magia. Risueñamente, mostrando a las claras que su intención no es tomar nada demasiado en serio –aunque asomen algunas implicancias satíricas, inclusive cierta vaga filosofía sobre la inconstancia de los sentimientos humanos y la fragilidad de los dictados de la razón- Shakespeare juega con su múltiple trama y con sus personajes pertenecientes a dos mundos, el de la realidad y la fantasía, que por unas horas se entremezclan en la noche de San Juan en el bosque de Atenas, que con prescindencia de sus indicaciones, seguramente el poeta concibió pensando en su cercano bosque de Waryick, así como trazó a sus nobles helénicos a la imagen y semejanza de sus isabelinos barones y condes, y a sus artesanos-actores, quizá según una ridiculizada visión de una compañía de cómicos rivales.

Madanes ha realizado la siempre difícil tarea de poner en escena esta obra con su acostumbrada responsabilidad profesional. Director y escenógrafo –convirtiendo a la escenografía y en general a la presentación material, gracias a su destreza y su buen gusto, en un elemento preponderante de la representación, como ocurre en todas sus labores – ha conseguido maravillas en el pequeño escenario de Caminito, venciendo con la utilización del fondo y de diferentes planos la mayoría de las dificultades que la puesta, con una revelada aspiración de grandiosidad, le oponía a priori. Sin embargo, en conjunto, no se cuenta éste entre sus trabajos más afortunados. A pesar de los decorados acrílicos, del suntuoso vestuario –de estilo helénico y no isabelino, contra lo habitual- de la música y las danzas, de los bien logrados juegos de luces sobre el bosque, el clima féerico, con el que se asocia siempre esta comedia shakespereana, no está logrado, sino en parte. Hay en la acción cierta tiesura y el juego de los actores, menos cuidado que los aspectos materiales, no alcanza a comunicar el ambiente de festejo y a la vez de ilusión en que deben moverse los personajes. A esta impresión quizá contribuya el lenguaje muy directo y simplificado, de la adaptación de Neveux, y que Manuel Mujica Lainez y Guillermo Whitelow han vertido al castellano con su probada calidad de escritores, pero al que el propósito de una comunicación menos ardua con el espectador actual quita por momentos la musicalidad del lenguaje shakespereano, esa musicalidad que hacía a Shaw definir a las obras del bardo como especialmente aptas para gente de muy buen oído.

En el numeroso reparto se destaca la actuación de Osvaldo Terranova, en el sin duda muy aprovechable papel de Bottom, el tejedor-actor, aquí rebautizado como Ovillo; de Eva Dongé, en el más breve de Titania, la reina de las hadas, y de Juan Carlos Galván, en Oberón, el monarca de los genios del bosque. Son ellos quienes parecen haber interpretado mejor el espíritu de la comedia. Dentro de las características generales antes apuntadas, resultan discretos los trabajos de Juan Carlos Palma, en Tesseo; Esther Velázquez, en Hipólita; Zemar Gueñol en Egeo; la atrayente Natacha Nohani, en Herminia; Enrique Liporace, en Lisandro; Víctor Fassari, en Demetrio; María Elena Sagrera, en Helena, y Rogelio Romano en Cartabón. Edda Díaz, una actriz que ha demostrado su capacidad en otras oportunidades, no resulta convincente como Puck, el gnomo y verdadero señor del bosque, que con sus travesuras arma todos los enredos. Demasiado estridente, demasiado desaforada en sus gestos, y con un discutible atavio, no transmite la liviana gracia y el sutil misterio que debe tener este personaje, sin duda fundamental en la comedia.

Junto a los decorados, el vestuario da colorido y animación a la escena. Contrasta la sobriedad del que llevan los personajes de la realidad humana, obra de Claudio Segovia, con el exotismo del que adorna a los seres fantásticos, que se debe a Pablo Mesejean y Delia Cancela, lo que en principio está bien, aunque estos últimos en algunos casos abusen de lo chillón y estrafalario. La música de la “suite” de Mendelssohn, muy bien grabada, presta su encanto y su sugestión a diversos pasajes de este agradable espectáculo.

Fuente: Diario “Clarín”.

Fecha: 20 de diciembre de 1968

“EL SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO”: VERSIÓN DIGNA PERO CON ESCASA MAGIA, EN CAMINITO

El teatro Caminito de la Boca, luego de una impasse determinada por la permanencia de su creador y director, Cecilio Madanes, en Europa, volvió a la actividad con una versión de “El sueño de una noche de verano”, de Shakespeare, traducida por Manuel Mujica Láinez y Guillermo Whitelow, sobre la adaptación de Georges Neveux. El espectáculo -que tiene música de Mendelssohn– es una prueba más de la seriedad y gran despliegue de elementos con que Madanes elabora su trabajo, pero le faltan la magia, el encanto suficiente como para atrapar al espectador, cuya adhesión emotiva no se consigue sino en forma esporádica. Muy buena la concepción escenográfica de Madanes, excelente el vestuario de Claudio Segovia y Pablo Mesejean – Delia Cancela.

Estrenada, presumiblemente en 1592, “El sueño de una noche de verano” es una de las primeras producciones de Shakespeare y también de las más singulares. En ella, el genial poeta entra de lleno en el mundo misterioso de la hechicería, ubicando la acción en la noche anterior al solsticio de verano, noche que en el siglo XVI era considerada en Inglaterra como mágica, durante la cual los personajes fantásticos combatían para apoderarse de ciertos vegetales que tenían la propiedad de tornarlos invisibles. Se dice que también el pueblo se entregaba a extraños y secretos ritos. En este marco lleno de rara sugestión, Shakespeare hace jugar un drama con final feliz, una historia de enredos y equívocos donde el amor –cuya volubilidad aparece representada en el duende Puck – es solo el instrumento dócil de un geniecillo travieso. Así, dos parejas se ven envueltas en confusas y siempre cambiantes situaciones según el capricho o las equivocaciones de Puck, y la Reina de las Hadas, Titania, se enamora perdidamente de un comicastro cuya cabeza se ha convertido en la de un burro. Verdadero prodigio de belleza y fantasía aunque la coreografía esté lograda, el texto tenga fondo musical de Mendelssohn, y la traducción sea, como en este caso, fluida y accesible. Porque pese a su encanto, la anécdota resulta trivial y muchos pasajes de la obra carecen de auténtico interés  para el espectador de hoy.

Por todo ello, poner en escena “El sueño…” y conseguir que todo su etéreo contenido prenda en la platea exige un tratamiento rayano en la perfección. La puesta de Caminito, cuidadosa y exacta en la ambientación – donde la coreografía de María Fux, el vestuario de Pablo Mesejean y Delia Cancela y la escenografía de acrílico diseñada por Madanes, supervisada por Lumaldo y realizada por Araceli Vázquez Málaga, alcanzan elevado nivel, carece del “ángel”, de la magia suficiente como para que las delicadas vibraciones que se desprenden de la fábula encuentren  campo receptivo en el público.

Así, el espectáculo fue recibido con cierta frialdad, sin el entusiasmo que suelen suscitar las manifestaciones escénicas ofrecidas en el pintoresco teatro de la Boca.

Justo es señalar que tampoco el elenco en general estuvo del todo a la altura de tan riesgoso compromiso. Osvaldo Terranova muy gracioso en el tejedor Ovillo – luego el Piramo de la grotesca representación que el grupo de cómicos ofrece del antiguo relato “Piramo y Tisbe” – ; María Elena Sagrera, segura y cálida en Helena, Natacha Nohani, convincente es su Hermia; Edda Diaz, muy suelta y chispeante en Puck (aunque debiera cambiar o pulir sus registros vocales, algo chocantes); Natalio Hoxman, bien en Filóstrato; Juan Carlos Palma, digno pero algo engolado animando al Rey Teseo; Juan Carlos Galván, justo y sobrio en Oberón; Eva Dongé, aceptable en Titania; Antonio Gasalla eficaz en la parodia final; Victor Fasari, vigoroso en Demetrio y Zelmar Gueñol en Egeo, fueron los mejores. Son los otros, Enrique Liporace, muy flojo en Lisandro, Esther Vázquez – perjudicada su figura por una peluca molieresca que la ridiculiza – Rogelio Romano, Oscar Espíndola, Juan Ángel Vozza, Carlos Fioritti (esta vez sin un papel que le permitiera poner en juego sus probados recursos), Ana Vázquez, Puchi Toledo, Nancy Tuñón, Monica Audras, Delia Castañé y Gloria Jaisen.

Las continuadas lluvias que precedieron al estreno impidieron una ajustada coordinación de las luces, las cuales fueron manejadas con vacilaciones en la primera función.

Medio: Desconocido

Fecha de Publicación: 16 de Enero de 1969

FILIBERTO SALUDA A PUCK

La magia de Shakespeare en una calle con nombre de Tango

ROGELIO ROMANO (Cartabón, carpintero), OSVALDO TERRANOVA (Ovillo, tejedor), OSCAR ESPÍNDOLA (Malcomido, sastre), JUAN ANGEL VOZZA (Narizotas, calderero)  y CARLOS FIORITI (Berbiqui, ebanista) son quienes animarán sobre el final -junto a ANTONIO GASALLA (Flauta, remendón de fuelles)- la parodia de “Píramo y Tisbe”.

EVA DONGÉ (Titania, Reina de las Hadas), JUAN CARLOS GALVÁN (Oberón, Rey de los Genios) y EDDA DÍAZ (Puck, gnomo) conjuran a los genios del bosque.

Hipólita, Reina de las Amazonas (ESTHER VELAZQUEZ)  y Teseo, Duque de Atenas (JUAN CARLOS PALMA).

ANUARIO 1969

Neil Armstrong pisa suelo lunar.Golda Meir se convierte en la primera ministra de Israel.Se casan John Lennon y Yoko Ono. Jackie Stewart se consagra campeón del mundo de Fórmula 1. David Bowie lanza su disco: “Space Oddity”. Samuel Beckett recibe el Premio Nobel. Costa-Gravas dirige el film “Z”. Manuel Puig publica “Boquitas pintadas”. La revista “Primera Plana” es clausurada por el Gobierno de Onganía. Dustin Hoffman y Jon Voight protagonizan “Perdidos en la noche”. Se estrena “Butch Cassidy and the Sundance Kid” con Paul Newman y Robert Redford. “La Familia Falcon” programa de TV escrito por Hugo Moser. Muere Lola Membrives. El descontento popular toma las calles, ocurre El Rosariazo. Se estrena “Tommy”, ópera-rock del grupo The Who.

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